Por Crístian Ramón Verduc
05/07/2011
¿Puede cualquier pueblo ser libre?

¿Puede cualquier pueblo ser libre? Debería ser así, eso sería lo correcto en un mundo de gente con valores morales altos. Pero en un mundo de desigualdades marcadas, parece ser que las opciones son básicamente dos: sojuzgar o ser sojuzgado.

En lo que ha llegado hasta el presente de la historia de nuestro continente, podemos encontrar cómo unos pueblos han llevado a otros los beneficios de su progreso. Cuando esos otros pueblos menos tecnificados aceptaban someterse al poderoso, debían ponerse a trabajar duro para sostener el sistema mientras comenzaban a llegarle las bondades del nuevo modo de vida. Si un pueblo no se doblegaba, comenzaba una guerra de invasión que generalmente concluía en lo que debía haber ocurrido por las buenas: la dominación del poderoso sobre el menos fuerte. Por otra parte, había luchas internas por el poder para manejar los enormes recursos en manos de unos pocos encumbrados. Nada muy diferente a los otros continentes.

Así, entre dominantes y dominados, iba transcurriendo la vida en nuestras tierras. Esta situación produjo en los dominados el anhelo de que alguien llegase desde tierras lejanas para librarlos de sus cadenas. Vana ilusión.

Un día llegaron los europeos a nuestro continente. Fueron recibidos con curiosidad por algunos, con hostilidad por otros y con esperanza por muchos. Esos esperanzados en que la llegada de gente extraña los liberaría, colaboraron voluntariamente en las invasiones, para comprobar años después que solamente había cambiado quien blandía el látigo, pero que el castigo era igual o peor.

Bajo la ley del más fuerte, nuestros pagos se vieron gradualmente invadidos y presenciaron la aparición de nuevos caseríos. En lo que ahora es territorio argentino los nuevos habitantes eran españoles.

La primera ciudad argentina que sobrevivió hasta el presente desde su fundación defitiniva por los conquistadores españoles es Santiago del Estero. Desde nuestra ciudad salieron expediciones que fundaron otras ciudades, muchas de las cuales continúan existiendo hasta nuestros días. Una de ellas es San Fernando del Valle de Catamarca, fundada por Fernando Mate de Luna. Hoy, cinco de Julio, nuestros hermanos catamarqueños celebran el 328 aniversario de la fundación de su ciudad capital.

También como consecuencia de la existencia de Santiago del Estero, Jerónimo Luis de Cabrera fundó la ciudad de Córdoba el 6 de Julio de 1.573. Construida a orillas del Río Suquía, en tierras de los Comechingones, con el paso de los siglos Córdoba pasó a ser una de las principales ciudades de nuestro país, capital de una de las provincias más ricas en varios sentidos. Desde Santiago del Estero saludamos a los hermanos cordobeses por el aniversario de su ciudad.

Las invasiones europeas al continente americano tienen una historia muy compleja que abarca los poco más de cinco siglos que han pasado desde la llegada de Cristóbal Colón y la tripulación de las tres carabelas. En todo el continente hubo luchas entre los invasores y los invadidos, además de disputas armadas entre los propios invasores, incluso los de igual nacionalidad. Cuando las peleas entre países europeos debilitaron a España, fue la ocasión propicia para que Inglaterra apareciese como símbolo de la libertad y esperanza para algunos soñadores criollos, que posiblemente creían que un país esencialmente saqueador se contentaría con vernos libres e independientes para poder comerciar con ellos. Uno puede llegar a dudar de que ciertos próceres americanos verdaderamente fuesen tan cándidos, pero una cosa es leer la historia desde lejos en el tiempo y con una visión mas o menos global, y otra muy distinta es estar dentro de una realidad hirviente, donde los engaños y la desinformación estaban a la orden del día.

El venezolano Francisco de Miranda había asegurado a las autoridades británicas que los pueblos americanos los recibirían de brazos abiertos para desplazar a las autoridades españolas a cambio de un comercio libre que favorecería a la industrializada Inglaterra.

El rechazo del pueblo de Buenos Aires en 1.806 debe de haber caído en los ingleses como un balde de agua fría, o como aceite hirviendo, pues la información que habían recibido, aparentemente era otra. Hay algo que suele ocurrir en algunos de los pueblos sojuzgados: Reniegan de su opresor, pero no aceptan la invasión de ningún salvador. La ayuda es bienvenida cuando no es invasiva. Eso cuenta incluso en el trato entre individuos.

Después del intento de 1.806 y la Reconquista por parte de los criollos, los ingleses han quedado rondando el Río de la Plata, aplicando sus tantas veces practicadas técnicas navales de bloqueo y comerciales consistentes en crear la necesidad de sus manufacturas en los ambiciosos comerciantes portuarios de ambas orillas del gran río, para entrar en las ciudades con el permiso de las autoridades, o con la aceptación del pueblo, o por medio del contrabando o por la fuerza de las armas.

Algunos de los criollos que esperaban a los ingleses como salvadores, facilitaron la fuga de los jefes británicos Beresford y Pack, prisioneros desde la primera invasión. Visto así nomás, el hecho parece una traición, pero hay que analizar bien aquellas acciones para poder llegar a conclusiones que pueden ser tantas como analistas intervengan.

Después de incursionar por la Banda Oriental del Uruguay, las tropas británicas invadieron nuevamente la ciudad de Buenos Aires, esta vez con mayores fuerzas que en la invasión anterior, pero se encontraron con una Defensa más fuerte por parte de las fuerzas armadas y milicas populares y debieron rendir armas el 7 de Julio de 1.807.

En 1.833, la Corona Británica decidió reusurpar los territorios que ya habían sido usurpados y oportunamente devueltos de las Islas Malvinas.

Gran Bretaña fogoneó la tristemente famosa Guerra de la Triple Alianza (1.864 – 1.870), con fatídicas consecuencias para la región, que llegan al presente.

Una de las visiones de la historia argentina interpreta que hubo una invasión española a los territorios americanos a partir de 1.492, y luego hubo invasiones de otros países europeos. En el territorio argentino, los primeros españoles llegaron en 1.516, mientras que la invasión inglesa comenzó en forma gradual antes de 1.800 y aún perdura.

Está difícil de conseguir la liberación política o la liberación económica. Se puede observar en las ciudades que conocemos cómo el idioma y los intereses monetarios de Inglaterra y sus aliados invaden la vida de los pagos sudamericanos, en gran parte apoyados por muchos de los propios criollos, esperanzados por una supuesta salvación o progreso que obligatoriamente debe venir desde tierras lejanas.

Es responsabilidad nuestra liberarnos culturalmente, afianzarnos en nuestros valores criollos, informarnos ampliamente, formar nuestro criterio y alentar a los jóvenes para que asuman su condición de argentinos y sudamericanos. Hay que empezar a obrar de tal modo que no caigamos en la necesidad de que nos salven desde afuera, pues ya hemos sido invadidos y deberíamos saber que no es ésa la solución.

05 de Julio de 2.011.

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