Por Crístian Ramón Verduc
Destacado escrito el día:  30/08/2011
Es pecado que el Hombre se lleve, al morir, sus gritos...

“Es pecado que el Hombre se lleve, al morir, sus gritos. Es como no haber nacido, como un desaire al Creador, que la palabra le dio con la razón y el sentido.”

Este pensamiento de Pablo Raúl Trullenque define la prédica que lo ha llevado a trascender la muerte, justamente por no haberse llevado con él sus pensamientos y sus sentimientos. Hoy gran parte del país folclórico interpreta creaciones trullenqueanas, tanto cantadas como recitadas.

Como tantos santiagueños, se ausentó del pago natal, como él mismo lo explicaba: “Buscando horizontes de oro me fui alejando del pago…” Gente que no siente en carne propia esa situación, suele preguntar al provinciano nostalgioso “¿Por qué no vuelves a tu tierra y dejas de sufrir?” Trullenque sintetiza una de las realidades del pueblo emigrante: “Después, fue ese falso orgullo de no volver con las manos vacías del ansiado triunfo.”

La vida de Trullenque fue transcurriendo entre Buenos Aires y Santiago del Estero. Se dedicó con vehemencia a exaltar a los caudillos federalistas y fustigar el centralismo, la explotación y racismo entre hermanos, la destrucción del ambiente natural en nombre del progreso con sus graves consecuencias para la población. También cantó a las ciudades que se unen por el Río Dulce, con el vals Ciudad de La Banda y el vals Serenata a Santiago. El vals bandeño logró más popularidad que la bella serenata donde nombra los lugares representativos de la Madre de Ciudades y recuerda a personajes y puntos de encuentro hoy casi olvidados, como el boxeador Francisco “Chiro” Suárez, el futbolista “Ita” Luna, el basquetbolista Rafael “Chafa” Lledó, el Bar y Billares Tokio, la acequia de la Avenida Belgrano, el diariero o canillita Laureano...

No dejó de rendir homenaje a los músicos y cantores santiagueños en el escondido Fiesta Grande en Santiago, donde comienza diciendo: “Sobre el mapa santiagueño quisiera a todos poder reunirlos, en una fiesta bien nuestra, a los que están y los que se han ido.”

Después hizo una versión mas actualizada con el escondido Fiesta Grande en la Salamanca, procurando completar la nómina de personajes de la cultura criolla santiagueña, como si fuese un cronista de la actividad de su querido Santiago.

Su obra Salud, Santiago del Estero, Ciudad Madre de Ciudades ha sido interpretada por diversos cantores santiagueños y vuelta a difundir en los nuevos festejos de aniversario de la ciudad. La voz de Trullenque relata en verso el devenir histórico en nuestro terruño desde la Primera Entrada de Diego de Rojas hasta después de la Autonomía Provincial, mirando con optimismo hacia el futuro.

Otra obra en la que participaron compositores e intérpretes de gran valía ha sido Grito de un Viejo Silencio, trabajo poco difundido, que tiene la finalidad de fustigar la explotación irracional y la incompetencia de quienes deberían dedicarse a trabajar por el bien común. En esta obra se escuchan expresiones como: “Por unas pocas monedas se compra el hombre, la tierra, y con el menor esfuerzo se logran grandes ingresos, aunque arriando la bandera.” Decía no conocer otras tierras, salvo nuestra Patria “que aún sangra por las heridas de los obrajes sin alma donde felones izaban la calavera y las tibias”. “Ricos latifundios fueron vendidos por dos centavos a capitales portuarios. Miles de hectáreas de bosques traficados en la noche para reserva de esclavos”.

Dijo que su relato era “una historia sin tiempo; lugar y fecha: La Vida.” A muchas de las afirmaciones de Trullenque hay que comprenderlas con una amplitud mayor que la circunscripta a nuestros pagos pues, como dicen los españoles: “En todas partes se cuecen habas.”

Cuando Trullenque critica las prácticas esclavistas existentes en los obrajes madereros, queriendo o sin querer está también haciendo un llamado de atención respecto a los obrajes de hilandería y otras formas de explotación rural o urbana que existieron y que subsisten por causa de muchas fallas que atraviesan generaciones. Hizo mención de algunas de esas fallas que de algún modo mantenemos: “… entonces ¿pa qué remar? Está el hombre y está el hacha. Y palpitando, la lacra del funcionario venal.” “Fomentando la ignorancia se convierte al pueblo en masa. Es así como se saca de la incultura ventaja.” “La salud, la educación, no es algo que el corazón de los poderes lastima…” “No es la culpa del chancho dice un antiguo refrán. Si quien debe administrar la justicia entre los pueblos le da de comer al cerdo…”

Seguramente Trullenque sabía completo el refrán español que la mayoría conocemos como una aceptación de que en todas partes encontraremos lo mismo. “En todas partes se cuecen habas… y en mi casa, calderadas”, parece ser que es el refrán completo. Por eso, si sabemos que en todas partes es así, tenemos que ver de arreglar lo nuestro, y antes de ver la forma de corregir, tenemos que saber que existe el mal. Si no, quedamos engañándonos y queriendo engañar ofreciendo todo el tiempo un falso panorama ideal respecto a nuestro pago, nuestra casa.

Desde la distancia, la tierra de uno aparece como el lugar ideal. Trullenque no fue ajeno a ese sentimiento que nos hace decir: “no hay tierra como la mía” e ilusionarnos hasta que “La sed de volver provoca espejismos de nostalgia.” “Mirando yo ese espejismo, he vuelto al suelo añorado… ya no era la esquina mía; mis sueños me habían robado.”

La poesía de Pablo Raúl Trullenque puede ser descriptiva, nostálgica, romántica, o puede ser duramente crítica; pero una crítica que puede recitarse o cantarse ante el público, pues usaba expresiones fuertes con vocabulario correcto. Como él mismo escribiera: “Por que pese a su dolor, no disparaba al montón: apuntaba a la injusticia.”

Manifestó su fe cristiana al afirmar: “Sólo por Él creo en mí, en mi Patria y en mi signo. Cristo vió por los de abajo bajo el pie del despotismo, desde la cruz del martirio, desde el centro del amor…”

Maduro, moldeado por una vida de “mucho penar andando lejos del pago”, volvió a Santiago del Estero manifestando: “Por que he bebido la vida/ ya no le temo a la muerte./ Sé que un día dirá Presente,/ vivir tiene un alto precio./ Sólo me duele el silencio/ de las cosas que envejecen.”

La muerte se hizo presente en la siesta del 5 de Septiembre del año 2.000. El poeta y letrista ya había dicho lo suyo. Había llegado el momento en que sus huesos, piel y sal abonasen el suelo natal. Había expresado en una de sus coplas: “Los pueblos tienen raíces,/ sus tradiciones, su Historia;/ por eso es que aman sus bardos,/ que son también su memoria.” Y así se dio, pues Pablo Raúl Trullenque es admirado y apreciado. Vive en su poesía y en las letras que canta una gran cantidad de solistas y conjuntos folclóricos. Seguramente la muerte está muerta de envidia.

30 de Agosto de 2.011.

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