Por Crístian Ramón Verduc
17/09/2013
El quichua es una lengua viva. Es bueno saberlo.

Se llama Lengua Viva a la que tiene hablantes naturales, los que aprendieron el idioma de sus padres. Aún tenemos en nuestra provincia familias que hablan quichua y transmiten el habla a sus hijos en forma natural. Para poder integrarse a la escuela, los niños tienen que aprender castellano. Como generalmente los hogares son bilingües, los menores también lo son.
 
En muchos casos, tanto en las ciudades como en el campo, las familias bilingües no enseñan quichua a los chicos, pues consideran que si no hablan únicamente castellano, tendrán problemas para integrarse, primero en la escuela y después cuando sean grandes y deban emigrar en busca de trabajo. Hay una creencia mas o menos generalizada de que si el chico aprende ambos idiomas, al castellano lo hablará “atravesado” por influencia del quichua. Como es lógico, nuestros paisanos no quieren que a sus hijos los marginen, se burlen de ellos, les digan que son “duros” para hablar, etc. 

El quichua está pasando por un momento de expansión, pues hay escuelas y cursos en distintos niveles no solo en Santiago del Estero, sino también en la Capital Federal y en varias provincias de nuestro país. Lingüistas argentinos y de otras nacionalidades se interesan por el quichua, lo estudian, escriben libros, enseñan, realizan debates, congresos, encuentros y desencuentros. 

Si tenemos en cuenta las publicaciones y los reconocimientos que recibiera el Profesor Domingo Bravo, además de la aceptación para dictar cursos en claustros universitarios, concluiremos que el estudio y enseñanza de la lengua quichua cuenta con apoyo oficial desde hace tiempo. Y no solo el Profesor Bravo consiguió apoyo oficial tratándose del quichua. Es como para decir que, quien hizo los trámites en forma correcta y bien fundamentado, obtuvo el apoyo oficial para obrar a favor del quichua. 

Hace décadas, en Santiago del Estero se dispuso que la enseñanza primaria en zona quichuista fuese bilingüe. Con esto se acabaría el temor paterno a que el niño “aprenda a hablar mal” o que sea discriminado en la escuela. Claro que, concretamente, por ahora no sabemos en cuántas escuelas se está aplicando este modo de enseñanza y cuáles son sus resultados. 

Por el momento no estamos sabiendo si hay estadísticas que nos indiquen las variaciones en cuanto al número de quichuistas naturales en los últimos años. Lo que sí sabemos es que hay una gran cantidad de quichua hablantes, aparentemente con una amplia mayoría de adultos. Esos hablantes viven en la provincia de Santiago del Estero, en la Capital y Provincia de Buenos Aires, y también en otras provincias. 

Hay un número cada vez mayor de personas que han estudiado quichua en los distintos cursos existentes, cada uno con su diploma o certificado de estudios. Si esas personas son docentes, es muy probable que el certificado o diploma les otorgue puntaje para sus respectivas carreras, con la oportunidad de ganar un sueldo mejor. También crece la cantidad de lingüistas interesados en la lengua quichua. 

Dicen que una lengua es considerada muerta o extinta cuando no es la lengua materna de ningún individuo y, por lo tanto, tampoco se usa en ninguna comunidad natural de hablantes. Entonces, la lengua quichua es una lengua viva, pues tenemos una gran cantidad de gente que habla quichua desde la infancia. Lo que nos falta saber es cuántos de esos hablantes son de corta edad y si ese número se incrementa o disminuye. 

Por ahora, los que abundan son los quichuistas adultos. Si uno pregunta a una cierta cantidad de esos quichuistas, si sus hijos y nietos son también quichuistas, al menos entre los que viven en la ciudad de Santiago del Estero, un altísimo porcentaje responde que no, que no enseñaron quichua a sus hijos. Si lo mismo o parecido está ocurriendo en las zonas donde hay comunidades quichuistas, es preocupante, pues la supervivencia de una lengua está amenazada cuando los niños ya no la aprenden. Los hijos de los hablantes, que aprendieron de ellos, si después no practican la lengua materna, con el tiempo la olvidan parcialmente. 

Esos quichuistas que olvidan parte del idioma, a su vez tendrán menos qué enseñar a sus hijos. Así, a medida que los hablantes vayan cumpliendo su ciclo vital, la cantidad de quichuistas naturales disminuiría hasta llegar a la extinción de la lengua. 

El quichua de Santiago del Estero está siendo hablado por una gran cantidad de adultos. Algunos de esos hablantes no son quichuistas naturales: Son gente hábil y voluntariosa que ha aprendido muy bien en alguno de los cursos que hay en las ciudades o con la ayuda de los hablantes. Lo que puede ser preocupante es el hecho de que la cantidad de nuevos hablantes naturales vaya decreciendo. 

Algunas personas plantean que el aprendizaje del quichua no es algo práctico, un idioma que se deba aprender para ampliar el horizonte laboral, salvo que se aprenda para a su vez enseñar a las pocas personas que quieran aprenderlo. En general, quienes concurren a los distintos cursos de quichua son adultos, para quienes la aprobación del curso significa puntaje para una carrera docente o una satisfacción personal. Hay quichuistas que concurren a los cursos para aprender algo más de su propio idioma. Es de observar que alguien formado y diplomado en un curso de quichua no puede sostener un diálogo fluido en quichua, si no practica en forma permanente con los hablantes hasta lograr la seguridad y soltura necesarias. 

Las escuelas que están incluyendo el quichua en su currícula, están ayudando al sostenimiento del idioma; los cursos para adultos, las audiciones de radio y las publicaciones referidas al quichua también. Posiblemente, lo que esté faltando es hacer que el quichua suene más y más en los distintos ambientes santiagueños, para así alentar a que, como decía Don Sixto Palavecino, quien sabe siga hablando. A esto habría que agregar que quien sepa enseñe a sus descendientes, educándolos en el bilingüismo. Es necesario desmitificar el quichua; erradicar la idea de que aprender quichua va a degradar el castellano del niño. Hace falta una buena campaña de concientización, que llegue a las familias. 

Lo que podemos hacer cada uno, desde nuestro lugar en la vida, es alentar la práctica del quichua, hablando lo que sepamos de él y procurando aprender lo que nos falte. Debemos practicar y valorar la lengua quichua como un patrimonio de nuestra región, como una particularidad de Santiago del Estero que deseamos compartir. Si además se le encuentra la aplicación práctica, mejor, pero lo fundamental es sentir al quichua como parte de nuestro modo de ser. 

No tenemos que seguir teniendo temor o vergüenza por el quichua, ni buscarle un fin lucrativo para que los demás consigan entender nuestro sentimiento. Debemos mostrar al prójimo la alegría que nos produce el aprender y ejercer algo nuestro. Debemos saber transmitir nuestro gusto por ser santiagueños.
El quichua es una lengua viva, por que es hablada por una gran cantidad de gente que lo aprendió en su infancia como lengua materna. Debemos desde ya cuidar la salud del quichua, para que en un futuro que no veremos, siga siendo una lengua viva, y entonces nosotros seguiremos viviendo en el quichua. 

17 de Septiembre de .2013.

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