Por Crístian Ramón Verduc
13/01/2015
Lo que pinta este pincel, ni el tiempo lo ha de borrar...

"Lo que pinta este pincel, ni el tiempo lo ha de borrar..." dice Martín Fierro en los comienzos de su relato, anunciando que lo suyo sería inolvidable.

Algunos dicen que a las palabras las lleva el viento; claro que eso depende de la memoria de quien dijo y de quien escuchó tales palabras. Para mucha gente, una promesa sellada con un apretón de manos tiene más valor que un documento escrito y firmado. Como no es toda la gente la que piensa y actúa así, es que hay quienes confían más en un papel escrito que en la palabra empeñada.

Si uno relata una imagen, un paisaje o un acontecimiento, el oyente puede formarse una idea mas o menos clara de lo que le estamos contando; pero si se lo pintamos en una tela, aumenta la nitidez del relato y la posibilidad de que el mismo perdure en el tiempo. Un ejemplo claro son las pinturas en piedra (pinturas rupestres) que existen desde tiempos inmemoriales en distintos lugares del mundo.

Como el relato de José Hernández, protagonizado por el gaucho Martín Fierro, estaba escrito, impreso y con grandes posibilidades de calar hondo en el sentimiento paisano, el autor se arriesgó a decir que su poema gauchesco no sería borrado ni por el tiempo.

Hay temas musicales que en algún momento han sido creados por una inquietud íntima, sin pretensiones en cuanto a fama, pero la calidad de los mismos los han llevado en un viaje por el tiempo hasta que un recopilador los tomó, pasó al pentagrama y dio a conocer. Ahora, con la relativa facilidad para grabar música y videos, es más fácil que las creaciones de músicos y poetas se conviertan en el equivalente a pinturas indelebles.

Los libros, de por sí son documentos destinados a perdurar, dependiendo ello de ciertos factores. Un libro o cualquier publicación impresa puede ser destruida por la humedad, por el fuego, por el paso del tiempo, etc. También puede sorprendernos después un coleccionista u otra persona cuidadosa, avisando que tiene ejemplares de tal publicación.

Cuando una grabación o escrito reciben la aceptación de una gran cantidad de gente, se multiplica la cantidad de ejemplares que estarán a buen resguardo. La aceptación va de la mano con la calidad de lo grabado o escrito, aunque es mas acertado decir "aceptación" para significar que algo gustó a la mayoría de la gente.

Un escrito o una grabación serán útiles para quienes quieren aprender. Un disco y un libro guardan cierta similitud, pues ambos son elaborados con un cierto tiempo de preparación y quedan a disposición de quien quiera escuchar o leer. En esos libros, revistas, diarios, discos u otro tipo de grabación, quedarán plasmadas las expresiones de personas que se tomaron el trabajo de aprender, prepararse bien y luego escribir o grabar.

Lo esperable es que quien escribe o graba busque la excelencia; que procure brindar al presente y a la posteridad algo muy bien hecho, para que sirva como guía para quienes disfruten de su obra. Según parece, la perfección no existe en las acciones humanas, pero sí es un buen objetivo hacia el cual apuntar cuando se hace algo. El apuro no es aliado de la excelencia y suele jugarnos malas pasadas. Sin prisa y sin pausa, debemos evitar los apresuramientos para hacer lo importante que no es urgente.

El que hace algo, corre el riesgo de equivocarse; quien no hace nada, está en equivocación permanente, por que venimos al mundo para realizaciones y no para pasividades. De todos modos, es posible que no exista quien no hace absolutamente nada. Cada uno vamos dejando una huella en la vida, por simple y breve que ella sea.

Quien no escribe pero lee, tiene todo el derecho de criticar la obra de quien escribe. Lo mismo vale para las grabaciones. Quien no desea recibir críticas, no debe dar a conocer su obra, así estará libre de críticas justas o crueles y de reconocimientos justos o adulones. No es fácil lidiar con todo esto, pero es parte de lo esperable por hacer algo trascendente.

Por inexperiencia, por escasez de conocimientos, por falta asesoramiento o por revisación insuficiente, uno comete erores u omisiones, y esas fallas van quedando. Si tales fallas darían lugar solamente a críticas, no sería un problema mayor. Lo malo es que, probablemente, en el futuro haya gente que utilice nuestra publicación o grabación como fuente de información y, si esa información es errónea, el error se repetirá.

En nuestro tema específico, que es el quichua de Santiago del Estero, debemos ser muy cuidadosos para publicar grabaciones o escritos, pues corremos el riesgo de estar diseminando errores que enrarecerían aún más a nuestro vapuleado idioma. Es difícil determinar cuáles hablantes están bien encaminados y quiénes están equivocados, pues nuestro quichua ha sido invadido por el castellano primero y por la confusión después. Tendremos que seguir buscando las coincidencias entre los quichuistas y de ellos con las publicaciones de los docentes del quichua (yachachejcuna). Llegado el caso, tal vez sería válido consultar con gente confiable del Perú, de donde alguna vez partió la lengua quichua hacia distintas regiones de América del Sur. No es necesario atropellar al hablante santiagueño imponiéndole vocablos peruanos, sino que deberíamos ir despejando dudas donde las hubiere.

En general, para el canto quichua o en castellano, para escribir en quichua o en castellano, es necesario que estemos muy atentos, pues nadie está libre de incurrir en fallas. Por otra parte, el oyente o el lector debe estar también atento para encontrar las fallas y tomar solamente lo que considera correcto de cada documento escrito o grabado. Este ejercicio nos permitirá desarrollarnos más a nosotros mismos, lo que permitirá que los futuros oyentes o lectores tengan un panorama más claro y puedan producir mejores escritos o grabaciones. Cada generación debe ser mejor que las anteriores; es lo naturalmente esperable para bien de la Humanidad misma.

Cada día seamos más atentos, estemos más alertas. Cada día seamos mejores y mejoraremos el pedazo de mundo en que vivimos. Así contribuiremos a mejorar el mundo.

Nuestra misión a la sombra de este Alero es la de bregar por el quichua santiagueño. ¡Acuish, ñauckeman! ¡Vamos, aelante! Que sea de la mejor manera que nos salga a cada uno y con deseos de mejorar. Que nuestro pincel no pinte equivocado.

13 de Enero de 2.015.

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