Por Crístian Ramón Verduc
Destacado escrito el día:  02/05/2017
“La culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer”

Dice un refrán muchas veces repetido. Acostumbramos decir “chancho” al cerdo, animal que fuera domesticado hace milenios por el ser humano.

Otro apelativo para el cerdo es puerco, y de la palabra puerco deriva porquería, que se refiere a cualquier cosa excesivamente desagradable. Porquería es sinónimo de cosa sucia, ya sea en sentido literal o figurado. El chancho es considerado un animal sucio, capaz de comer cualquier cosa y de vivir revolcándose en el barro. Cuando alguien dice o hace algo asqueroso, también suele decirse que dice o hace chanchadas (cosas de chancho).

El cerdo doméstico profiere un fuerte grito cuando se asusta, lo cual ocurre en ocasiones ante el menor roce. Por eso es que en el vocabulario criollo el calificativo “puerco” se utiliza para decir que alguien es timorato, aunque también se utiliza para los holgazanes, pues el cerdo pasa echado gran parte de sus días.

Los cerdos suelen estar echados en grupo y, ante la falta de espacio que sufren en los criaderos, uno llega a creer que gustan de estar amontonados; tal vez de ahí ha nacido el dicho: “Ya somos como chanchos” para cuando la gente se ha conocido y poco tiempo después se halla en plena confianza. Es evidente que el cerdo es un animal de hábitos gregarios.

El cerdo doméstico está generalmente confinado a pequeños chiqueros donde vive dedicado a comer y engordar. Si es criado a campo abierto, hay riesgo de que, en su voracidad, destruya cultivos o coma animales domésticos pequeños.

Si entre los cultivos que ataca encuentra un batatal, se transforma en poco menos que adicto a los dulces tubérculos y hará todo lo posible para volver a comer batatas, exponiéndose a raspones y heridas al atravesar los cercos, o utilizará su hocico para cavar y abrir portillos por donde llegar hasta su sabroso objetivo. Dicen que, tratándose de comer batata, el cerdo pierde toda prudencia o cobardía. De ahí viene una expresión que se aplica a cuando uno acomete algo frontalmente y sin reparos, cuando se abalanza sobre algo: “Ha ido como chancho a las batatas.”

En quichua, llamamos cuchi al cerdo, y llamamos sacha cuchi o chancho del monte a una variedad de pecari que suele andar en piaras por montes y campos de nuestra región. Estos animales salvajes son de un tamaño menor que el de los cerdos domésticos, pero en grupo suelen ser temibles. Dicen los conocedores que si ataca todo el grupo puede matar a una persona, que la solución consiste en matar al “chancho puntero”, que es el líder de la piara y marcha al frente de todos, marcando el rumbo a seguir. Cuentan los cazadores que si son atacados por “chanchos del monte”, tiran a la cabeza del puntero para así desorganizar al resto y poder cazarlos o ponerlos en fuga. Según relatos criollos de fogón, en caso de ataque por una piara de sacha cuchis, el subir a un árbol no ayuda en mucho, pues los chanchos del monte pondrán a trabajar sus hocicos para cavar alrededor del árbol hasta provocar su caída.

La carne de cerdo es muy apreciada y suele ser asada en parrilla, a la estaca o al horno. En estos casos se prefiere el lechón, que sería el cerdo de poca edad, poco tamaño y carne tierna. Los ejemplares adultos son faenados para hacer jamón, salame y otros fiambres. El intestino delgado se utiliza para chorizos, morcillas y otras preparaciones que tienen forma cilíndrica. Varias partes del chancho son agregadas al locro y otras comidas de nuestro continente.

Así como es apreciado en gran parte del mundo como alimento, el cerdo es despreciado por que se le atribuyen la pereza y la glotonería, tan voraz que es capaz de cualquier cosa, llegando a provocar grandes daños si no tomamos precauciones. Su afán por comer es tan fuerte, que El Viejo Vizcacha, personaje del poema La Vuelta de Martín Fierro, dice: “El cerdo vive tan gordo, y se come hasta a sus hijos.” Si un grupo de cerdos domésticos se escapa de su cautiverio, esa piara puede asolar los campos devorando todo lo que encuentra a su paso.

Esta fama de haragán, sucio y destructor de todo lo que halla, aparentemente sin pensar más que en su propio placer de comer, hace que el chancho sea usado como referencia para descalificar a determinadas personas.

El criar cerdos implica una cuota de responsabilidad, pues si se escapan van a causar destrozos en los vecinos y, si salen a la ruta, representan un peligro para los vehículos, pues en caso de ser atropellados causarán grandes daños con su macizo cuerpo, similar a una roca o a un tronco. El cerdo es un simple animal inocente, por eso es que si causa algún daño, no sería nada razonable asignarle ninguna intención, sino que corresponde reclamar a quien lo debe cuidar, por eso la afirmación de que la culpa no es del chancho.

Pero el refrán acusador para quien alimenta chanchos se refiere a personas y no a cerdos asolando campos o perturbando rutas. Si alguien ha percibido que una persona iba por mal camino y, debiendo tomar las precauciones para que ese camino se rectifique no lo ha hecho, se lo acusa de haber “dado de comer al chancho” que acabó causando daño.

En tiempos en que vemos una serie de injusticias y crímenes cometidos por gente que de un modo u otro recibió el “auspicio” de la sociedad o de algunos individuos, suele recordarse el tradicional refrán de chanchos alimentados irresponsablemente.

Es menester estar atentos a los desvíos que pueden presentarse en las conductas individuales y colectivas, para aconsejar buenamente primero y rectificar con firmeza si luego es necesario. Los adultos debemos asumirnos como tales y velar por el buen comportamiento de quienes están comenzando a fortalecerse en la vida. No tenemos por qué dejarlos que “se arreglen como puedan” ni mucho menos ponernos a la zaga de ellos, como “cola de chancho”. En muchos casos, se ve que personas adultas dejan su papel de guías para marchar detrás de los jóvenes, como si con esa actitud poco responsable estuviesen procurando volver a un tiempo que se ha ido, que forma parte del pasado.

Nuestros menores no deben ser alimentados en la suciedad y la holgazanería. Su mente y su corazón deben ser alimentados con buenos sentimientos, conocimientos y sabiduría, así haremos lo posible para evitar que después sean voraces y despiadados como cerdos.

“La culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer”… salvo que el supuesto chancho use ropa, camine sobre dos extremidades y tenga derechos de persona adulta. En ese caso, debe asumir su responsabilidad.

02 de Mayo de 2017.

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