Por Crístian Ramón Verduc
10/05/2016
“Cuando en las cancha canchas, yutup ckeshifras.”

La letra de la primera media vuelta del antiguo gato El Yutu ha sido muchas veces motivo de controversias. Así como está, se puede traducir como: “Cuando en los amaneceres, las pestañas de la perdiz”, pues el quichuista llama “cancha cancha” al aclarar, esa claridad que viene con las primeras luces del amanecer. Con esa reiteración se relativiza la palabra; en este caso, la palabra cancha, que significa claro. Se dice cancha a un claro en el bosque, a un lugar libre de árboles y yuyos altos.

En el habla popular, se pasó a llamar también cancha al espacio limpio y plano donde se acopia madera, también donde se prepara el material para construcción y a cualquier campo de juego. También se dice cancha a las manchas claras que suelen aparecer en la piel por algún problema de salud. Cancha cancha es la incipiente claridad del amanecer.

El quichuista llama yutu a la perdiz. La pronunciación es como si diría “iutu”, pues los santiagueños damos a la Y un sonido suave, como de I, al igual que en muchas otras regiones de habla hispana; por eso, para el sonido quichua similar a la I, cuando la estética gráfica lo requiera, usamos la Y. La palabra yutu define también a algo sin cola, como la perdiz. Esta palabra suele castellanizarse para otorgarle género femenino, por eso en ocasiones escuchamos la palabra “yuta” en distintos lugares del Noroeste Argentino. Ckeshifra es la pestaña, el parasol protector de los ojos.

Muchos quichuistas dicen “ckreshifa”, lo que nos muestra que el quichua no está libre de las metátesis, al igual que el castellano y otros idiomas. Metátesis es el cambio de lugar de sonidos dentro de una palabra. Por ejemplo, en castellano, hace mucho tiempo se decía “murciégalo” (ratón ciego) para nombrar al animalito quiróptero que vuela por las noches cazando insectos.

Por causa de una metátesis para esa palabra, adoptada entre muchos hablantes, la palabra cambió para la actual: Murciélago. Esos fenómenos en el habla pueden aparecer en distintos idiomas, por eso no debe extrañarnos que algunos quichua hablantes digan ckreshifa en vez de ckeshifra. Hay quienes afirman que el comienzo de esta pieza musical debería decir: “Cuando en las cancha canchas, yutu que chifla.” Lo que se traduciría como: “Cuando en los amaneceres, perdiz que silba”, pues en el habla popular criolla suele decirse chiflar por silbar y chiflido por silbido. Hay dichos populares al respecto, como el conocido: “A perro entendido, basta un chiflido”.

La palabra chiflar es castellana y tiene el mismo origen latino que silbar, además del mismo significado. El hábito de la ironía hizo al hablante castellano llamar “chiflado” a quien tuviese o pareciese tener algún disturbio mental. La picardía del criollo se manifiesta en dichos como: “Si te pierdes, chiflame”, para sugerir que el interlocutor está “chiflado”. En lagunas y ríos del Litoral Argentino, llaman Chiflón a una ave zancuda, muy parecida a la garza, de color amarillo. Es casi seguro que el chiflón se ha ganado el nombre con unos buenos silbidos que deben de ser su forma de comunicación.

Una palabra que parece relacionarse con las mencionadas es Chifle. Se llama chifle a un cuerno vacuno que los gauchos usan para portar agua u otro líquido para beber. Al cuerno se le cierra la parte ancha con madera o plata y se abre una salida por la punta,, suelen agregarle abrazaderas, generalmente de plata o cuero, para pasar por ellas una correa, lo que permite portar el chifle colgado como una cantimplora o caramañola.

Suena lógico decir que la perdiz silba, pues lo hace habitualmente, pero si usamos la expresión lógica que diría: “Cuando en las cancha canchas, yutu que chifla”, tal expresión quedaría descolocada respecto a lo que sigue en el mismo tema: “Lagartu cuncan tullu, ckaranchi pajran” (El hueso del cogote del lagarto o lagarto cuello flaco, la frente del carancho).

Es como si hubiese una enumeración de partes del cuerpo de los tres animales: La perdiz, el lagarto y el carancho. Son frases inconexas y sin mucho sentido, pero están puestas así por algo y para algo; tal vez para mostrar cómo eran los cantares “de antes”, con sus frases que tal vez tendrían para los cantores de la época un sentido que no ha llegado a nuestros tiempos; algo similar a la invitación a silbar (chiflar) para el sospechado de no estar bien de la cabeza (chiflado).

En ocasiones puede ocurrirle a uno que, por encontrarse fuera de su ámbito, no entiende el vocabulario de quienes lo rodean, pese a que hablan con palabras de nuestro mismo idioma. Es posible que la letra de El Yutu responda a códigos propios de la gente en determinada comarca y época. Es poco probable que empiece con una frase “coherente” casi toda en castellano y siga con dos “incoherencias” en quichua. Tiene que haber una concordancia entre las expresiones con que empieza el gato.

Después del comienzo con la mención de tres animales silvestres y una de las partes de sus respectivos cuerpos, el gato El Yutu continúa con un relato distinto a lo anterior, en una mezcla de quichua y castellano. En cada media vuelta repite con insistencia: “Cuando en las cancha canchas, yutup ckeshifras”, hasta el giro final. Este gato ha sido grabado por varios intérpretes, los que en todos los casos lo presentaron como El Yuto y así es conocido.

Para el quichuista, habituado a la suave letra U más que a la fuerte O de los españoles, la palabra es yutu, no yuto. Así como yutu tiende a ser transformado en yuto, son muchas las palabras quichuas que a lo largo del devenir histórico han sido modificadas, hibridadas o reemplazadas por palabras en castellano. Hay que estar atentos para conservar el idioma de nuestros mayores, evitando adherir a su castellanización, por que ese proceso de hibridación del quichua es un camino hacia su desaparición a largo plazo. Algo similar ocurre con el castellano, especialmente en las ciudades, donde el televisor parece ser el principal agente educador, que modifica conductas de chicos y grandes.

En nuestro país, los medios de comunicación están centralizados en Buenos Aires, ciudad cosmopolita que suele mostrarse ávida por absorber culturas extrañas y distorsionar la de nuestro país. Desde el centralismo radial y televisivo pretenden imponernos modos de ser y de hablar que son ajenos a nuestra idiosincrasia. El centralismo está arrasando con los regionalismos, como apuntando hacia una cultura uniformemente preparada para acatar dictados que vienen desde afuera de Argentina.

Estos ataques a la cultura nacional y a las culturas regionales tienen a la debilidad cultural de muchos de los habitantes en las regiones afectadas, como principal aliada. Cuidemos nuestro Santiago del Estero y así ayudaremos a cuidar nuestra Argentina. Como país, somos un conjunto de provincias hermanas.

Seamos unidos desde la diversidad y no serviles desde el acatamiento ciego a los dictados de la frivolidad.

10 de Mayo de 2.016.

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