Por Crístian Ramón Verduc
08/04/2014
¡Albricias, albricias! Suele ser la exclamación de alegría de la gente...

¡Albricias, albricias! Suele ser la exclamación de alegría de la gente educada a la usanza “de antes”, tanto en el campo como en la ciudad. En Santiago del Estero y otras provincias del Noroeste Argentino aún se usan algunas expresiones castellanas que en otras zonas del país fueron dejadas de lado. 

Ésta y otras exclamaciones jubilosas se escucharon o leyeron hace pocos días, al saberse que el Ciclo 2.014 de la audición radial del Alero Quichua Santiagueño por fin comenzaría. No ha sido el primer Domingo de Marzo, como esperábamos los oyentes, pero ha comenzado, que no es poco. 

El entusiasmo y la expectativa se han puesto en evidencia al comienzo nomás de la audición, cuando Rubén Palavecino anunció que una gran cantidad de gente se había hecho presente en el auditorio Sixto Palavecino de Radio Nacional, unos para presenciar el programa y otros para participar activamente desde el canto y la música.
Así comenzó por fin, el ciclo que llevará el nombre de Sixto Palavecino, en homenaje al mayor difusor del canto quichua en nuestro país, además de ideólogo y formador del primer grupo del Alero Quichua Santiagueño. El Domingo 06 de Abril salió al aire nuevamente nuestro Alero, con una audición linda, concurrida y dinámica. Es motivo de alegría. 

Pocos días antes, ocurrió un hecho nefasto a escasas dos leguas del auditorio donde se celebrarán los encuentros quichuistas cada Domingo del año. En la calle San Carlos, número 176 del Barrio Centro de la ciudad de La Banda, está ubicada la casa del Profesor Doctor Domingo Bravo. Sus hijos, cuidando cada uno de sus propias obligaciones, viven cada uno en su propia casa; por eso, el que fuera domicilio del Profesor Bravo estaba sin habitar. 

Si el ser humano no fuese enemigo del propio ser humano, se podría dejar cualquier bien particular en cualquier lugar para buscarlo tiempo después, sabiendo que nadie va a llevar ni usar lo que no le pertenece. Eso sería lo humanamente esperable, pero la realidad no es así, pues tenemos que desperdiciar gran parte de nuestra vida enrejando nuestras casas, colocando cadenas, candados y tomando todo tipo de precaución para evitar robos y daños. 

El hecho es que alguien entró por la fuerza en la deshabitada casa del extinto prócer de la cultura santiagueña y, además de robar, prendió fuego a una valiosísima cantidad de libros y manuscritos del Profesor Domingo Bravo.
La comunidad santiagueña se mostró sorprendida e indignada, pues entrar a robar en la casa de alguien que es motivo de orgullo para todos nosotros, es totalmente incomprensible. Los santiagueños esperamos que esta vez las investigaciones policiales den resultado, para saber qué motivó al ladrón o los ladrones para robar en esa casa y además provocar un incendio con daños incalculables. 

Lo bueno de esta mala noticia es que la comunidad del quichua santiagueño se está manifestando y generando una movilización que, si Tata Yaya lo permite, va a dar como resultado la creación de un museo dedicado al Profesor Domingo Bravo, el mayor investigador y docente del quichua santiagueño y uno de los horcones iniciales de nuestro Alero. 

Hoy es ocho de Abril, aniversario del barrio del mismo nombre en la ciudad de Santiago del Estero. Seguramente ha de haber una gran fiesta. Músicos, cantores y bailarines no le faltan al Barrio 8 de Abril, barrio criollo por excelencia y nombrado en temas musicales folclóricos. 

Prestamos especial atención al día 8 de Abril por que también es aniversario del nacimiento de uno de los grandes músicos folclóricos de nuestra provincia: Don Guillermo González. Nació el 8 de Abril de 1.897 en Silípica, unos 35 Km al Sur de la ciudad de Santiago del Estero, a unos pocos kilómetros de la localidad de Simbol, como quien uno va hacia el Río Dulce desde la Ruta Nacional 9. 

