


Reclamó una persona cerca de un receptor. Ante la pregunta de un sobrino, aclaró: “Parecen porteños”. El sobrino le dijo que los locutores estaban hablando bien. Entonces, decidió explicarle que se puede hablar bien, manteniendo la pronunciación y entonación, llamada “tonada”, de la forma de hablar de la región de uno.
Aprovechó para recordar que antaño, algunos locutores provincianos formados en el instituto de Buenos Aires que habilita para ser locutor, se quejaban de que allá los habían obligado a usar entonación y pronunciación de porteños, como la gente de Buenos Aires. En la década de 1990 se “popularizaron” muchas cosas, incluso las radios. Hasta entonces, las radios que transmitían en amplitud modulada (AM) eran pocas y sus locutores eran elegidos entre los que mejor hablaban, especialmente si tenían el carnet habilitante; las radios que modulaban en una banda de frecuencias (FM) eran muy pocas, nuevas, y se dedicaban a la música de muy alta calidad.
Con la apertura de las importaciones orientales, existía la posibilidad de comprar equipos menos costosos, y una serie de desregulaciones permitió que se disparara la instalación de radios FM en los barrios y en los pueblos alejados de las ciudades. Otra desregulación dejó de exigir un documento habilitante para ejercer la locución en esos nuevos medios de difusión
Poco a poco, en los medios de comunicación, el cuidado y buen gusto en el habla fueron sustituidos por otra forma de hablar, plagada de lunfardo y expresiones demasiado vulgares; poco a poco, las palabras soeces fueron teniendo espacio, al tiempo que las muletillas se multiplicaron, siendo que antes eran pocos los locutores que usaban las escasas muletillas existentes, como el clásico: “esteee…” que algunos usaban pese a las críticas.
Lo que siguió imbatible es el modo de hablar que se copiaba de Buenos Aires, por obligación o por voluntad propia. Por si fuera poco, los locutores de Buenos Aires comenzaron a imponer el uso errado de algunas palabras, por ejemplo: El verbo marino zarpar pasó a ser utilizado con otro sentido, totalmente diferente; también le ocurrió a la palabra baranda, que define a un elemento de protección en escaleras; más adelante, le tocó el turno a la poética palabra bardo, y así seguimos, de mal en peor.
Por alguna razón que desconocemos, hay gente que se muestra más dispuesta a aprender un error que un acierto. Entonces, parece ser que, si algo es dicho en la televisión de Buenos Aires, rápidamente será copiado y repetido por la gente de lo que ellos llaman “interior”. Si es gente de los medios de difusión, lo dirán “en porteño”.
También están las palabras que son introducidas o modificadas en su sentido tomando el ejemplo de otros países, con otros idiomas, considerados dominantes, que dominan especialmente a quienes desean ser dominados. Se ve y escucha en publicaciones, en locuciones radiales y televisivas, en debates entre grandes administradores de la cosa pública, etc. Todos ellos utilizan sin necesidad, palabras de otros idiomas reemplazando al castellano, el idioma oficial de Argentina.
Entre las palabras modificadas y “extranjerizadas”, destacamos la palabra bizarro, que en castellano significa valiente, generoso, lucido, espléndido; por eso es que en una parte de la marcha Mi Bandera, dice: “… y llena de orgullo y bizarría, a San Lorenzo se dirigió inmortal.” También tenemos por ejemplo la zamba tucumana Debajo de la morera: “Al ver tu estampa bizarra acuden a mi memoria…”, además de otros temas musicales como Gatito para un cochero, letra de Marcelo Ferreyra, y escritos varios anteriores a los años dos mil. Desde la televisión de Buenos Aires, a comienzos de este milenio, comenzó a usarse profusamente la palabra bizarro y sus derivados con el sentido que tiene una palabra inglesa que suena muy parecida. El mal ejemplo se esparció rápidamente. Lo que más llama la atención es que esa maniobra con el habla se dio en forma simultánea en al menos tres países de nuestro continente: Buenos Aires (país vecino al “interior” argentino), Brasil y Perú.
Es lindo ser santiagueño; si uno es un santiagueño convencido de que lo es y orgulloso de serlo, mejor; si al estar ante un micrófono cuidamos el habla, mucho mejor.
28 de Abril de 2026.
