Por Crístian Ramón Verduc
16/12/2010
Viejo Río Dulce, sabedor de amores…

“Viejo Río Dulce, sabedor de amores…” le dice Felipe Rojas al Mishqui Mayu, el río que discurre mansamente por gran parte de nuestra provincia llevando agua en forma directa o indirecta hacia vastas regiones. Sus aguas fluyen con calma durante casi todo el año. La marcha del río hacia el Sur puede tornarse fuerte e impetuosa si el embalse de Río Hondo se llena y sigue recibiendo mucho aporte de los ríos tucumanos. Una temporada de lluvia abundante en la provincia vecina puede provocar una fuerte derivación de agua desde la presa Río Hondo, con las consecuentes inundaciones en el sur de nuestra provincia y gran entrada de caudal hacia la laguna Mar Chiquita en la provincia de Córdoba.

Desde la nueva Costanera y la zona parquizada frente a la ciudad de Santiago, podemos contemplar al Mishqui Mayu y su manso andar de río de llanura. En esta época calurosa y de caudal escaso, hay gente que entra a solazarse en las aguas incluso de noche. Pero no siempre fue así; el romance entre la ciudad de Santiago y el Río Dulce tiene una historia que se puede evocar aunque sea parcialmente.

En el invierno, cuando escaseaban las lluvias, el lecho era un arenal. La vida acuática continuaba gracias a los esteros o a los “pozos” del río. En casos de sequía extrema, los refugios para los seres fluviales eran la Laguna Mar Chiquita, Laguna de los Patos, Laguna de los Porongos y otras lagunas menores.

Al llegar la Primavera, los deshielos en las montañas hacían fluir nuevas aguas por el cauce sediento. Con las lluvias estivales, las crecidas entraban a la ciudad hasta muy cerca del centro de la ciudad. Hasta hace poco tiempo quedaban casas con veredas altas como testimonio de aquellas invasiones del río.

En 1.929 comenzó la construcción de la Costanera. Durante dos décadas, Santiago del Estero fue testigo de la formación del terraplén, la construcción de espigones, la colocación de pilotes, la compactación y pavimentación de la Avenida Costanera. Esta importante obra protegía a la ciudad contra las grandes crecientes, que luego avanzarían tierra adentro solamente después de la Avenida Alsina, donde termina la Costanera.

Un artificio para contener la fuerza de la correntada eran las “patas de gallo”, jaulas de tela metálica llenas de grandes piedras con las que se formaban líneas defensivas destinadas a desviar “el golpe” del agua. Tres troncos unidos en un extremo daban a la pata de gallo la forma de un tetraedro. El otro extremo de cada tronco terminaba en punta, permitiendo que la base de esa pirámide triangular se clavase en el suelo. La altura de las patas de gallo dependía del tamaño de los palos con que estaban hechas, pudiendo medir tres o cinco metros, o más. Algunas veces, la fuerza del río crecido hacía rodar las patas de gallo, aunque lo habitual era que cumpliesen acabadamente con su función de defender la margen derecha del cauce.

“De La Banda hasta Santiago, hay un puente que cruzar,” dice la chacarera De Mis Pagos, por que durante más de cuatro décadas el único puente en esta parte del Río Dulce fue el Puente Negro.

Hasta la construcción de este puente ferroviario, al río crecido se lo cruzaba en botes de madera de fondo plano, botes de fabricación artesanal impulsados con una pértiga o a remo, según la profundidad del río. Esos botes podían cargar una docena de personas con equipaje y remolcar por las varas a sulkys y a otros carruajes menores. Los caballos nadaban llevados de la rienda desde los botes o guiados por expertos nadadores.

Mucha gente se aventuraba a cruzar caminando sobre los durmientes de quebracho del Puente Negro, por eso la advertencia de Julio Argentino Jerez para no beber mucho (“…por que puede resbalar”).

En 1.927 comenzó a funcionar el que llamamos Puente Carretero, denominación popular que seguramente responde a la gran necesidad que venía a satisfacer. Era como si el pueblo ignorase la línea férrea de trocha angosta del puente ferrovial. Hoy el puente es carretero y peatonal, dotado de estética, funcionalidad y seguridad. Tiene el nombre del ex Presidente de la Nación Hipólito Irigoyen, pero popularmente sigue siendo llamado Puente Carretero, seguramente por que este nombre rima con viajero y con el folclore nuestro.

Durante la cuarta década del siglo XX, unos 20 kilómetros aguas arriba, en la localidad Los Quiroga, fue construído el dique nivelador que dio origen a un formidable sistema de riego para el desarrollo de zonas agrícolas. El dique de Los Quiroga y su sistema de canales son una bendición para campos santiagueños. En ocasiones Los Quiroga deriva para el sistema de riego más agua que para el río.

En la década de 1.960 fue construido el Dique Frontal de Río Hondo. Esa monumental obra permitió regular casi completamente el caudal del Río Dulce. Ahora hay agua todo el año y las crecientes mas fuertes no alcanzan la magnitud que tenían las habituales de antes.

Pocos años después de formado el lago de Río Hondo, parecería ser que los estudiosos descubrieron que el material contenido en agua estancada se pudre con facilidad, que la población soltaba sus desechos al río y que las industrias son contaminantes.

Desde los años ’70 tenemos el Puente San Francisco Solano, conocido popularmente como Puente Nuevo, con un aspecto simple y moderno si lo comparamos con el Puente Carretero. El Puente Nuevo forma parte de un conjunto de mejoras urbanas en ambas márgenes del río, entre Santiago y La Banda.

Con sus arenales, con sus sauces, con sus garzas, ochoghos, chorlitos y peces, con sus aguas claras o turbias, con su profundidad variable, con todos sus encantos, el Río Dulce cautiva a santiagueños y visitantes. La nueva Costanera de Santiago, la de Las Termas de Río Hondo, la futura Costanera de La Banda, los puentes en distintos puntos de la provincia, hacen que el Mishqui Mayu conviva con la vida urbana.

El Río Dulce, corriendo lento o veloz, calmo o turbulento, es una bella y vigorosa representación del fluír de la vida, que lleva una canción en su despedida.

16 de Diciembre de 2.010.

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