Desde chiquito, Guilli González se interesó por la música más que por cualquier otra cosa, incluso la instrucción escolar; por tal motivo, en su infancia no aprendió a leer y escribir pero sí a gustar de la música. Primero se interesó por el violín, pero al entrar en la escuela primaria cambió por el bandoneón, instrumento que en poco tiempo aprendió a tocar con maestría. Fue animador de las fiestas patronales de su pueblo en honor a la Virgen de Monserrat y de fiestas varias en distintos lugares de la provincia, donde supo andar junto a Don Andrés Chazarreta o Atahualpa Yupanqui, entre otros cultores de la música criolla. No es de extrañarse que una persona sin alfabetizar sea sin embargo “buena para los números”, como lo era Guillermo González. Además, hay una relación cercana entre las Matemáticas y la Música, por lo que un músico intuitivo sería también un matemático intuitivo. 

Pero su vida no era la de un músico profesional, pues debía trabajar como cualquier hijo de vecino en el campo, en las tareas rurales de labranza de la tierra. La música era su forma de “sobar el alma”, como decía Atahualpa Yupanqui; eventualmente salía con alguien a tocar en algún acontecimiento cercano o en otros pagos.
Se casó en 1.918 y pronto vinieron los hijos, pero esta nueva realidad no le impidió seguir tocando en cuanta fiesta fuese convocado. Además, en esos años a los músicos se les pagaba para hacer bailar a los concurrentes durante horas y horas, en fiestas sin música grabada. 

Del bandoneón acunado sobre las piernas, fueron saliendo melodías que entraban en su instrumento en forma de aire silipiquero cada vez que estiraba el fuelle, para luego salir como nuevas creaciones y enriquecer el folclore nacional. Nacieron así las melodías de Quiero Verte Contenta, Pa’ que Baile Don Basilio, No te Disgustes por Eso, Jardín de mi Rancho y, entre muchos otros temas musicales más, el difundido escondido Sacha Puma, que fuera grabado por Atahualpa Yupanqui, Los Chalchaleros, El Chango Nieto y otras figuras nacionales del folclore.
La música de este escondido es de Don Guillermo González, mientras que la letra ha sido agregada por Oscar Valles. A la airosa melodía, se le ha agregado una letra acorde con los recuerdos de un santiagueño, pues habla de la gente, de los animales del monte, de la escuela primaria, a la que muchos llamaban (y llaman) “la piupiú”, posiblemente por comparar a los pequeños alumnos con pollitos. También menciona distintos lugares de nuestra provincia. El detalle de que su nombre no responda exactamente a una definición quichua, pasa a segundo plano por la alegría musical de esta pieza folclórica que ya forma parte del repertorio tradicional. 

No está de más aclarar que cuando el quichuista dice “sacha mishi” está diciendo “gato del monte”, sacha cuchi significa chancho del monte, sacha pollo es una ave considerada pollo montaraz. Es decir que se antepone sacha para hacer saber que es del monte algo que podría ser también doméstico. No es el caso del puma, que siempre es montaraz, salvaje. 

En 1.971, Don Guilli González se fue a vivir en casa de una de sus hijas en Avellaneda, provincia de Buenos Aires. Con 84 u 85 años de edad, se dispuso a aprender a leer y escribir en un club de barrio, y consiguió alfabetizarse. A los noventa años de edad dejó de tocar el bandoneón, instrumento que requiere cierto esfuerzo físico y mucha concentración. Seis años después de haber dejado de tocar, falleció en Avellaneda el 17 de Octubre de 1.993. 

¿Podemos decir “albricias” por todos estos hechos? Si es por la vida prolífica de Don Guillermo González, sí. Si es por el comienzo (aunque tardío) del ciclo radial del Alero Quichua, también. Si tenemos que evaluar lo acontecido en la casa del Profesor Domingo Bravo, acabaremos formulándonos el firme propósito de que el quichua santiagueño no sea robado ni quemado nunca más, sino que a partir de ahora crecerá a un ritmo mayor, como desagravio al Profesor Bravo. Así podremos exclamar: ¡Cusicuychis, alegrémonos! ¡Albricias, albricias! 

08 de Abril de 2.014.

Un agradecimiento a Mirta Mabel González, quien proporcionó los datos referidos a su abuelo, el músico Guillermo González.

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La audición radial se caracteriza por su espontaneidad, no se elabora un libreto en razón de que el programa se hace en vivo con la participación del público que se hace presente en el Salón Auditorium.
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