Por Crístian Ramón Verduc
08/11/2016
Mas naides se crea ofendido/ pues a ninguno incomodo...

"Mas naides se crea ofendido/ pues a ninguno incomodo./ Y si canto de este modo/ por encontrarlo oportuno,/ no es para mal de ninguno,/ sino para bien de todos".

En nuestro país, Noviembre es el Mes de la Tradición. El 10 de Noviembre conmemoramos un nuevo aniversario del nacimiento de José Hernández, autor de la obra cumbre de la literatura gaucha: Martín Fierro.

Acostumbramos llamar al poema de Hernández “El Martín Fierro” y algunos lo llaman “La Biblia Gaucha”, por la cantidad de enseñanzas que encontramos en este valioso libro. Martín Fierro es una obra completa y así se la consigue, aunque consta de dos partes: La primera, llamada El Gaucho Martín Fierro, editada en 1872, y la segunda, escrita por pedido (poco menos que un clamor) de todos quienes habían conocido la primera parte. Es así que en 1879 apareció La Vuelta de Martín Fierro.

Al final de la primera parte, José Hernández deja abierta la posibilidad de una continuación, pues después de que Martín Fierro y el Sargento Cruz cruzan la frontera hacia el autoexilio en las tolderías, dice: “Y siguiendo el fiel del rumbo/ se entraron en el desierto./ No sé si los habrán muerto/ en alguna correría,/ pero espero que algún día/ sabré de ellos algo cierto.”

Siete años después de esa madrugada clara, Fierro vuelve para contar que a su relato le faltaba lo mejor. Al leer La Vuelta de Martín Fierro, uno se encuentra con varias “mejores partes”. Posiblemente la más valiosa y valorizada sea la de los consejos de Fierro a sus hijos, que se opone a los similares del Viejo Vizcacha, maligno personaje particularmente vigoroso de la segunda parte.

Cuando Martín Fierro fue enviado a servir como soldado en la frontera, su familia quedó expuesta a las arbitrariedades de la autoridad comarcana y pronto se vio sumida en la mayor pobreza y sin un lugar donde habitar, así que se disgregaron para poder sobrevivir. El segundo hijo fue a parar en casa de una tía que poseía muchos bienes y con la que tuvo un buen pasar, tranquilo y sosegado. A la muerte de su tía, quedó como único heredero, pero por ser menor, el Juez le nombró un tutor, que resultó un viejo “muy renegao, muy ladrón, y le llamaban Vizcacha”.

El Viejo Vizcacha vivía en una pobreza extrema, tanto material como moral. Las andanzas con su pupilo son entre tristes y desopilantes. Lo más interesante ocurría cuando el viejo se emborrachaba y le daba por aconsejar. De ese tramo de la obra de Hernández vienen algunos dichos populares, contenidos en estrofas completas, como por ejemplo: “El primer cuidao del hombre/ es defender el pellejo./ Llevate de mi consejo, fijate bien en lo que hablo;/ que el diablo sabe por diablo/ pero más sabe por viejo”. O el famoso: “Hacete amigo del Juez,/ no le des de qué quejarse,/ y cuando quiera enojarse/ vos te debes encoger,/ pues siempre es güeno tener/ palenque ande ir a rascarse”.

En general, los consejos del Viejo Vizcacha instan a desconfiar, buscar siempre la ventaja, no preocuparse por nadie (“No te debes afligir aunque el mundo se desplome”) y ponerse al servicio del poderoso para aspirar a sus favores.

Por otra parte, sobre el final del libro, Martín Fierro, envejecido y curtido por las experiencias, aconseja a sus hijos a ser cautos y respetuosos (“El primer conocimiento, es conocer cuándo enfada”), “Las faltas no tienen límites/ como tienen los terrenos./ Se encuentran en los más buenos/ y es justo que les prevenga:/ Aquel de defectos tenga/ disimule los ajenos”.

Fierro aconseja ser solidario y honesto: “Al que es amigo, jamás/ lo dejen en la estacada,/ pero no le pidan nada/ ni lo aguarden todo de él./ Siempre el amigo más fiel/ es una conducta honrada”. Enseña a ubicarse en el mundo, relativizando lo material, alentando la solidaridad y evitando la adulación: “Ni el miedo ni la codicia/ es bueno que a uno lo asalten./ Ansí, no se sobresalten/ por los bienes que perezcan./ Al rico, nunca le ofrezcan,/ y al pobre jamás le falten.”

Como si diría “Ama ckella”, Fierro enseña las desventajas de la holgazanería: “El trabajar es la ley/ por que es preciso alquirir./ No se espongan a sufrir/ una triste situación./ Sangra mucho el corazón/ del que tiene que pedir”. Reafirma el concepto con un consejo muy conocido, que merece ser recordado habitualmente: “Debe trabajar el hombre/ para ganarse su pan,/ pues la miseria en su afán/ de perseguir de mil modos,/ llama en la puerta de todos/ y entra en la del haragán”.

Como diciendo “Ama súa”, nos advierte: “Ave de pico encorvao/ le tiene al robo afición,/ pero el hombre de razón/ no roba jamás un cobre,/ pues no es vergüenza ser pobre/ y es vergüenza ser ladrón”. Defiende la vida y la buena convivencia: “El hombre no mate al hombre/ ni pelee por fantasía./ Tienen en la desgracia mía/ un espejo en qué mirarse./ Saber el hombre guardarse/ es la gran sabiduría”.

Posiblemente el consejo más conocido y valorado sea: “Los hermanos sean unidos/ por que esa es la ley primera./ Tengan unión verdadera/ en cualquier tiempo que sea,/ por que si entre ellos pelean/ los devoran los de afuera.”

¡Caramba! ¡Es muy grande este consejo de Fierro! ¿Podemos seguirlo? ¿Estamos cumpliendo con este sabio consejo de padre y amigo? Parece que sí, pues “Yo hago todo bien; los que obran mal son otros.” No deberíamos olvidar que las faltas no tienen límites y se encuentran hasta en los más buenos. No olvidemos a Martín Fierro, ese padre que da consejos desde hace más de cien años. Recordemos que la Patria se hizo a caballo, por esos hombres que como Fierro y como José Hernández cabalgaron en pos de una Argentina mejor. Martín Fierro es el gaucho argentino, el que marchó con Belgrano, con San Martín, el que labra los campos desde hace siglos, el que todos los días cumple con su lucha diaria, en el campo, en la ciudad, en la tierra, en el agua o en el aire, bregando por una Argentina mejor.

No olvidemos que no tiene patriotismo quien no cuida al compatriota. Una de las formas de cuidarnos entre nosotros es ver cuándo un hermano está desviándose del fiel del rumbo para, de la mejor manera posible, ayudarlo a seguir la huella del bien, la que nos permitirá hacer de nuestra Patria lo que nuestros mayores soñaron.

Uno de nuestros mayores, que hizo lo posible por lograr mejoras para la Patria, ha sido José Hernández. Cada 10 de Noviembre lo recordamos por el Día de la Tradición. Recordémoslo también todos los demás días del año, honrando su memoria con el accionar cotidiano para el bien de nuestra tierra y su gente, que son nuestros compatriotas, nuestros hermanos.

08 de Noviembre de 2016.

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