


Dicen cuando un grupo de teritos alza vuelo alarmado, o pasa en vuelo con cierta altura sobre la gente. Uno escucha, sabiendo que se llama tero tero, teru teru, o simplemente tero, y escucha que esa hermosa avecita dice: “Teru, teru, teru” o, más castellanizado: “Tero, tero, tero, tero”. En otros países tiene nombres ligeramente parecidos, según lo que hayan escuchado los anteriores habitantes. El nombre más parecido al que le adjudicamos es el que le dan en Brasil: Quero quero. En realidad, esta bella ave zancuda no dice ninguno de los nombres que se le adjudican, pues no es capaz de articular palabras; la gente paisana le puso un nombre cercano a lo que sus oídos le sugerían.
El tero es un animalito muy tenido en cuenta, por su aspecto bonito y porque hasta cierto punto, tolera la presencia humana en sus propios territorios. La simpatía despertada por el tero hizo que en Uruguay fuese declarado ave nacional, además de emblema de una selección nacional deportiva y otras consideraciones; además, en el canto popular hay canciones que lo nombran. En Brasil también tiene dedicadas canciones folclóricas.
En Argentina, el tero tero es destinatario de creaciones musicales en distintos ritmos folclóricos. En Santiago del Estero hay para el terito un gato con música de don Sixto Palavecino, al que Cacho Lobo puso letra y tiene como nombre El canto del tero. La melodía de este gato ha sido tomada por un folclorista boliviano que le puso otra letra, otro nombre y, al cantarlo, lo presenta con ese otro nombre, con su autoría de la letra y respetando el nombre de quien creó la música.
En la música folclórica tenemos otras aves que son recordadas por músicos y bailarines, como El túaj, danza creada por el profesor José Hilario Gómez Basualdo. En el habla quichua, túaj es el ave que en el Litoral Argentino es llamada chajá. El nombre es onomatopéyico; es decir que, es una palabra que imita a un sonido. El nombre chajá imita al grito, canto o llamado del chajá, que es un grito doble, que parecería decir “chajá” o “yajá”, aunque a veces se insinúa una tercera sílaba. No olvidemos que las palabras quichuas son de acentuación grave; el nombre de esta ave de llanura es túaj, con acento en la letra u. La acentuación distinta suena desagradable.
Hay un pajarito que suele pasar desapercibido en los montes santiagueños. En esas caminatas que habitualmente uno hace entre los árboles del pago, se puede escuchar el chirrido del roce de dos ramas movidas por el viento. Muchas veces, suele llamarnos la atención que aparece ese sonido sin que haya viento que mueva al ramaje. A veces suenan las ramas por un roce causado por huayra, el viento, pero otras veces se trata de un pájaro al que la gente sachera ha llamado ckeo. El ckeo suele estar posado en una ramita, o anda entre ellas y, cada tanto, se hace oír diciendo algo así como: “¡Quéeeo!” Es un llamado de dos notas, que a veces se repite en un tono más bajo. Si uno consigue atraparlo, el pajarito protesta repitiendo su reclamo. No hay para qué capturarlo, así que es mejor dejarlo andar tranquilo, haciendo sonar el ramaje de su voz. La acentuación de la palabra ckeo también es grave, en la e, para que la imitación del sonido sea más cercana a la realidad y para mantener esa característica del quichua.
Andando por la vida, encontramos una gran cantidad de nombres de seres y de objetos, que se originan en un sonido. Esos nombres onomatopéyicos son una reproducción fiel o no tanto, dependiendo del ambiente en que fue escuchado el sonido y el oído del oyente.
Cuando vamos a transmitir un sonido usando nuestra palabra, nunca estaría de más aclarar: “Si el oído no me miente”…
10 de Marzo de 2026.
