


Dijo el hombre con gran sentimiento. Había ido a darle el pésame a un amigo por su viudez. Sabía que la pérdida de quien había sido “su otra mitad” durante medio siglo, era en ese momento tan grande como la soledad que se veía venir. La falta de ánimo para con el futuro había alarmado al amigo, que prefirió expresarle en ese momento lo que era evidente.
Era un matrimonio muy querido, por la amabilidad de ella y por la cantidad de habilidades de él, que invariablemente eran puestas al servicio de la gente con la que compartía el afecto. ¿Qué pasaría ahora, sin la presencia agradable de ella y con él derrumbándose? Los amigos y compañeros de trabajo veían tambalear a su mundo cotidiano. Más allá de lo serviciales que podrían haber sido estas personas, ahora se preocupaban sinceramente por su amigo, para el cual siempre habían deseado lo mejor, como buenos vecinos y amigos.
Al ver tanta gente solícita alrededor, no faltó quien comentase la letra del tango Sus ojos se cerraron, de Carlos Gardel y Le Pera: “… Yo sé que ahora vendrán caras extrañas, con su limosna de alivio a mi tormento…” Pero los demás le recordaron que en ese velorio estaban los afectos más cercanos, entre familiares, amigos y compañeros de trabajo. Después del sepelio, el viudo siguió acompañado por hermanos, sobrinos, hijos, nietos y algunos vecinos. Algunos parientes habían venido de otra provincia. Todos los primeros días, los más dolorosos, los pasó acompañado en forma permanente. Volvió a uno de sus placeres: El trabajo y, poco a poco, la sonrisa volvió a su rostro.
En esos días en que habían temido perderlo también a él, la gente del trabajo y los familiares habían podido percibir que esta persona era muy necesaria para ellos, tal como lo había dicho uno en los momentos más difíciles. Pronto esta pérdida de una integrante de la pequeña comunidad de esa casa, de esa cuadra y del taller, ha mostrado que después de una derrota, uno puede fortalecerse, como esta gente que pasó a ser más amable, como recordando que en cualquier momento podemos perder a la persona con la que olvidamos ser mejores. Además, en mayor o menor medida, cada uno deseamos ser bien recordados en el futuro.
Una vez que nacemos, se abre ante nosotros un abanico de caminos a seguir. Por elección o circunstancias de la vida, vamos rumbeando por distintas opciones de caminos. Mal que mal, siempre tenemos la posibilidad de elegir, aunque sea que solamente se nos presente una bifurcación para elegir entre un lado y otro, y así vamos por la vida, hasta que llegamos a momentos supremos en que debemos optar entre luchar o entregarnos. En ese andar por los caminos de la vida, es muy importante ser cuidadosos para no marchar causando daño al prójimo; también debemos cuidarnos a nosotros mismos, para no caer en trampas de algunos de los que están en esta variada “viña del Señor”.
La premisa sería la de mantener un equilibrio: “Ni tan confiado, ni tan desconfiado”. La vida se sostiene gracias a una serie de equilibrios. Cuando algo fundamental se desequilibra, podemos terminar con un informe médico que dirá, fríamente: “Se descompensó y no se lo pudo recuperar”.
04 de Agosto de 2026.
