Por Crístian Ramón Verduc
29/03/2016
“Todos son buenos paisanos… pero el poncho no aparece.”

La protesta del cantor bonaerense Argentino Luna, reclamando por el poncho que le fuera sustraído, nos puede recordar muchos casos en que la víctima del robo escucha todo tipo de explicaciones y disculpas, pero no recibe la devolución de lo suyo.

Nuestro país fue asaltado en su territorio el 2 de Enero de 1.833, cuando la fragata inglesa Clío obligara a salir de las Islas Malvinas a los habitantes argentinos e iniciara una ocupación ilegítima que se prolongó a pesar de los reiterados reclamos de las auroridades argentinas durante casi un sigo y medio. En la primera y en la segunda guerra mundial, la base militar inglesa en las Islas Malvinas ha sido de gran utilidad a los aliados para asestar duros golpes a los navíos alemanes.

Después de la Segunda Guerra Mundial, surgieron las Naciones Unidas, organismo de paz controlado por los aliados triunfantes en la segunda gran guerra. Poco a poco, a medida que avanzaba la civilización en el planeta, se reconocían derechos internacionales evidentes, como los que comenzó a reconocer el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas. Tal comité reconoció que las Malvinas no pertenecían a Gran Bretaña y que era necesario resolver el conflicto con Argentina al respecto.

Los ingleses quedaron paulatinamente con la posesión continua por casi un siglo y medio como único argumento válido. En el amanecer del 2 de Abril de 1.982, nuestro país recuperó las islas que nos fueran robadas y cuya devolución nos era negada sistemáticamente. La recuperación ha sido ejecutada por grupos especiales de las Fuerzas Armadas Argentinas, que tenían la orden de tomar las islas sin causar bajas entre los británicos y lo consiguieron. La sangre derramada en esa jornada ha sido únicamente argentina.

A partir del 2 de Abril, se abre una etapa de acontecimientos que nos llevarán a discutir durante toda la vida. Dicen que el plan del gobierno argentino de entonces era la negociación de una paz favorable a nuestros reclamos por las islas, una vez posicionados en ellas y sin deuda de sangre. Dicen que se contaba con la promesa de apoyo de los Estados Unidos, país guerrero autoerigido en guardián de la libertad y la justicia en el mundo. Dicen muchas cosas, pero el hecho es que mientras se realizaban febriles negociaciones diplomáticas, una poderosa expedición punitiva se organizaba en el el bélico país anglo, con el apoyo de países europeos y de los Estados Unidos.

En nuestro continente, teníamos a los Estados Unidos apoyando a los británicos con su tecnología, a Chile interceptando las comunicaciones argentinas y ofreciendo bases militares para los anglos, y a los demás países de la región en una actitud sospechosamente indiferente, excepto el Perú, que ofreció su ayuda a nuestras Fuerzas Armadas. Entre nosotros también hubo quienes operaron a favor del imperio británico. Parece ser que nuestro país no estaba totalmente preparado para la guerra, lo cual no sería extraño si observamos que tampoco demostramos estar preparados para vivir en paz. Fracasado el plan inicial de negociar un nuevo modo de administración luego de la recuperación sin muertos británicos, el enfrentamiento bélico ha sido inevitable.

Las heroicas acciones que se han dado por parte de los combatientes merecen nuestro respeto. El poderío de la coalición atacante nos llevó a un nuevo arrebato de lo nuestro a partir de la rendición de las fuerzas argentinas el 14 de Junio de 1.982, comenzando así un nuevo período en que parte de nuestro territorio está en manos de quienes han robado países enteros alrededor del mundo. El imperio británico ha destruido culturas por donde anduvo, pero es un encantador país con castillos, reyes y príncipes; tal vez por eso es que algunos de nuestros paisanos sienten más simpatía por ellos que por nuestros soldados criollos. A partir de la Guerra de las Malvinas, vinieron nuevos cambios en toda la región.

El mismo poder que había instalado a los militares en las casas de gobierno ha ido retirándolos, con un trato posterior muy distinto para los de Argentina. El tiempo de gobiernos militares había sido cruento en todos los países vecinos, pero hay una cierta indulgencia hacia las fuerzas armadas de esos países, especialmente en Chile, aliado de Inglaterra, y en Brasil, que hiciera disimulados guiños favorables a los ingleses durante el conflicto. En nuestro país, a partir de 1.983 nos han inculcado que debíamos olvidar nuestro derecho sobre las islas y solamente maldecir a quienes habían causado la recuperación de 1.982.

Se cuestiona la edad de los soldados que fueron llevados a la guerra, sin mencionar la edad de los soldados de otros países, incluso los de Inglaterra y sus aliados. Muchas veces hemos oído y leído argumentar que tenemos otras prioridades antes que la recuperación de las Islas Malvinas. El poder mundial nos ordenó pensar que lo peor de un país son los militares, pero las islas siguen protegidas por militares ingleses. La manipulación internacional nos hizo pasar por distintas formas de vida en todos estos años: Nos han prohibido y luego permitido hacer cosas, como comprar moneda extranjera, comerciar con ciertos países, y cosas parecidas, pero no nos han devuelto las islas.

Nos han obligado a quedar desarmados, después nos han acusado de querer pelearles (“¿Cónque?” diría un paisano) y tiempo después nos han estrechado amistosamente la mano. Han dicho que reforzaban sus defensas, que han dado mejores condiciones de vida a sus colonos en las islas, pero no nos han devuelto Las Malvinas. Nos han dicho que somos malos, que somos buenos, que somos los mejores, que estábamos fuera del mundo, que estamos dentro del mundo… pero nuestro territorio sigue invadido. “Esto sí que es amolar”, diría Martín Fierro.

O como dice alguien de nuestra provincia: “¿Se creen que uno no es tonto?” Esta última afirmación es para tener en cuenta, pues nos dicen que debemos odiar a los militares por causa de la forma como han combatido la subversión en los años ’70 y tomado el poder mediante golpes de estado. No nos dicen pero es fácil darse cuenta de que, con ciertas variantes, lo mismo ocurrió en toda la región, pero los militares no fueron prohibidos en los países vecinos, especialmente en el que más colaboró con ellos en la guerra por nuestras islas.

“Se creen que uno no es tonto”… ¿Acaso no nos ven ostentando sus banderas en nuestra ropa, incluso en días patrios y en los que nos rasgamos las vestiduras (otras) por nuestros soldados? ¿No nos oyen cómo incorporamos obedientemente a nuestra habla cotidiana todo lo que ellos disponen? ¿No ven que, incluso cuando nos hacemos los folcloristas, usamos los instrumentos y ropa que ellos mandan? ¿No se dan cuenta de que hemos aceptado que uno de sus ritmos musicales sea considerado “nacional”? Si hacemos todo eso… ¿Por qué no se apiadan de nosotros y nos permiten siquiera poner una banderita argentina en nuestras islas?

En estos días se enciende una luz de esperanza por que tenemos una nueva resolución de las Naciones Unidas, favorable a la República Argentina, respecto a la plataforma marítima continental, lo que implica un reconocimiento a nuestros derechos geográficos sobre las Islas Malvinas.

Eso es algo muy bueno, es una resolución favorable para un trámite argentino iniciado hace veinte años y sostenido por los gobiernos durante ese lapso. Está lindo. Está muy bien por parte de los nuestros y de las Naciones Unidas. Son todos buenos paisanos... pero no quieren devolvernos las Islas Malvinas.

29 de Marzo de 2.016.

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