Por Crístian Ramón Verduc
03/02/2015
Gatito silipiquero, lindo pa’ bailar. Lo mismo que Sol de Enero, parece quemar.

“Gatito silipiquero, lindo pa’ bailar. Lo mismo que Sol de Enero, parece quemar.” Cantaba Negrita Ledesma en un Domingo de Alero Quichua por Radio Nacional. Este hermoso gato de Juan Carlos Carabajal y Orlando Gerez relata parte de la vida en Villa Silípica, antigua e histórica población ubicada en el departamento del mismo nombre. 

También dice: “Si toca Guillo González… ¿qué puede faltar?” en memoria de uno de sus grandes músicos: Guillermo González, prolífico autor silipiquero. 

“A la fiesta de la Virgen nadie ha de faltar.” Es verdad, quien haya ido alguna vez a la fiesta de la Virgen de Monserrat, habrá percibido que todos los habitantes de la Villa se involucran y participan en la fiesta patronal. Quien conoce la cantidad de pobladores, se da cuenta de que en la fiesta hay mucha más gente que esa cantidad. Dice Juan Carlos Carabajal en su gato: “Paisanos de todas partes, se saben juntar. A la Virgen milagrosa quieren homenajear.” Es verdad, pues se ve gente de la región y de lugares lejanos, como la capital provincial y otros venidos de Buenos Aires, todos afanosos por llegar hasta la imagen. 

“Bien alegre va la gente, bien montados los jinetes.” Para concurrir al día de la fiesta de la Virgen, hay que ir con la mejor ropa, montado en el mejor caballo, con los mejores arreos. No es ostentación; es respeto por la imagen, por la Iglesia, por los vecinos, por los visitantes y por la celebración misma. No es cuestión de ir así nomás, sin prepararse, como si uno fuese un turista curioso nomás. 

“Entre el ruido de los cuetes sale la procesión” temprano nomás el día dos de Febrero. Muy temprano en la mañana de este Lunes fue celebrada la misa y después salió la procesión por detrás de la sagrada imagen.
“Si en casa de los Ledesma se oye un bandoneón, es seguro que en la fiesta la gente muy animada ha de estar como si nada casi hasta el aclarar.” Mucha gente hizo vigilia durante la noche anterior, esperando al son de guitarras, bombo, violín, bandoneón, caja vidalera, cantando y conversando. 

Este año, el dos de Febrero ha sido día Lunes. Los vecinos de Villa Silípica, al igual que los de campos y pueblos vecinos, son agricultores que no siguen la rutina ciudadana, en la que tendrían que descansar durante el fin de semana y volver al trabajo el Lunes. La agricultura y ganadería no conoce fines de semana ni feriados, sino que su gente se organiza para no parar de trabajar ningún día del año y aún así participar en las fiestas tradicionales, especialmente las religiosas. 

Si uno vive en la ciudad de Santiago del Estero, para llegar a Villa Silípica puede hacerlo de distintas maneras. La más fácil y direta sería con vehículo propio. Para ello, sale hacia el Sur por la Avenida Belgrano, pasa por El Zanjón, Yanda, Santa María, La Abrita, Árraga y llega a Simbol. En la escuela de Simbol, entra hacia la izquierda por la ruta enripiada y avanza unos seis kilómetros, sin apurarse demasiado para no mandar tierra a las casas vecinas de la ruta y por posibles animales sueltos. 

Si uno va en ómnibus, puede viajar en el que va dos veces por día hasta Sumamao y bajarse directamente en Villa Silípica después de haber pasado por los lugares mencionados. De Silípica, ese colectivo sigue hacia Sumamao por una ruta interna enripiada. También puede tomar un ómnibus de línea o alguno de los vehículos utilitarios que hacen el servicio hacia Loreto, para bajarse en Simbol. El vehículo seguirá hacia el Sur hasta llegar a Loreto, distante poco más de veinte kilómetros de Simbol. 

Cuando uno se ha bajado en Simbol, si es día de fiesta patronal, encontrará automóviles, camionetas y sulkys prontos para llevar pasajeros hasta la Villa por un precio bastante bajo. Entonces podrá disfrutar del paisaje de monte que por trechos quiere avanzar sobre la polvorienta ruta. De vez en cuando aparecerá una casa, con su represa, que en estos días está quishqui (muy llena, repleta) de agua, un poco más allá se verá un sembrado.
Así, mirando el paisaje y a la espera de ver cruzar algún zorro, algún zorrino, algún ckoy (cuis) u otro animalito silvestre, se encontrará con gran espacio abierto, que hace las veces de plaza y cancha, enfrente de la iglesia del pueblo. Antes habrá pasado ante un cartel que da la bienvenida y una inscripción en un muro con el mismo mensaje amable. 

Si es dos de Febrero y llega temprano, al amanecer, verá que en la iglesia comienza o está por comenzar la misa. Las dos campanas del templo tañen anunciando el oficio religioso. Una vez terminada la misa, los fieles y el párroco sacan la imagen de la Virgen de Monserrat en procesión. A la sombra de los árboles, caballos de montar y los de tiro de los sulkys esperan pacientemente, paciendo. 

Después de la procesión, la gente se divide: Unos vuelven a su casa, otros van a ver la feria de artesanías, otros van debajo de la gran carpa que reemplaza a los antiguos ramadones y se disponen a compartir comida y bebida; otros, venidos de otros pueblos, ciudades o parajes, aprovecharán para visitar amigos residentes en la Villa.
Muchos están desde la noche anterior, haciendo vigilia al son de los instrumentos musicales y el canto criollo, al calor de fogones y conversación amable. Llegaron desde los pueblos vecinos y algunos desde Buenos Aires. Para el silipiquero, el 2 de Febrero y su novena son el acontecimiento esperado durante todo el año. 

Tradicionalmente, la novena comienza el 2 de Febrero y termina el día 10. Durante ese tiempo, celebran misa por la mañana y por la tarde el Salve. En los últimos tres años, por razones que ya están resueltas, la novena comenzaba el día 24 de Enero, para terminar el dos de Febrero. La comunidad está contenta con la vuelta a la antigua costumbre. 

Después del oficio religioso, hay música, canto, alegría por los reencuentros, mesas compartidas, vida en camaradería entre vecinos y con los visitantes. Quien llegó de la ciudad, si ha ido en un transporte público y se ha quedado hasta después de terminados los recorridos de ómnibus, seguramente hasta entonces se habrá relacionado con buena gente que le va a resolver el viaje hasta Santiago, o por lo menos hasta Simbol, de donde es muy fácil viajar hacia la ciudad Capital. Mientras tanto, en Villa Silípica continúa la fiesta. 

La fiesta es bailable, con casi todo tipo de música, pero la que sobresale en el gusto popular es la música criolla de nuestra provincia. Cuando uno vuelve a la casa, aún suena en su cabeza y en su corazón lo vivido en Villa Silípica y, ya en casa, se dormirá canturrenado mentalmente: “Gatito silipiquero/ ¡Qué lindo pa’ bailar!” 

03 de Febrero de 2.015.

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