Por Crístian Ramón Verduc
Destacado escrito el día:  31/05/2011
El arte existe para promover y compartir la felicidad.

El arte existe para promover y compartir la felicidad. Hay distintas manifestaciones artísticas que estimulan las percepciones humanas. El mensaje artístico recibido por los órganos de los sentidos del espectador suele provocar una comunicación con el artista en un plano que supera lo meramente físico que pueda transmitir una imagen, un sonido, un aroma u otra manifestación artística, desde la más simple hasta la más elaborada. La comunicación humana que porta el arte es una comunicación espiritual.
 
Un lugar donde se encuentra una conjunción de manifestaciones artísticas es el circo, lugar mágico para los niños y los adultos. Cada vez que llega un circo al pueblo, a la ciudad o al barrio donde uno vive, hay una alegre inquietud sin tiempo que se despierta en nuestro interior. 

El circo tiene su historia. Generalmente, cuando se piensa en los circos antiguos, la mente va hacia el circo romano con sus sangrientos espectáculos de carreras y luchas a muerte entre gladiadores, gladiadores contra prisioneros, guerreros contra animales o prisioneros contra animales feroces. Cuando hablamos del circo moderno, pensamos en trapecistas, acróbatas, contorsionistas, payasos, equilibristas, magos y muchos otros especialistas en despertar la admiración del público mientras procuran su propia superación. 

El Circo Criollo nació en Buenos Aires a fines del Siglo XIX y se extendió por toda Argentina. Posiblemente existan aún algunos circos criollos entre los que visitan exclusivamente pequeños pueblos o barrios periféricos de las grandes ciudades. El espectáculo del circo criollo presentaba una primera parte en la que presentaban a los habituales números circenses. La segunda parte consistía en la presentación de una obra teatral criolla. Parece ser que la primera de las representaciones efectuadas por los circos criollos ha sido Juan Moreyra. En las provincias se han ido incorporando otras obras, como Mate Cosido, por ejemplo. 

La dramatización de la historia de Mate Cosido se incorporó bien entrado el Siglo XX, pues relata la vida del tucumano David Segundo Peralta, que se adentrara en el Chaco perseguido injustamente y se dedicara a promover asaltos contra los grupos económicamente poderosos para ayudar a los más necesitados. La obra y la historia muchas veces fue anunciada como Mate Cocido, por confundir la infusión de yerba mate (cocido por cocción) con el apodo que tenía Peralta a causa de una cicatriz en su cabeza. El rudo humor criollo le puso el sobrenombre por llamar Mate a la cabeza y hacer alusión de que la misma había recibido puntos de sutura, por lo que estaba cosida (con una costura). De ahí el nombre Mate Cosido, con la habitual picardía criolla que se solaza usando parónimos. 

En las representaciones, los artistas que hacía pocos minutos habían demostrado las habilidades propias del circo tradicional, se transformaban en actores y actrices. En las escenas donde hacía falta mucha gente, solían sumarse vecinos que hacían las veces de soldados o de gauchos y generalmente participaban de ruidosas contiendas. De ahí surgían casos graciosos que luego eran largamente comentados, como los de quienes aprovechaban la ocasión y en el tumulto golpeaban a un vecino con el cual tuviesen un conflicto, aunque en la obra estuviesen en el mismo bando. Más de un extra ha sido expulsado por el dueño del circo en plena obra, por haber gritado alguna obscenidad. 

En su afán por presentar un espectáculo completo, la gente del circo criollo ofrendaba todas sus habilidades y de esas situaciones surgían otras anécdotas, como la de un dueño de circo de barrio que en el lapso entre la primera y segunda parte, anunciaba: "Ahora, a pedido del público... ¡Que cante mi hija!" 

En los circos clásicos de mayor porte y gran prestigio, que recorren distintos países con espectáculos cada día más asombrosos, son pocos los artistas que practican una sola especialidad. Si uno presta atención, en determinado momento va a ver a un arriesgado equilibrista que nos pusiera tensos con su acto minutos antes y que ahora está ayudando a otros artistas y luego sube a una motocicleta para entrar en El Globo de la Muerte, por ejemplo. 

Cada vez es mayor la cantidad de circos que presentan números exclusivamente de seres humanos, por la creciente toma de consciencia colectiva respecto a la explotación o maltrato a los animales. Para poder continuar libres de sospechas, los circos están evitando también los artistas precoces, los que seguramente están desarrollando sus aptitudes como quien jugar e imitar a sus mayores. 

Es que el circo es un cúmulo de sueños que nos transporta a la infancia. Muchos hemos soñado alguna vez que podríamos ser artistas de un circo, viajar por el mundo, ser aplaudidos y admirados, vivir en un mundo de luces, música y vuelos por el interior de la mágica carpa. 

Esa vida color de rosa que uno imagina al pensar en la existencia de la gente de circo, en realidad es una vida especial de gente con una función especial dentro de la sociedad. Es una vida, y la vida podría compararse con una planta de rosas, donde junto a la belleza y el aroma de la flor están las hirientes espinas. Esa mezcla de gustos y disgustos que hacen a la vida cotidiana de cualquier hijo de vecino, también está en el circo. No siempre la venta de entradas supera los gastos del día; no siempre la salud y el estado de ánimo está igual; no todos los sueños se cumplen; no siempre se está gustoso al pasar largas temporadas lejos del lugar donde uno fue niño. 

"Con dolores en el cuerpo y en el alma, hay que salir al escenario", solía decir Argentino Luna. En su caso, y en el de los otros cantores criollos, son las ganas de decir su canto lo que los pone por encima de las adversidades. En el caso de los artistas de circo, ya sea en los últimos circos criollos que andan por los pequeños poblados o en los grandes y luminosos circos de las ciudades, lo que moviliza a los artistas es una llama que lejos de quemarlos o consumirlos, los llena de esa fuerza interior que nos transmiten desde un trapecio, desde una cuerda o desde la pista. 

Es un niño soñador que, desde su corazón y por medio del arte, le dice a nuestro niño interior que estamos juntos, que estamos unidos por lazos invisibles que confirman la fraternidad existente entre todos los que están bajo la carpa del circo. 

Mientras haya un niño en el mundo, el circo seguirá existiendo. Si nos miramos bien a nosotros mismos, descubriremos en lo profundo de nuestro ser a un niño soñador y sediento de aventuras. Felizmente, hay circos para rato. 

31 de Mayo de 2.011.

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