


Dice el gaucho Martín Fierro cuando se está presentando ante los lectores, como final de una estrofa que dice: “Soy gaucho y entiendanlo, como mi lengua lo esplica. Para mí la tierra es chica, y pudiera ser mayor; ni la víbora me pica, ni quema mi frente el Sol.”
Muchos años después, cuando se encuentra con sus hijos, ya hombres ellos y él bastante mayor, entre otros consejos, les dice: “Para vencer un peligro, salvar de cualquier abismo, por esperencia lo afirmo: Más que el sable y que la lanza, suele servir la confianza, que el hombre tiene en sí mismo”. Es un consejo particularmente valioso, porque es muy cierto que quien duda no logra lo que quiere hacer; es como si se esforzase por alcanzar algo, pero a la vez se negase a lograrlo. Retirando las dudas, todo el sacrificio irá dirigido al objetivo y, con poco esfuerzo, se podrá alcanzar objetivos que sin confianza serían casi imposibles.
La preparación previa nos proveerá la necesaria confianza en la destreza propia; por eso es que los atletas entrenan y los músicos ensayan. Ante cualquier desafío que debemos enfrentar en la vida, la confianza nos ayuda a hacer lo que sea, libre de las tensiones que suelen atarnos de manos y pies. La fe religiosa puede ser un sostén muy firme para no asustarse ante los peligros, aún cuando no estemos debidamente preparados. De todos modos, no debemos olvidar el refrán español que dice: “A Dios rogando y con el mazo dando”; nos sugiere que es muy bueno pedir la ayuda divina, pero a la vez colaborar con esa ayuda poniendo lo posible de nuestra parte. Al decir “mazo” está hablando de un martillo pesado que se utiliza para ciertos trabajos, también llamado maza.
En cuanto a la víbora, ella no pica, sino que muerde, tiene la boca con una forma y funcionamiento especiales para inyectar veneno al morder, y también tiene la particularidad de poder tragar presas que se ven grandes para la boca y garganta de este reptil, pero en el momento de alimentarse, el acto de tragar a una presa se ve similar a enfundar un objeto, en el que la funda es la víbora misma.
En nuestra región y prácticamente en toda la Argentina, las víboras venenosas son básicamente cuatro: yarará, víbora de la cruz, víbora de cascabel y víbora de coral. La yarará, la más agresiva de las cuatro, suele medir cerca de un metro de longitud; su color es pardo y formando dibujos en todo el cuerpo.
La víbora de la cruz o yarará grande, tiene en su cabeza un dibujo en forma de cruz o ancla, y suele alcanzar hasta un metro y medio de longitud.
La víbora de cascabel es también peligrosa, pero cuando está por atacar sacude su cola, en cuyo extremo tiene un cascabel formado por piezas córneas, que hace un ruido muy particular, fácilmente reconocible por no ser un sonido habitual. Esa advertencia sonora puede evitarnos un encuentro y al animal le evita pisotones.
La víbora coral es más del Noreste argentino, puede llegar a medir casi un metro, llama la atención por sus colores alternados negro y blanco seguido de una franja roja. Su cabeza es muy pequeña y su boca también; es escurridiza, huye ante cualquier movimiento extraño, así que es muy poco común una mordedura de la coral, salvo en laboratorios donde las manipulan.
Si uno las evita, es muy poco probable que reciba la mordedura de una serpiente, que casi siempre ha de ser una yarará. En caso de necesidad, se debe llamar a especialistas en captura de estos animales. Si ocurrió una mordedura, se debe evitar el pánico y llevar a la víctima a un hospital; no hacer torniquete alguno ni cortes en la zona mordida, no chupar pretendiendo sacar el veneno (es una pérdida de tiempo), se le debe dar de beber agua o bebidas azucaradas, no dar bebidas alcohólicas, aflojar o quitar la ropa del miembro afectado, pues se inflamará.
Ni la machájhuay (víbora) nos pica ni nos quema el Inti (Sol), si tomamos los cuidados necesarios.
12 de Mayo de 2026.
