Por Crístian Ramón Verduc
19/11/2019
"Vuelva"…

Una palabra de dos sílabas puede tener el valor de un discurso. Ese par de sílabas puede hacer desbordar los ojos por la emoción.

Jorge Washington Ábalos, en su obra Shunko contaba las experiencias de un maestro en zona quichuista de Santiago del Estero. Don Luis Landriscina, en un poema cuenta la vida de “la Señorita Rosa”, maestra de campo en la provincia del Chaco.

Es muy común en nuestra provincia, y posiblemente en otras también, que el primer destino laboral de los docentes sea una escuela muy sencilla ubicada en un lugar alejado de la ciudad Capital, y cada historia de vida es motivo para un libro y en algunos casos para mucho más.

La docente de nivel medio ya había pasado por escuelas de otros departamentos de la provincia y también había conseguido unas horas cátedra en la ciudad. Supo de la posibilidad para trabajar en una escuela a la vera de la antigua Ruta 9, la que va hacia Los Morales, Los Núñez, para finalmente unirse a la actual Ruta Nacional 9, cerca de Las Termas de Río Hondo, y allí fue para comenzar sus tareas.  

Los primeros tiempos fueron complicados por el transporte: Debía cruzar toda la ciudad de Sur a Norte en un colectivo, para esperar otro, que va hacia Los Quiroga; como este último prestaba un servicio muy irregular, la mayoría de las veces debía pedir a camioneros o automovilistas que la llevasen hasta la escuela. El viaje así es una riesgosa práctica de muchos docentes en nuestro país, por diversos motivos. En este caso, ante la falta de certezas de que el ómnibus viniese, había que apelar a lo hubiere.

Con el tiempo, hubo colegas que consiguieron adquirir un vehículo y, como suele ocurrir, llevaban y traían a quienes coincidiesen con sus horarios. Años más tarde y gracias a sus esfuerzos por ahorrar dinero, pudo también comprar su propio vehículo y pasar a ser quien ofrecía lugar a quienes no tenían en qué movilizarse, como un docente que venía desde Loreto, 60 km al Sur de nuestra ciudad, y al horario de salida precisaba alcanzar un colectivo para regresar a su ciudad.

No es fácil para un docente trabajar con adolescentes que viven en zona rural muy cercana a una ciudad. Su modo de ser es muy particular, pues no tienen todos los medios disponibles en una urbe, pero sí tienen la fuerte influencia de la televisión en cada casa, y de las redes sociales con el aparentemente imprescindible teléfono móvil.

Así como en las ciudades resulta muy difícil que algunas personas dejen de atender el teléfono celular para concentrarse en lo importante de su entorno, ese problema se nota en cada lugar de la campaña donde tales teléfonos reciben señal. En las escuelas, el uso indebido del teléfono móvil es una de las causas del retroceso que algunos observadores hicieron notar. Hay retroceso en el uso del vocabulario oral y ese retroceso se percibe más aún cuando se escribe, además de las dificultades evidentes para la comprensión de un texto escrito y de un pensamiento expresado verbalmente.

Hay docentes que luchan contra esa parte triste de la realidad, y la vida laboral se les complica, pues en muchos casos deben “remar contra la corriente” para lograr que los alumnos aprendan aunque sea algo de lo mucho que puede enseñarles la escuela.

Hay alumnos que muestran verdadero interés por aprender, como el caso de un niño que salía de su casa a caballo para llegar a la parada del ómnibus que lo traería hasta la escuela y, así como él, muchos otros que también deben ir contra la corriente que en general descalifica al alumno aplicado y al docente dedicado también.

“Puedes, tienes que poder. Practicando vas a lograrlo”, decía la docente a los alumnos que estaban a punto de desanimarse ante una actividad aparentemente difícil. En más de una ocasión, no faltó quien dijera: “Usted exige mucho a los alumnos”, recibiendo como respuesta: “Es bueno para ellos el prepararse para las exigencias de la vida”.

Quien tiene el sueldo “asegurado” puede ocuparse de su trabajo con buen ánimo, o puede hacerlo a desgano, dejando que las horas, los días y los meses pasen, pues el sueldo vendrá de todos modos. Hay de todo en todas partes y, aunque poco se note, en todas las actividades encontramos gente que intenta trabajar para bien de la Patria.

Pasaron los años, llegó la jubilación y, nadie dijo como en el poema de Landriscina: “No se vaya, Señorita Rosa”. Hubo los correspondientes deseos de una mejor vida, seguidos de un abrazo y la promesa de encontrarse en algún momento. Los alumnos estaban en clase; algunos saludaron tímidamente con una mano por la ventana del aula.

Pasado un tiempo, la recientemente jubilada recibió un mensaje invitándola al acto en que le harían una buena despedida. Llegó a la escuela en pleno recreo, y sus ex alumnas se acercaron para abrazarla cariñosamente. El telón del escenario exhibía un texto emocionante. Durante el acto, los discursos de sus colegas se refirieron al empeño que había puesto en su trabajo la docente homenajeada, siempre procurando lo mejor para los alumnos, aconsejándoles para un buen desempeño en la vida, más allá de las calificaciones a lograr en los estudios. Se recordó también cómo a sus alumnos les inculcaba que nunca debían olvidar su origen santiagueño y que debían amar a su Patria Argentina.
La emoción, la alegría, las risas, la admiración por los logros de los alumnos artistas… todo ello rondó el patio de la escuela en la cálida mañana de Noviembre.

Como un aluvión de recuerdos se hicieron presentes: El primer día en esta escuela, los momentos de alegría, los intercambios de ideas respecto a los mejores modos de llevar adelante entre todos a la institución, los acuerdos, los desacuerdos… todo lo que hace a la vida de un organismo dedicado a educar a la futura ciudadanía.

Un momento de honda emoción fue cuando el Director de la escuela dijo a la docente que ya se iba definitivamente: “Vuelva… cuando quiera o necesite venir, venga. Aquí la esperamos con todo el afecto y reconocimiento que supo ganar y que posiblemente nunca se lo dijimos. La esperamos, docentes, alumnos y padres”.   

19 de Noviembre de 2.019.

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