Por Crístian Ramón Verduc
12/04/2016
Estamos en pleno Otoño.

Santiago del Estero se presenta entre fresco y templado en cuanto a temperatura y, lo preocupante es que hay una persistente lluvia desde hace bastantes días. Muchos memoriosos están comentando que una situación similar se dio en 1.974, el año de “las inundaciones”, cuando hubo barrios anegados y casas derrumbadas.

Es similar por la persistencia en la caída de agua, pero es mucho menor en cuanto a la intensidad de la precipitación y en sus consecuencias, afortunadamente. Ahora la situación es distinta; el imparable progreso ha traído mejoras en calles, rutas, desagües y viviendas. Aún se debe mejorar en muchos aspectos, pero es evidente que estamos mejor que hace cuarenta y dos años, cuando Santiago fue noticia nacional por causa del desastre ocasionado por las permanentes lluvias.

En zona rural, las construcciones con techo de tierra corren peligro en los días de lluvia constante, pues esa tierra se pone pesada por la incorporación del agua y puede hacer ceder a la estructrura de madera que la sostiene. También está difícil de transitar por los callejones de tierra, por ahora de barro, especialmente en zonas salitrosas. El barro de tierra salitrosa es muy resbaladizo, lo que complica el tránsito, incluso de a pie. Hay tareas rurales que se suspenden en días de lluvia, lo que permite a la gente estirar un poco la conversación después del almuerzo y dormir una siesta, ahora que aún no se han acortado mucho los días.

Don Lorenzo Gutiérrez, en uno de sus poemas menciona a “esas siestas cortitas que tiene el Invierno”. Ahora, especialmente en los días nublados, podemos percibir cómo se van acortando los días y la noche llega más temprano, para irse cada vez un poco más tarde. Los días de lluvia son buenos para tomar mate, conversar, hacer tareas en la casa nomás, reparar algo que no sea muy afectado por la humedad. A la guitarra hay que cuidarla; no puede recibir humedad, especialmente si sus cuerdas están tensas. Si las condiciones están dadas, un día lluvioso es un excelente día para compartir el canto. Incluso uno puede acompañarse con guitarra si está pensando sus soledades, y a esas soledades hacerlas canción.

Quien está a solas con su mate, es posible que mire hacia el campo y su pensamiento vuele por sobre el barrial, los yuyos perlados de gotas, el sembrado que está oscuro de tanta humedad, los montes que de ningún modo acallan sus trinos y, siguiendo con el vuelo mental, tal vez llegue hasta a donde quisiera estar, con quien quisiera estar. Ese pensamiento, que es distinto a un avión pues vuela mejor con el “mal tiempo”, puede transformarse en poesía o, mejor dicho, ya es poesía, sólo que no siempre se la escribe, recita o canta.

“A mal tiempo, buena cara” suelen decir desde tiempos ñaupas (tiempos antiguos). La expresión de nuestro rostro no va a modificar en nada la realidad que rodea nuestra casa; la lluvia seguirá cayendo mientras deba caer, el suelo seguirá mojado mientras reciba agua y se secará recién cuando reciba Sol y aire con baja humedad. El paisaje circundante no se modificará por nuestra expresión facial, pero sí nuestra actitud sonriente ante la vida va a hacer florecer y va a solear nuestro paisaje interior, dando más sentido a la sonrisa que inicialmente habrá sido solamente un esbozo de optimismo. Está lloviendo, parecería que no va a parar de llover.

Dan ganas de quedar en la cama, pasar el día acostado, pensando “en bueyes perdidos”, pero la vida continúa con lluvia o sin ella. Hay gente que debe trabajar bajo cualquier condición climática, especialmente quienes se ocupan en ayudar al prójimo ante situaciones difíciles, como lo son precisamente las lluvias excesivas que suelen aislar casas, barrios o poblaciones enteras. Quienes pueden manejar sus tiempos con criterio propio, sin imposiciones patronales, aprovechan el tiempo de lluvia para tareas internas y para prepararse, pues cuando mejore el tiempo van a tener mucho por hacer al aire libre.

Estamos en la mitad del mes de Abril y las audiciones radiales del Alero Quichua Santiagueño aún no han vuelto al aire por factores externos. Oyentes y participantes directos del programa radial, comenzamos a tener la sensación de que nunca va a pasar este tiempo en que no tenemos nuestra reunión radial de los días Domingo, como si estuviésemos ante una lluvia persistente que no nos permite salir. Es tiempo de seguir preparándonos para cuando se disipe lo que impide la salida al aire del Alero.

Tenemos que seguir practicando el canto biligüe que caracteriza a nuestra provincia; hay que seguir procurando aprender cada día un poco más del quichua que nos legaran nuestros mayores; tenemos que seguir preparándonos para quichuizar al mundo; para ello, tenemos que seguir santiagueñizándonos y quichuizándonos cada vez más cada uno de nosotros mismos. Estamos en un largo receso que dejó de ser veraniego para pasar a ser parte del Otoño. Ya falta poco para el retorno del Alero Quichua Santiagueño por radio. Tiene que ser un retorno a puro quichua y ganas de compartir el conocimiento de la lengua quichua, de los valores criollos, de los nombres y trayectorias de nuestros próceres culturales.

Tenemos que estar preparados para que cuando escampe en el cielo radial, salgamos con las herramientas adecuadas a labrar el campo de la audiencia masiva, que espera ansiosa las semillas del quichua, del canto criollo y de todo lo que se refiere al Santiago del Estero tradicional y auténtico. El mundo nos espera. Por ahora estamos quietos, mirando el cielo y el horizonte en espera de ese cancha cancha (aclarar, claridad) que nos marque el comienzo de un nuevo ciclo radial. Los instrumentos y las voces están a punto.

Solamente falta que alguien diga que comencemos. Mientras tanto, compartamos unos mates bien conversados y maduremos ideas que llevaremos a la práctica a partir de que Inti (el Sol) consiga apartar las puyus (nubes) que nos impiden salir. Llueve, llovizna, calma un poco y vuelve a llover; así estamos por ahora. Podemos dedicarnos a comentar sobre el estado del tiempo, decir que “nunca se ha visto algo así” y todo eso, pero cuando se despeje lo que nos impide salir y tomar vuelo... ¡Acuychis! ¡Vamos! Que hay mucho por hacer. El mundo nos espera para que compartamos el quichua de nuestros mayores.

12 de Abril de 2.016.

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