Por Crístian Ramón Verduc
07/01/2014
En estos días de Verano vemos más nubes que en otra época del año.

En estos días de Verano vemos más nubes que en otra época del año. Dicen que se debe a la inestabilidad atmosférica causada por el calentamiento de la superficie terrestre.
 
Las nubes están formadas por una gran cantidad de minúsculas gotitas de agua. Esas gotitas pueden estar líquidas o congeladas. Se sostienen en el aire por que cada gota es muy liviana y están apoyadas por corrientes de aire ascendente. Generalmente vemos nubes blancas, pues las gotitas reflejan totalmente la luz solar o el reflejo lunar. Cuando vemos nubes oscuras, se debe a que otras les hacen sombra, o por su espesor se hacen sombra a sí mismas, por eso se ven oscuras por debajo y luminosamente blancas en donde les da la luz del Sol. 

Hay distintas formas de nubes. Las clásicas nubes “gordas” son las llamadas cúmulos. Un ejercicio entretenido entre las familias que duermen en el patio, es el de encontrar formas conocidas en las nubes. También suele ser un juego de niños durante los días nubosos. 

Hay un cierto tipo de nubes que parecen muchos copos chicos y entrelazados. En España le llaman “carda lana” y en el litoral fluvial argentino dicen que es “cielo de ovejitas”. Este tipo de nubes son las que suelen preceder a un cambio de tiempo. Las nubes de gran crecimiento vertical son las nubes de tormenta. Se las ve a menudo en Verano y en su parte baja se forman los rayos y precipitaciones. 

En quichua, nube se dice puyu (pronunciamos “puiu”). En Santiago del Estero pluralizamos con la letra s como en castellano, pero originalmente el plural sería puyucuna y no puyus como decimos para referirnos a muchas nubes. En nuestro quichua, las palabras terminadas en vocal se pluralizan con s final, mientras que el pluralizador Cuna ha quedado para las palabras terminadas en consonante. 

Santiago del Estero, según cuentan amigos de toda la provincia, está escasa de agua especialmente en este caluroso Verano. Las temperaturas son muy altas y las lluvias escasas. El Río Dulce está con un caudal excepcionalmente bajo para esta altura del año. “Puyusta ckaaycu pero mana paran” (Vemos nubes pero no llueve) decía un paisano quichuista. Agregaba que se ven nubes de toda laya: Las que parecen algodoncitos, las que parecen plumas delgadas, las que forman un techo cerrado y, muchas veces, las oscuras y altas nubes de tormenta, que aparecen a lo lejos jineteando silenciosos relámpagos, pero que la lluvia no está viniendo. 

Hubo días en que llegó el viento, levantando tierra suelta pero sin completar la tarea con la prometida lluvia. En ocasiones y en ciertas zonas de la provincia hubo algunas lluvias, aunque sin la abundancia que necesitan el monte, los campos, las represas, los animales y la gente. 

Como si el cambio de año fuese portador del esperado cambio de tiempo, el día 2 de Enero llegó a nuestra provincia un frente frío que venía avanzando desde la Patagonia. Como un veloz chasqui que cabalgaba levantando polvareda, el huayra (viento) pasó raudo por la provincia de Córdoba y ingresó a Santiago por los departamentos serranos y entró en zona quichuista. Este huayra chasqui era portador de noticias frescas, que anunciaban la llegada de las esperadas precipitaciones. Después de saltar por sobre las Sierras de Ojo de Agua y de Ambargasta, aceleró la marcha en las salinas y por eso llegó con toda su fuerza a la ciudad de Santiago, atropellando con fiereza los árboles, techos y algunas paredes. La diferencia de temperatura entre el aire de Santiago y el que venía del Sur era tan grande que provocó la caída de agua congelada, el granizo que llamamos piedra. Pero no cayó piedra sin llover, sino que la lluvia se soltó generosa desde las gordas nubes. La fallas en los desagües provocó anegamientos en la ciudad y el viento fuerte provocó un desastre. 

Ojalá llueva lindo en las cumbres tucumanas, para que los ríos que alimentan al Río Dulce por intermedio del Río Salí, bajen caudalosos y aumenten el nivel de agua del lago artificial de Río Hondo, lo que va a permitir que nuestro Mishqui Mayu tome un caudal razonable, que permita la supervivencia y reproducción de los peces. En la época estival, los peces de nuestro río suben contra la corriente, que si es abundante en agua también lo es en alimento. Una vez que llegan a las nacientes o adonde no pueden continuar su migración contracorriente, fecundan los huevos que darán enormes cantidades de alevinos, futuros peces que viajarán de regreso hacia Mar Chiquita. Con poco caudal, la reproducción es muy difícil de acontecer; con mucha temperatura y poca agua, los peces mueren asfixiados. 

“Napasmi llajtaypi paran” (Se dio la lluvia en mi pago), dice Don Vicente Salto en su poema Parachúntaj. Esta vez las nubes hicieron juntar sus partículas en grandes gotas que se precipitaron hacia la tierra sedienta. 

Hay explicaciones razonables, creíbles y confiables, que los conocedores de la Física y la Meteorología nos ofrecen para entender la formación de las nubes, su aspecto variado y los mecanismos por los que acaban regando los suelos que precisan agua. Al mismo tiempo que aprendemos todo ello, no podemos menos que dejarnos llevar por la imaginación y ver en ellas las formas de animales, árboles, personas, casas y objetos varios. 

Dicen que Dios perdona siempre, que los humanos solamente a veces y que la Naturaleza no perdona nunca. Entonces, podemos corregir algunas actitudes nuestras ante la vida: Sin dejar de tener fe en el perdón divino, procuremos no desafiar a la Naturaleza, que es en definitiva la obra del Creador. 

Cada acto tiene sus consecuencias dentro del equilibrio natural. Por ejemplo, si ponemos una semilla en la tierra, es muy probable que germine y de ella nazca una planta, la que a su vez generará una cantidad de frutos y semillas que servirán de alimento a especies animales y también producirán nuevas plantas. Si cortamos o arrancamos una planta, podemos remediar tal acto reponiendo con la siembra de otra o, mejor aún, de dos o más. 

El Ser Humano ha poblado la Tierra. Nos hemos apropiado del planeta a un punto tal que, para referirnos a las pocas regiones donde no se hace notar la presencia humana, las llamamos “zonas deshabitadas”, como si los animales no fuesen habitantes. 

La cantidad de humanos en el planeta requiere de una cantidad equivalente de alimentos, los que han de producirse en base a la agricultura y la ganadería. El aumento de campos labrados o de pastoreo se logra mediante la eliminación de selvas y bosques, por que están sobre suelo fértil. 

Los seres humanos deberíamos aprender de los árboles, que proporcionan vivienda a distintos animales y vegetales, mientras producen oxígeno, alimentos varios, regulan la temperatura y la humedad. Hasta los desechos de los árboles son beneficiosos para el ambiente. 

Nosotros estamos construyendo edificios que usamos como sofisticadas viviendas o como fábricas de fabulosos productos, al costo de la degradación de todo el ambiente (aire, agua, suelo). 

Habría que buscar el modo de que el verde avance sobre los desiertos y no seguir haciendo lo contrario. Deberíamos replantearnos los modos de producir y consumir, para no destruír. 

El día que logremos estar en armonía con la Naturaleza, Dios no tendrá tanto que perdonarnos y entre los humanos estaremos en paz, con claras nubes bañadas de Sol, o las nubes oscuras descargando su bendición líquida sobre la tierra, acompañada de un viento suave. 

07 de Enero de 2.014.

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