Por Crístian Ramón Verduc
Destacado escrito el día:  02/04/2013
En caso de asalto, se recomienda mantener la calma y no resistirse

“En caso de asalto, se recomienda mantener la calma y no resistirse”. Por distintos medios se escucha esta atinada recomendación de los especialistas en seguridad. La recomendación es buena, apuntando a procurar que los asaltantes no hieran o maten a sus víctimas. También sería bueno que tales especialistas obren de tal modo que el ciudadano no llegue a ser asaltado. En materia de seguridad, la prevención es fundamental. 

Si decimos que todo el mundo paga por seguridad, puede sonar como una expresión exagerada, pero parece que es correcta, pues en cada país los habitantes pagamos impuestos para, entre otros servicios, ser protegidos y defendidos por el poder público, y entre los países han creado toda una maraña de costosos acuerdos por los cuales unos protegen a sus cercanos contra los ataques de los lejanos.
 
Después de la Segunda Guerra Mundial, surgió un esperanzador organismo llamado Organización de las Naciones Unidas. Muy lindo nombre, por que cada palabra del mismo debe de haber llenado de esperanza a los habitantes de todo el planeta que supieron del nacimiento de la ONU. 

Es posible que en nuestro país, algunos ciudadanos hayan pensado que era la oportunidad esperada para que se impusiera la justicia en la relación entre los países, pues el nombre de la ONU sugiere que hay una organización que impulsa la unión entre las naciones. Es sabido que si no hay una relación justa, la unión no es verdadera, y también es sabido que la mentira es muy mala base para cualquier organización. 

Nuestros esperanzados de entonces habrán pensado que por fin se marcarían en forma justa los límites fronterizos con los países vecinos y que por fin nuestro territorio se libraría de la invasión inglesa que ya llevaba tantos años. 

En los diferendos limítrofes con Chile… ¡Hemos aceptado que Inglaterra fuese árbitro! Así es como hemos perdido, o entregado, parte de nuestro territorio nacional. 

En 1.961, la Organización de las Naciones Unidas creó el Comité de Descolonización, como un declamado intento para acabar con los anacrónicos casos de colonialismo en el mundo. Para entonces, los países americanos veníamos festejando desde hacía varias décadas la libertad e independencia de nuestras naciones, anteriormente colonizadas por reinos europeos. 

Sería largo enumerar los casos en que la ONU actuó a favor de sus principales asociados, igual que las veces en que tales asociados principales no acataron resoluciones de la organización mundial. Es posible que cualquier ciudadano de cualquier país habrá llegado a pensar que la meneada unión entre las naciones era solamente una mentira más para disimular pillerías. 

En el continente americano hay casos de colonialismo reconocidos como tales por el Comité de Descolonización de la ONU, de los cuales la mayoría son producto de la invasión colonialista británica. Hay otros casos de colonización europea en América que aparentemente no son considerados por el Comité, como la Guayana Francesa, que alegremente figura como “territorio de ultramar” de Francia, por ejemplo. 

Casi todos los países de nuestro continente participaron en la firma del Tratado de Asistencia Recíproca (TIAR) en 1.947. También casi todos intervinieron en la creación de la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1.948, seguramente con la esperanza de que juntos consolidemos las soberanías obtenidas con la sangre de tantos patriotas criollos. 

La relación de Argentina con Gran Bretaña y Estados Unidos es para estudiarla con mucha atención. Muchos de los patriotas argentinos de 1.810 acudieron a esos dos países en busca de apoyo para emanciparnos de España. En 1.831, Luis Vernet actuó contra la depredación perpetrada por buques de los Estados Unidos en las Islas Malvinas, lo que provocó la reacción del comandante de la fragata USS Lexington, que destruyó totalmente el armamento de los criollos y saqueó las instalaciones argentinas en Puerto Luis (Islas Malvinas), tomando prisioneros a los pobladores. 

En Enero de 1.833, los británicos invadieron las Islas Malvinas, expulsando a los pobladores argentinos. Menos de dos años después del bárbaro ataque estadounidense, los ingleses perpetraron el robo de este territorio lejano a su país. 

Pese a los reclamos argentinos, las Islas Malvinas continuaron en poder inglés. No hubo ONU, OTAN o TIAR que pudiese (o quisiese) remediar este delito. 

Faltando meses para que se cumpliesen 150 años de ocupación británica, el 2 de Abril de 1.982, los argentinos nos hemos emocionado al saber que las Malvinas eran nuevamente nuestras, que fuerzas militares las habían recuperado, que el Capitán Pedro Giachino había muerto en combate, pero que los británicos se habían rendido. 

En la población argentina hubo una euforia inicial ante la recuperación de lo que nos habían robado, seguida de las advertencias de algunos respecto a que las guerras las ganan quienes están mejor en su economía. La llegada de la fuerza de tareas despachada desde Inglaterra y desde la también invadida Gibraltar, dio lugar a combates donde se destacaron, por un lado, el heroísmo de las tropas argentinas y acciones aeronáuticas ejemplares; por otro lado, la experiencia, el equipamiento adecuado, y el apoyo estadounidense y chileno a los invasores británicos. 

De los países americanos, se destaca el apoyo decidido por parte del Perú para con Argentina. En algún vecino, pese a que oficialmente hubo apoyo a la causa argentina, la prensa hizo estragos en el sentimiento latinoamericano del pueblo, anteponiendo la plaga de la rivalidad futbolística y la simpatía hacia los cowboys, las reinas y los príncipes. 

Es sabido que a partir del 14 de Junio de 1.982, nuevamente las Islas Malvinas están bajo dominio inglés, que la Comunidad Europea las llama “territorio europeo de ultramar”, que las Naciones Unidas pretenden que continúen las cosas como están, considerando a las islas como territorio en conflicto, a contrapelo de lo que dicen la Geografía, la Historia y su propio Comité de Descolonización. 

Hace poco, los invasores han promovido una votación de los británicos que viven en las islas para que decidan si son lo que son o no. El resultado ha sido el esperado: Los británicos que viven en los territorios invadidos quieren seguir siendo británicos. Esa consulta entre “puros ellos”, al igual que la propaganda internacional o la fobia que nos quieren imponer contra lo nacional, no tienen nada que ver con la realidad: LAS ISLAS MALVINAS SON ARGENTINAS, los ladrones deben devolver lo que han robado y nosotros debemos cuidarnos de asumir actitudes cómplices. 

02 de Abril de 2.013.

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