Por Crístian Ramón Verduc
06/01/2015
Huata mósoj. Año nuevo.

Huata mósoj. Año nuevo. Tenemos un nuevo año a nuestra disposición; está sano y limpio. Salvo por algunas cositas que hicimos los humanos en estos días, el año que empezó está muy bien.
En quichua santiagueño, diríamos Íshcay huarancka chunca pishckáyoj huata; literalmente, “Dos mil diez con cinco año”, pero la idea que se transmite es “Año dos mil quince”. El orden de las palabras está determinado por la sintaxis de cada idioma. 

Si bien es cierto que el tiempo discurre naturalmente y en forma continua, igual que un río caudaloso, en algún momento de la Historia hemos decidido dividirlo en segmentos que hemos llamado segundo, minuto, hora, día, mes, año, siglo, milenio… Cada lapso, por breve o duradero que nos parezca, tiene su razón de ser y no ha sido impuesto en forma totalmente arbitraria. 

Sabemos que un día es el tiempo que tarda Inti (el Sol) en completar una vuelta aparente alrededor de la Tierra. También sabemos que en realidad, es la Tierra que hace una rotación completa sobre su eje. Un año es el tiempo que tarda nuestro planeta en completar una órbita alrededor del Sol. También es el lapso en que transcurren las cuatro estaciones que hemos llamado Verano, Otoño, Invierno y Primavera, cada una con sus características mas o menos definidas según el lugar del mundo que consideremos. 

En Santiago del Estero, las cuatro estaciones están bien definidas. Ahora, en Verano, tenemos días calurosos, noches calurosas o templadas, los árboles cubiertos de hojas y muchos de ellos con frutas; hay gran cantidad de animalitos de corta edad, tanto aves como mamíferos; las lluvias son frecuentes, con la posterior aparición de gran cantidad de batracios; coyuyos, royos y chicharras cantan bulliciosamente en los árboles; los días son largos y las noches breves. 

Un día tiene veinticuatro horas, cantidad que responde a una práctica egipcia milenaria consistente en dividir el período de luz diurna en doce y el período nocturno en otros doce segmentos. Cada hora ha sido dividida en sesenta minutos, los que a su vez han sido fraccionados en sesenta segundos, debido a una antigua preferencia por el número sesenta, fácilmente divisible por varios números (1, 2, 3, 4, 5, 6, 10, 15, 20, 30). 

Las décadas, siglos, milenios, son múltiplos de años. Para lapsos menores al segundo, se han ideado las décimas, centésimas y milésimas de segundo. Todas estas unidades responden al sistema métrico decimal.
Al principio lo recordábamos, pero a esta altura de Enero ya hemos perdido la cuenta de cuántas horas transcurrieron del nuevo año. Los buenos deseos y propósitos que fueron planteados como prioritarios al morir el año que pasó, poco a poco comienzan a ocupar en nuestra rutina el lugar que por importancia y posibilidades a cada uno le corresponde. 

Quienes estamos interesados en el quichua, deberíamos encarar este nuevo año con mayor dedicación que durante el año que se fue. Nunca ha de ser excesivo el celo que se ponga en una buena causa. A cada año que pasa, hay más antiguos hablantes que se nos van por Ley de la Vida; también nacen nuevas esperanzas por un lado, y por otro lado aparecen nuevos avances del invasor. Está en cada uno de nosotros el inclinar la balanza a favor del quichua, para que surjan nuevos hablantes, para que siga siendo una lengua viva. 

Estamos en época de festivales que son presentados como folclóricos, aunque la mayoría de ellos son una mezcla de ritmos musicales, algunos están cercanos al criollo, especialmente los que incluyen actividades camperas con caballos, donde se muestra que aún hay algunos lugares para el paisano. No todos los festivales son coherentes entre el nombre y el contenido, pero sus organizadores aseguran la venta de una gran cantidad de entradas, pues son gente con visión comercial. Si observamos atentamente, veremos cómo los instrumentos comprados en el Hemisferio Norte, o fabricados bajo licencia de los imperios de aquella parte del mundo, siguen desplazando de los escenarios a los instrumentos criollos. Poco a poco, el aspecto de los músicos acompañantes e incluso de los principales protagonistas de los festivales, va distanciándose de la imagen del criollo y acercándose a lo que mandan los lejanos patrones, utilizando a la televisión como medio de comunicación con sus obedientes súbditos. 

Los festivales veraniegos finalizarán cerca del comienzo de la actividad escolar, la que marca el retorno pleno a las actividades rutinarias de cada año. Para entonces, casi nadie recordará sus promesas para este año, pues todos estaremos inmersos en la carrera por remendar problemas urgentes. En el comienzo del fin del primer trimestre del año, nuevamente habrá críticas y elogios para los festivales que se presentan como folclóricos. Las críticas serán olvidadas dentro de nueve meses, para ser reemplazadas por la esperanza de que en el año nuevo los festivales sean distintos a los anteriores, con más autenticidad. Nos han inculcado que la esperanza es lo último que se pierde, así que la credulidad nos da la falsa idea de que seguimos con toda la vitalidad juvenil y su consiguiente candor. 

El primer Domingo de Marzo debe ser el día del retorno de nuestro Alero Quichua a la radio. A partir de ese día tendremos unas cuarenta oportunidades de casi dos horas cada una, para hacer algo sonoro, atractivo y auténtico que favorezca al quichua de nuestra región, tan atacado desde distintos ángulos. Desde ya debemos plantearnos la necesidad de dar a conocer al auténtico quichuista; hay que brindarle espacios al hablante; corremos el riesgo de que los callados quichuistas actuales sean las últimas generaciones que mantienen vivo al quichua de nuestra provincia. 

Podríamos proponernos para este año, procurar revertir el viejo enunciado: “El que sabe no habla y el que habla no sabe”. Esa triste situación debe acabarse. Debemos dar lugar para expresarse al quichuista, al hablante, al que sabe, al que los teóricos han tomado como referencia y luego han mandado, en muchos casos, a callar. Las personas que tienen derecho al uso de la palabra, deben cultivarse, aprender cada día un poco más, para hablar con fundamento. Cada vez hay menos hablantes naturales, mal que nos pese, y hay más habladores teóricos. 

Tenemos tarea para este año. El año está nuevo, está bueno. ¡Manos a la obra! ¡‘Ruaychis! ¡Hagamos! 

06 de Enero de 2.015.

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