Por Crístian Ramón Verduc
Destacado escrito el día:  19/05/2015
“Al gran pueblo argentino: ¡Salud!”

La Marcha Patriótica escrita por Vicente López y Planes dos años después de la Revolución de Mayo de 1.810, refleja el respeto del autor por sus compatriotas, nuestros compatriotas, que luchaban por la libertad de nuestro país. 

Don Alejandro Vicente López y Planes había participado en el Cabildo Abierto del 22 de Mayo de 1.810 y apoyado la formación de la Primera Junta de Gobierno. Su creación poética heroica, musicalizada por el Maestro Blas Parera, fue adoptada como Himno Nacional Argentino el 11 de Mayo de 1.813. Una letra con música puede ser simplemente una canción, o puede convertirse en un símbolo valioso, como el Himno, uno de los Símbolos Patrios. 

El pueblo de Buenos Aires, o al menos una parte importante del pueblo de la ciudad de Buenos Aires, defendió heroicamente nuestro país para rechazar dos invasiones militares inglesas a comienzos del Siglo XIX. Después, en Mayo de 1.810, protagonizó una serie de acontecimientos históricos que derivó en la renuncia del Virrey de España y la formación de la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias Unidas del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII, popularmente conocida como Primera Junta de Gobierno Patrio. 

Esta Junta, integrada por nueve ciudadanos, presidida por el Coronel Cornelio Saavedra, quien naciera en Potosí (actual Bolivia), fue la primera autoridad gubernamental que de hecho no respondía a la corona de España.
Los criollos patriotas de la Semana de Mayo tuvieron que actuar con coraje y firmeza para contrarrestar la oposición de una parte de la ciudadanía de entonces, compuesta por españoles. 

Algunos de los patriotas traían de Europa las ideas republicanas, llevadas en parte a la práctica por la Revolución Francesa. La tendencia monarquista, que casi es parte de la naturaleza humana, es difícil de superar aún hoy; hace dos siglos era mucho más difícil. Aún así, los revolucionarios de Mayo de 1.810 consiguieron la convocatoria a un Cabildo Abierto y la separación del cargo del Virrey. 

La mentalidad monárquica viene de tiempos antiguos, posiblemente poco después de cuando cada clan debía seguir la guía de un líder. En algún momento para cada civilización, el líder decidió apoderarse de la soberanía del pueblo, para convertirse poco a poco en amo, dueño y señor de los bienes materiales y culturales de sus compatriotas, devenidos en súbditos subyugados. 

No todos los súbditos tiemblan de temor ante el monarca, su familia y lacayos cercanos. Algunos saben que los sirvientes del tirano viven mejor que los trabajadores y que si saben manejarse con picardía en el peligroso ambiente palaciego, pueden llegar a ser cuasi monarcas desde las sombras. Con el paso de los siglos, la obsecuencia ha ido convirtiéndose en una actividad competitiva, en la que los allegados al poderoso se enfrentan entre sí para conseguir los favores del gran usurpador. Si ellos formasen parte del pueblo raso, deberían trabajar duramente a fin de tributar para los lujos del patrón y familia. Convirtiéndose en cortesanos, pueden hacer caer en su boca algunas migajas del banquete real. Las luchas por convertirse en reyes, cortesanos o cortesanos privilegiados, trajeron históricamente gran empobrecimiento a las culturas, pero no por eso se erradicaron. 

Los reinos no son autosuficientes. La vida de lujos que llevan los monarcas y sus domésticos debe pagarse con recursos tomados del pueblo al que deberían servir. El trabajo de un gobernante es un servicio público, el que debe prestar a cambio de la buena paga que está establecida para cada tipo de servicio. No conformes con ello, los monarcas toman recursos del pueblo para perpetuarse en el trono, rodeados de lujos e impunidad. 

Una forma justa de vida en comunidad sería la que permita una distribución equitativa de esfuerzos y recursos. En una sociedad justa no debe haber premio para los adulones ni privilegios por la simple portación de apellido. Las facilidades que encuentran los desvergonzados para quedarse en el poder y adueñarse de lo que no les corresponde, son factores que impiden la erradicación de la monarquía. En un pueblo que sueña con reyes, princesas y jefes que resuelvan todo “aunque roben”, no hay mayores dificultades para erigirse en reyes de algo. Un enjambre de aspirantes a cortesanos ayudará también, casi tanto como el desenfado del tiranuelo. 

Los excesivos consumos de una sociedad monárquica dominante, hacen que resulten insuficientes los recursos propios, por lo que salen a asaltar otros países. Algunos reinos europeos ofrecieron riquezas a los aventureros, a cambio de lanzarse a los mares para atacar los recursos de tierras lejanas, con los que alimentarían los lujos de sus jefes. 

A comienzos del Siglo XIX, España era “dueña” de casi toda América, mientras que otros países europeos detentaban también la propiedad de vastos territorios. La ola independentista barrió con casi todas las colonias. Casi, significa que actualmente hay enclaves coloniales, como las Guayanas y nuestras Islas Malvinas.
La monarquía, la idolatría hacia el poderoso de turno y el avance sobre lo ajeno, son males morales que deben superarse elevando culturalmente a los pueblos. 

El colonialismo aún está en deuda con nuestro país, con América del Sur y otros lugares del mundo. Debemos dar al colonialismo el lugar que le corresponde y dejar de “hacer el caldo gordo” para el robo internacional. Nos han robado parte de nuestro territorio y seguimos poco menos que impasibles, o peor. Tranquilos por nuestra inacción ante el robo material, los colonialistas están apoderándose de corazones y mentes, no para que seamos parte de ellos, sino para someternos definitivamente, hacernos sus esclavos y continuar enriqueciéndose materialmente a nuestra costa. 

El intercambio comercial es necesario y debemos cuidar que sea justo y equitativo. En lo cultural, debemos dejar de ser los “tontos” que no sólo aceptamos las imposiciones del invasor, sino que además algunos corremos por detrás de ellos para ser los primeros en adoptar sus imposiciones y comprar sus baratijas. 

Los argentinos debemos ejercer nuestra cultura nacional auténtica, sin caer en engaños; los santiagueños debemos seguir siendo bien santiagueños y, los cultores del quichua, ya sean quichua ‘rímaj (quien habla quichua) o seamos quichua múnaj (amante del quichua), debemos ocuparnos del crecimiento del idioma de nuestros mayores. 

En esta semana en que recordamos especialmente a nuestros primeros próceres, saludemos al pueblo argentino. Brindemos deseando salud para nuestros compatriotas. Que todos tengamos buena salud cultural, para rechazar las virulentas invasiones cotidianas. 

19 de Mayo de 2.015.

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