Por Crístian Ramón Verduc
24/01/2012
Eso es una chía, dijo un chango sonriente.

“Eso es una chía”, dijo un chango sonriente. Con esa afirmación hacía saber que el desafío le parecía ínfimo. En el habla popular santiagueña la expresión “es una chía” significa que es poca cosa o es muy pequeño. Por ejemplo, se puede escuchar afirmaciones como: “Ese trabajo, para mí es una chía”, o : “Ese caballo es una chía a la par del mío”.
El quichuista santiagueño llama chía a la liendre. Liendre es el huevo del piojo. El piojo suele ahovar en el pelo del ser al que invade, fijando la liendre como una fruta indeseable en el tallo capilar. Hay piojos que se alojan en el cuero cabelludo del ser humano; hay piojos de distintos animales mamíferos y hay piojos de las aves.
En nuestros pagos, al piojo de las aves se lo llama Ita. Suelen decir que las itas atacan también al ser humano si éste se acerca a nidos de aves que tengan muchos de estos parásitos externos. Un caso así suelen ser los gorriones; también puede ocurrir con las gallinas. Cuando se ve a las aves tomando baños de tierra asoleada, es para pensar que las están acosando las itas. Las familias que crían gallinas acostumbran librarlas de las itas con baños de desinfectantes.
Tanto los piojos como las itas suelen dar lugar a comentarios pícaros entre nuestros paisanos, como el de llamar “Itiento” a alguien o bromear con la calvicie de algún hombre diciendo que está libre de piojos por que los insectos resbalan y caen. Un dicho popular es: “Flaco como piojo de peluca”. También se utiliza el apelativo Piojo o Ita para personas de cuerpo menudo. El apodo Piojo se utiliza prácticamente en todo el país.
Las liendres o chías son depositadas por los piojos en un pelo o en una pluma del ser que están usando para alimentarse. La liendre es muy pequeñita, por eso se dice chía también a algo muy pequeño, en sentido figurado.
En los últimos años, nos ha sorprendido en el Noroeste Argentino la llegada de noticias o propagandas de que hay una semilla llamada Chía que tiene importantes propiedades que ayudan a la buena salud del ser humano. Siguiendo esas informaciones nos enteramos de que llaman chía a la semilla de la salvia. Esas semillas son pequeñitas, podríamos decir que del tamaño de una liendre del piojo que ataca al ser humano.
La salvia es una planta que desde la antigüedad tiene fama de ser curativa para distintas dolencias, por eso su nombre derivado del latín indica que salva vidas, que cura. Hay en el mundo distintos tipos de salvia y con distintas propiedades medicinales. También uno puede encontrar publicaciones que informan sobre propiedades alucinógenas de la salvia. Puede ser que, como otros curativos, usada en exceso o en forma errada provoque efectos indeseables. Por las dudas, siempre es mejor manejarse con asesoramiento profesional cuando se use algo nuevo, desconocido o dudoso.
Hay que ser cuidadosos sin caer en el temor obsesivo. Cuando uno decide ingerir algo, está dando entrada en su organismo a sustancias que pueden ser beneficiosas o nocivas. Es mejor preguntar antes de meter algo en la boca, sobre todo cuando no es recomendado por personas confiables. Es muy posible que las semillas de chía que son vendidas en comercios reconocidos se puedan consumir con tranquilidad, experimentando poco a poco para saber si es como dicen las propagandas, o por lo menos si no hay efectos nocivos. Como dicen en nuestro pago: “Probando, nadie se empacha”.
También hay que ser cuidadosos respecto a los lugares por donde uno anda, para evitar traer a la casa esos visitantes indeseables llamados piojos. Ironizando, hay gente que dice que el piojo es un bichito culto, por que frecuenta las escuelas. Tal vez por ser el principal punto de reunión de niños, las escuelas suelen ser el lugar donde los alumnitos son infectados de piojos por algunos de sus compañeros.
Las prevenciones son relativamente simples y las posibles curaciones son muchas. A fin de prevenir la entrada del piojo, hay que revisar habitualmente el cuero cabelludo de los niños, para detectar la posible presencia de piojos o liendres. Para retirarlos, hay peines especiales que no son costosos y hay productos de farmacia muy confiables, siempre que se usen de acuerdo con las recomendaciones de los profesionales, a los que se consulta personalmente o se leen sus indicaciones impresas en el recipiente del producto.
Un remedio habitual de nuestra gente consiste en impregnar el cabello con vinagre y envolver con un pañuelo durante un largo rato; después se lava la cabeza y con un peine fino se retiran las liendres y los piojos que han muerto por causa del vinagre. También hay quienes sugieren usar alcohol con tabaco, o acostumbran hacer hervir hojas de paraíso y lavar la cabeza con esa agua. También dicen que las hojas de paraíso repelen a las moscas y otros insectos, por eso las cuelgan a los costados de los aleros y galerías.
En el Mercado Armonía de Santiago, las vendedoras de productos regionales ofrecen “palo amargo” picado, para hacer hervir y con el líquido resultante lavar la cabeza; dicen que mata piojos y liendres.
Recetas caseras hay muchísimas, desde las que parecen razonables hasta las que suenan disparatadas. Ante cualquier problema, lo mejor es acudir a un médico. La salud y el bienestar infantil no se deben considerar gastos.
Lo que se paga, o el tiempo que se dedica para prevenir, aclarar o solucionar cualquier problema de salud, ya sea de uno mismo o de un ser querido, no es tiempo ni dinero perdido. Si ante la sospecha de un mal grave, luego de la consulta al médico se encuentra que no había peligro, mejor. Si ante la misma sospecha, los estudios médicos confirman que hay un mal riesgoso, hay que pensar que siempre es mejor saber cuanto antes, para tomar las providencias necesarias. La detección precoz de enfermedades suele dar la posibilidad de curar, o de frenar el avance del mal o, en último caso, atenuar el sufrimiento del enfermo.
Todo esto hace a la calidad de vida del ser humano. Las familias y comunidades (pueblo, barrio, ciudad, provincia, país) deben invertir tiempo y recursos en cuidar de la salud de todos sus integrantes; si no se obra así por amor o solidaridad, debe hacerse aunque sea por propia conveniencia, pues el bienestar es tan contagioso como el malestar, y nadie en sus cabales quiere vivir en un ambiente de dolencias y sufrimientos.
Los profesionales de la salud deben convivir diariamente con el sufrimiento de enfermos y heridos, la mayoría desconocidos. Esa convivencia, por fuerte que sea el médico, enfermero o auxiliar, termina por afectarlo, ya sea físicamente o en lo emocional. Cada oficio o profesión tiene sus sacrificios y beneficios. Es responsabilidad de toda la comunidad el lograr que haya equidad y justicia en el reparto de cargas y recompensas entre sus integrantes.
La salud es prioridad, con salud hay posibilidades para alcanzar objetivos y disfrutar de ellos. Habiendo salud, cualquier problema es una chía.
24 de Enero de 2.012.

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