


Suele decir uno a la hora de ir cada uno a su casa, después de haber compartido un muy buen momento en grupo. Ese momento puede durar unos cuantos minutos, varias horas e incluso unos días.
La palabra quichua tíncuy es el verbo juntar, reunir; el infijo nacu indica reciprocidad, así que tincunácuy sería reunirse, que también puede considerarse sustantivo para decir Suj tincunácuy (una reunión), por ejemplo. En nuestro pago y en otros, a una reunión festiva la llamamos “juntada”; por lo tanto, la palabra tincunácuy es exacta para definir un encuentro de amigos con ánimo de celebrar algo. Son inolvidables para la gente “de antes” del Alero Quichua Santiagueño los tincunacus que se hacían a la salida de la radio, después de hacer el programa dominical, en el que se cantaba un poco y uno quedaba con ganas de seguir compartiendo el canto hasta el anochecer.
En los primeros tiempos del Alero Quichua, nuestra gente solía juntarse en el local de Alberto Orellana, a pocas cuadras de Radio Nacional; cuando el grupo llegaba, don Sixto se acercaba al amigo Orellana, que se ocupaba de la parrilla, y le preguntaba: “¿Qué canquita (asadito) estás preparando?” La pregunta apuntaba a saber qué cortes de carne había en la parrilla, y el resultado de tal pregunta fue que los amigos pasaron a llamar Canquita al cantor, autor y genio gastronóminco Alberto Orellana.
Otro lugar habitual de juntadas a la salida de la radio, era la casa de don José Marcelino Ruiz, que promovía el tincunácuy a la sombra del gran algarrobo de la calle Quichua, a pocas cuadras de la esquina de avenida Belgrano y calle Suárez. Era tal el entusiasmo y lo lindas que eran esas juntadas, que algunos solían caminar desde la radio hasta la casa de don José Marcelino y doña Severa; eran unas veinticinco cuadras que transitaban alegremente como quien conversar.
La palabra tanta significa pan y, por esas cosas del habla humana, también significa reunión, encuentro; así que tantanácuy sería similar a tincunácuy, aunque la costumbre del hablante hizo que tincunácuy fuese lo que llamamos una juntada, una reunión, y tantanácuy una gran reunión, de dimensón grande, por ser multitudinaria.
El Viernes y Sábado pasados, hubo en la ciudad de Santiago del Estero un tantanácuy de poetas y escritores en la biblioteca Agustín Álvarez. En este año, la biblioteca está cumpliendo un siglo de existencia. Como parte de los festejos por el centenario, el grupo de Poetas, Escritores, Artistas y Amigos de la Biblioteca Agustín Álvarez, organizó para los días 15 y 16 de Mayo, el Primer Encuentro Nacional e Internacional de Escritores “Voces del Centenario”.
Participó del encuentro una linda cantidad de poetas y escritores de distintas provincias argentinas, además de Bolivia y Colombia. También hubo participación de gente de la música folclórica; la gente del Alero Quichua Santiagueño que cantó fue Sebastián Barraza, Quique Quintana, Hugo Almendra y el Dúo Quichuamanta. Además, aportó su hermosa voz la cantante Carol Anríquez.
También hubo en este fin de semana, pese a que entró una masa de aire frío y el Sábado hubo lluvia, una buena cantidad de tincunacus, lindos encuentros por distintos motivos. Hemos participado en un tincunácuy ancha súmaj (encuentro muy lindo) motivado por un cumpleaños. Hubo una mesa compartida y, como postre inmaterial, una buena guitarreada, con cantores a cual mejores; incluso hubo una chacarera nuevita en homenaje a quien cumplía años.
El Domingo, el día se puso diáfano y, en el Patio del Indio Froilán, hubo una multitud a la que se podría llamar tantanácuy por el gran encuentro con un objetivo en común, que es en este caso compartir la música criolla argentina, especialmente la de Santiago del Estero. Había gente de distintas provincias entre cantantes, músicos, bailarines y espectadores.
Este fin de semana, coincidente con el gran tantanácuy religioso del Señor de los Milagros de Mailín, ha sido particularmente lindo, con juntadas de toda laya.
19 de Mayo de 2026.
