Por Crístian Ramón Verduc
Destacado escrito el día:  09/05/2017
“Packaris amun” (Viene amaneciendo)

Dice o piensa quien se ha levantado “oscuro nomás”, o tal vez ha amanecido en alguna andanza laboral o de otra índole, ya sea en zona rural o en una ciudad.

Cada amanecer tiene sus misterios encantadores. Por bulliciosa que sea una ciudad, hay cierto tiempo durante la noche en que el silencio quiere adueñarse del ambiente y después, cuando comienza a insinuarse el amanecer, recomienza el movimiento urbano, con sus clásicos sonidos de gente caminando y vehículos rodando, conversando cada uno a su manera: Los peatones en voz baja o en volumen alto, y los vehículos con sus motores y sus irritantes bocinas.

El amanecer en una ciudad puede pasar poco menos que desapercibido, dependiendo del tamaño y actividad de tal ciudad. También varía según la época del año pues, como ya sabemos, la salida de Inti (el Sol) ocurre bien temprano en Verano y mas bien “tardecito” en Invierno; por eso, en Junio y parte de Julio, estudiantes y empleados van hacia los establecimientos de actividad matinal cuando aún está en proceso el amanecer, mientras que en Noviembre y Diciembre, están andando con el Sol alto. Las luces urbanas hacen que sea poco perceptible la creciente claridad del amanecer si uno no le presta la atención necesaria.

El amanecer en el campo es distinto y más bonito, pues si el cielo está claro, libre de puyus (nubes) en el Este, aún sin estar muy atentos a ello, percibiremos que desde ese punto cardinal, al que llamamos Naciente, una claridad aparece tímidamente, para luego animarse y empujar poco a poco a la oscuridad nocturna, para que se vaya hacia el Oeste hasta desaparecer detrás del horizonte. Ese avance de la claridad es llamado cancha cancha en quichua, por eso cuando decimos cancha cancha nos referimos al amanecer, al aumento de claridad natural causado por la inminente salida del Sol por sobre la línea del horizonte, del lado del Naciente.

En el campo, a la hora del amanecer, en forma paulatina se acallan las voces de los ataja caminos, aves llamadas ñan árcaj en quichua; también puede ser que hayamos percibido los chillidos agudos de murciélagos, los que también se llaman a silencio al buscar sus refugios donde pasar el día. Los perros que le ladran a “algo” durante la noche, también se llaman a sosiego, como si fuesen relevados de su guardia nocturna. El grito de la lechuza puede ser constante, de noche y de día, pues es un ave que vive muy atenta al cuidado de su territorio. Antes del amanecer escuchamos el canto de los gallos, cercanos y lejanos. La actividad humana con sus voces, los ruidos de herramientas y sonoras muestras de alegría o reclamo de animales domésticos, tiene como sonido complementario el de motores de vehículos. Según la época del año, puede ser que se escuche un tractor o equipos de tareas agrícolas durante toda la noche y todo el día.

El amanecer en el monte tiene otras características. La visión del horizonte no es tan definida como en las pampas, especialmente si hay muchos árboles altos. Cuando se anuncia la claridad, muchos pájaros comienzan con sus anuncios cantados; es posible que avisen a sus congéneres que ya es hora de levantarse, o tal vez sea un aviso para que los demás sepan que han sido superados los peligros nocturnos y que ese lugar continúa ocupado por el pájaro cantor. Para entonces, ya se habrán acallado las voces y murmullos de la noche sachera (montaraz), para dar paso al jolgorio del amanecer.

En el cielo de cualquier lugar, los colores del amanecer pueden variar de un día para otro. Hay amaneceres que se muestran límpidos, con un predominio del azul y el celeste intenso en el firmamento; en otras ocasiones, el color predominante es el naranja, por la presencia de nubes en el Oriente, por donde asomará el Sol. En días que hay nubosidad entrecortada, con posibilidades de lluvia, si en el Naciente hay un nublado cerrado y en el lado opuesto del cielo hay alguna nube grande, ésta reflejará la luz solar y se verá más claro el Oeste que el Este, causando cierta desorientación en los desprevenidos, al parecer que está amaneciendo por donde no debería.

Hay también distintas formas de ser encontrado por el amanecer. Cuando a uno le preguntan: “¿Imaina packarinqui?” (¿Cómo has amanecido?), algunos pícaros suelen responder: “Siriscka” (Acostado), aunque la respuesta habitual sería: “Allillata” (Bien nomás), “ancha alli” (muy bien), chaina chaina (más o menos, así nomás), pues la pregunta no se refiere a la posición si no a cuál es la condición física o emocional de la persona a la que se saluda.

Así como uno puede amanecer acostado, también puede ver el amanecer rumbo a sus actividades o amanecer atareado por haber trabajado toda la noche. Hay trabajos y servicios que se realizan de noche y sería largo de enumerar; la gente que trabaja de noche recibe al amanecer con cierto alivio por el final de una larga jornada de actividad en un horario en que normalmente deberíamos dormir; cuando sale el Sol, el desvelado comienza a sentir más el sueño. Amanecer cuidando un enfermo es pasar una noche larga y no del todo alegre o tranquila, pero es un esfuerzo necesario.

Muy distinto es amanecer cantando y conversando en una amena reunión con los afectos. Como dicen que lo bueno dura poco, las noches de fiesta suelen parecer breves y el amanecer nos sorprende “en lo mejor” de la noche.

El desvelo es necesario para satisfacer necesidades materiales o espirituales, pero no está de más recordar que es nocivo para el organismo, pues los seres humanos somos naturalmente diurnos; necesitamos acompañar los ciclos naturales de luz solar, despertando al amanecer y comenzando nuestro descanso poco después de la puesta del Sol. En los largos días del Verano, nuestra actividad debería ser dividida en dos etapas, con un descanso a la siesta, a la hora de mayor calor y rayos solares muy fuertes.

También puede ocurrir que el amanecer lo encuentre a uno enfrascado en pensamientos y elaboración de planes, por causa de asuntos que nos desvelan, que no nos dejan dormir tranquilos. Un modo muy eficaz para encontrar soluciones y trazar planes, es el dormir bien por la noche y aprovechar la claridad de pensamientos del amanecer, con aire bien oxigenado y pájaros susurrando mensajes optimistas; por la mañana temprano vienen muy buenos pensamientos, especialmente si hemos descansado bien durante la noche.

Quienes vivimos desvelados por ideas en pos de la difusión del quichua, encontramos en cada amanecer una suma de grandes posibilidades, pues cuando “cancha canchas amun” (viene aclarando) vemos con mayor claridad la promesa de un buen futuro para el quichua, lo cual dependerá de una mayor actividad por parte nuestra, siempre y cuando esa actividad esté dirigida hacia el bien de la cultura regional.

09 de Mayo de 2017.

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