Por Crístian Ramón Verduc
21/11/2017
¿Por qué un solitario royo hizo escuchar su canto en el monte?

Esta vez ocurrió a última hora de la tarde y antes de la primera hora del Verano. Aún faltan unos días para que las vainas de algarroba estén completamente formadas y prontas a madurar.

En las provincias del Noroeste Argentino llamamos coyuyo al animalito que en otras provincias llaman chicharra y que en otros países de habla castellana llaman cigarra. En el NOA llamamos chicharra a la especie de menor tamaño, de color marrón oscuro, y los grandes son los coyuyos. En Santiago del Estero también llamamos chicharra a los de poco tamaño y entre los grandes reconocemos dos tipos de estos insectos: El coyuyo, que es de color verde, y el royo, que es marrón y de un tamaño mayor que el del coyuyo. Además, las chicharras, el coyuyo y el royo se diferencian entre sí por su canto. Según el Diccionario de Regionalismos de Salta, de José Vicente Solá, la palabra Coyuyo podría venir del quichua cúyuy, que significa mover, sacudir.

En Santiago del Estero llamamos Royo al tipo de coyuyo de color marrón, que mas bien parece una chicharra grande y es de mayor tamaño que el animalito de color verde oscuro al que llamamos coyuyo. La palabra Royo podría tener alguna relación con su color, pues en tiempos pasados, en Argentina se llamaba royo a lo que tenía un color parecido al oro. No es lo mismo que el color marrón de nuestro “roio”, pero no debemos olvidar que con el paso del tiempo, los pueblos solían ir cambiando el sonido o el sentido de las palabras. Incluso hoy ocurre, aunque generalmente los cambios vienen “de arriba hacia abajo” por obra y gracia de la televisión y la radio, en vez de ir “de abajo para arriba” por el uso y la costumbre arraigados en el pueblo.

La gran mayoría de las palabras castellanas tienen un origen común con gran parte del actual portugués. En el idioma que habla nuestro vecino Brasil, el color violeta se define con la palabra roxo (pronuncian rosho). Royo, roxo, rojo… es un grupo de palabras parecidas que tienen en común el definir colores. El llamar a un animalito de color marrón con la misma palabra con que antes nominábamos a lo de color áureo, no debería llamarnos demasiado la atención si tenemos en cuenta cómo son cambiados los significados de las palabras con el uso y la costumbre.

La temporada de canto de los coyuyos, chicharras y royos, tiene un comienzo distinto según la región, dependiendo en general de la latitud. Parece ser que cuanto más cercano al Ecuador, más pronto va a comenzar a escucharse el sonido chirriante o sibilante de estos bichitos. En Santiago del Estero suele decirse que los coyuyos cantan para madurar la algarroba, la cual en este momento se encuentra con vainas formadas pero verdes y aún en desarrollo.

Puede ser que los días de calor, con una intensidad desacostumbrada para la época, haya hecho llegar algún mensaje natural para el solitario royo que hizo escuchar su reclamo desde el bosque. Seguramente ese mensaje cifrado de temperatura le habrá dicho al insecto que ya es tiempo de cavar una cuevita ascendente, salir de la tierra, trepar a un árbol y anunciar su presencia a las hembras de su especie, las que evaluarán la potencia de su canto para decidir si el individuo es digno de ser padre de los huevitos que debe poner el silencioso royo femenino en esta época de calor.

Dicen los que saben que, una vez eclosionado el diminuto huevo, la larva se dejará caer del árbol y cavará una galería hasta llegar a una raíz de la que se alimentará. Irá cambiando de raíces durante dos años o más, dicen que incluso hasta diecisiete años, mientras crece y va transformando su cuerpo. Cumplida esa etapa de su vida, cavará para salir a la superficie y trepar a un árbol. Tal vez el contacto con el aire fuera de su cueva, hace que su “traje” de color dorado se vuelva reseco y comience a encogerse; entonces, el bichito saldrá por el lomo de su “ropa” seca, ya con otro aspecto, tomando poco a poco el color definitivo, mientras el aire que secó su “ropa vieja” da firmeza a sus alas, que pasan a estar listas para estrenarlas.

Una vez instalado en una rama y alimentado con savia del árbol elegido, el nuevo habitante del bosque inicia su canto, que es un llamado de amor para las hembras que también han emergido de la tierra y han mudado de piel. Ellas escuchan cantos por doquier, cada una elige el que más atractivo le resulta y acude al llamado de amor, para asegurar la continuidad de la especie.

En pleno Verano, hay momentos y lugares donde no se puede conversar a la hora del canto de los coyuyos y royos. Esto suele ocurrir a primera hora del día hasta media mañana o desde el atardecer hasta entrada la noche. El lugar elegido suele ser un árbol bien coposo, o un grupo de árboles. Hay una gran cantidad de gente que disfruta de estos ruidosos “conciertos” y hay algunas personas que no. En los años ’70, el cantor bandeño Toño Rearte decía en una chacarera: “… No me deja dormir, mama, el ruido de los coyuyos”.

Pablo Raúl Trullenque valora el breve tiempo de vida de este cantor de los montes y ciudades, y lo contrasta con la vida larga y monótona de otro animalito silvestre, al decir en el escondido El Coyuyo y la Tortuga: “Amo al coyuyo trovador, pasa un Verano cantando. Pobrecita la tortuga… vivir triste tantos años…”

Para muchos de nosotros, el coyuyo, el royo y las chicharras, viven solamente lo que dura un Verano. En cambio, Trullenque lo dice muy bien: “Pasa un Verano cantando”, pues para pasar esa temporada de canto estival, el cantor estuvo unos cuantos años en su camarín subterráneo, preparándose para la suprema temporada de canto y amor.

Hay quienes valoran más la vida laboriosa de quien se aferra a los quehaceres de la tierra, como la trabajadora hormiga, por ejemplo. Ha llegado hasta nuestros días la fábula de la cigarra y la hormiga, atribuida al griego Esopo, pensador de la Antigüedad. Esta fábula enseña que se debe dar más valor al esfuerzo cotidiano que a la vida bohemia y despreocupada. Es muy posible que, pasados más de dos mil ochocientos años de la época de Esopo, hayamos avanzado en nuestros conceptos sobre el ideal del ser humano. Hoy se valora tanto la capacidad de trabajo formal como la calidad artística, la que aplicada a una forma de trabajo requiere además del talento, un trabajo persistente y una buena presencia de ánimo.

La cigarra, la que según la especie es llamada en nuestros pagos coyuyo, chicharra o royo, nos brinda su estridente canto durante una temporada breve cada año, pero para ello estuvo preparándose en forma silenciosa durante varios Inviernos y Veranos.

¡Huajcha royo! (¡Pobre royo!) ¿Qué impulso lo habrá llevado a salir en forma anticipada para cantar en un atardecer, ser sorprendido por un cambio de tiempo y tener que acallar su voz? Este año hemos tenido ese royo avisador de que pronto vendrán los otros bulliciosos maduradores de la algarroba, los que primero han de brindar un homenaje al urgido cantor y luego se entregarán a su sonoro reclamo de amor.

Se viene el Verano. Pronto cantarán los coyuyos, royos y chicharras. Pronto tendremos algarrobas para chuparlas directamente, o hacer patay, añapa o aloja. Bienvenido sea el calor.

21 de Noviembre de 2.017.

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