Por Crístian Ramón Verduc
23/06/2015
“Onckos sirisckayquit yachas, ampisunaas amorani.”

El comienzo del remedio “Por curarte he venido” refleja una situación bastante conocida por la mayoría de la gente. Lo que dice la letra de Don Sixto Palavecino, en castellano sería: “Sabiendo que estás acostada, enferma, para curarte he venido”. 

Puede parecer que, sobre todo en esta época del año en que tenemos los días de menor temperatura, sobran los enfermos y faltan quienes curen. El humano es un ser diurno, dependiente de la luz solar. Por cultura o por una deducción poco menos que instintiva, relacionamos al calor con la vida. Por el contrario, relacionamos a la “fría muerte” con la oscuridad. 

La vida, para ser la vida que conocemos y deseamos conservar, debe tener movimiento y cambios. Entre los cambios cíclicos que contiene la Tierra, el planeta en que vivimos, están las estaciones anuales. Se llama estación a la cuarta parte del año. Cada uno de estos períodos tiene características particulares en relación con las otras tres estaciones. En general, las características de las estaciones anuales son: Verano caluroso, Invierno frío, Otoño con temperaturas bajantes hacia el Invierno y Primavera de alegría. La Primavera es conocida como “la Estación de las flores”, la que marcha desde los fríos invernales hacia las altas temperaturas veraniegas. 

Algunos de los cambios cíclicos en la Tierra con, además de las estaciones, las lunaciones (tiempo en que transcurren las distintas posiciones de la Luna respecto a la Tierra), los días (definidos por la rotación terrestre), las mareas (aumento y descenso en el nivel del mar). Estos cambios contribuyen a la dinámica vital de todo lo que está en la Tierra. 

El Invierno va desde el Solsticio de Junio hasta el Equinoccio de Septiembre. Se llama Solsticio el momento de mayor inclinación del eje de la Tierra en relación con el Sol. Hay dos solsticios en el año: En el Solsticio de Diciembre, en el hemisferio Sur ocurre la noche más corta del año y, por ende, el día más largo. En el de Junio, en nuestro hemisferio tenemos la noche más larga y el día más corto del año. 

La superficie terrestre se calienta por los rayos solares. Si la noche es larga y el día es corto, el Sol no consigue compensar con su calor el frío de la extensa noche. Por eso, a medida que nos acercamos hacia el Solsticio de Junio, la temperatura va descendiendo en esta parte del mundo. 

Ya hemos pasado por la noche más larga del año. Lo que viene ahora es el proceso inverso: de acortamiento gradual de las noches y prolongación de los días. Inti (el Sol), al tener cada día más presencia en nuestro cielo, primero va a conseguir frenar el descenso de la temperatura y, después de cierto tiempo, conseguirá imponer su calidez y hacer que vuelvan, primero el “calorcito” primaveral y después los fuertes calores del Verano. 

En esta parte del año, a la que podríamos llamar “Chiri Pacha” (Tiempo frío o tiempo del frío), suelen abundar las enfermedades relacionadas con la exposición a temperaturas bajas. 

El cuerpo humano, adaptado y acostumbrado a una temperatura mas o menos constante, tiene la capacidad de adaptarse a los cambios de temperaturas, sobre todo los individuos fuertes, con buenas defensas en el organismo. Desde su aparición en la Tierra, a lo largo de los milenios el Ser Humano ha ido mejorando sus condiciones de vida en cuanto a su bienestar físico. Para poder caminar y correr sin riesgo de heridas en los pies, inventó el calzado. Viéndose sin garras ni dientes poderosos con los cuales poder enfrentar a las fieras, utilizó palos y piedras, hasta que los inventos posteriores le otorgaron un poderío en armas, capaz de destruir toda la vida del planeta. Para no sufrir el frío, el Ser Humano se hizo ropas y casas cada vez más abrigadas. 

Dicen que nada es gratuito, que todo tiene un precio. Mejor dicho, cada acción genera una reacción y, por lo tanto, cada cosa que hacemos tiene sus consecuencias. Poco a poco, nos hemos convertido en dependientes de nuestros inventos. Acostumbrados a calzar zapatos, botas o zapatillas, ya no podemos andar descalzos en cualquier terreno. Habituados al calorcito de la casa o al abrigo que da la ropa, se nos hace muy difícil soportar el frío. 

Cuanto más lejos de la Naturaleza vive el humano, más depende de sus propios inventos. Felizmente, aún podemos ver gente que se prepara bien para encarar pruebas de supervivencia en situaciones extremas, y aún vemos que los obreros campesinos y urbanos soportan con ahínco temperaturas muy altas o muy bajas, y siguen trabajando. Son las personas que no han perdido la fortaleza física o procuran mejorarla. No debemos permitir que se atrofie nuestra natural capacidad para sobrevivir en cualquier situación. 

Cuando la fortaleza del organismo es superada por el ataque de los males, perdemos la salud. Oficialmente, se considera salud a un estado de bienestar general y completo, lo que abarca lo físico, mental y social de la persona. Popularmente, consideramos que estamos sanos cuando no sentimos la manifestación de una enfermedad y estamos con ánimo para encarar actividades. 

En la vida moderna, si uno siente una pérdida de la salud, acude al médico en busca de remedio para su mal. Contaba Don Sixto que, en la época de su infancia, adolescencia y juventud, en Barrancas y zona cercana no conocían médicos, pues no los había. Para conseguir atención médica, había que hacer una larga travesía hacia la ciudad de Santiago del Estero. 

Había aprendido de los músicos mayores un remedio, danza parecida al escondido. Conocedor cercano de la falta de médicos para remediar las enfermedades y heridas de la gente sachera, Don Sixto quiso reflejar en este tema musical la falta de remedio científico para las eventuales faltas de salud. 

Con la gracia que le era habitual, Don Sixto relata en la letra que agregó a este remedio, una situación creíble para quien conoce a la gente paisana, la que en muchos casos creía (y hay quienes creen) que el origen de un mal estaba en la obra de una bruja, la que debe ser combatida por alguien con más poderes. 

El tiempo está frío, los médicos aconsejan alimentación adecuada, evitar temperaturas extremas y situaciones traumáticas. 

El frío avanza sobre el Sur del mundo. En este Invierno debemos cuidarnos tal como indican los profesionales. Por otra parte, debemos estar atentos a los males que están entrando también en nuestra cultura. Tenemos que estar atentos a los síntomas que, si prestamos atención, veremos que abundan, lamentablemente. Debemos dedicarnos a formar parte del remedio y no de la enfermedad. 

El movimiento nos sacará del sopor estático que abre la puerta a los males. Luchemos por el quichua, por la cultura criolla, evitando así el ingreso de los virus infectos de enajenación. 

Al gran pueblo criollo… ¡Salud! 

23 de Junio de 2.015.

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