Por Crístian Ramón Verduc
24/11/2015
"Quiero decir y no digo, ando sin decir diciendo."...

“Quiero decir y no digo, ando sin decir diciendo. Quiero querer y no quiero, ando sin querer queriendo.” Esta copla popular que ha sido incluida en la chacarera La Pedro Caceres, en su juego de palabras entra en un terreno muchas veces transitado por algunos de nosotros: El de la indecisión y la incertidumbre. La música de esta chacarera es una de ésas que vienen de tiempos antiguos.

Como la tocaba Don Pedro Cáceres, nombrado Caceres por sus coterráneos quichuistas, la chacarera pasó a llamarse La Pedro Caceres, con acentuación grave, en la penúltima sílaba. Parecido a lo que ocurre con la chacarera La Jose Juárez, con Jo como sílaba tónica en la palabra Jose, pues la acentuación quichua es grave.

Decir Jose en lugar de José es una forma de quichuizar el castellano, igual que Cáceres transformado en Caceres para quichuizar por el acento, como en la chacarera La Pedro Caceres. “Quiero decir y no digo” ¿Cuántas veces en la vida nos hemos encontrado en esa situación? Uno quiere decir algo, pero no encuentra el momento, o siente temor. Si se trata de una declaración de amor, puede ser que quien debe decir no quiere arriesgarse a perder lo que hasta entonces tiene de la otra persona, que puede ser un atisbo de amistad. También puede darse el hecho de querer protestar por alguna injusticia, pero no conseguir decir nada por causa del poder de cualquier índole que debe ser vencido para recién poder expresarse.

El juego con la palabra querer es muy gracioso, especialmente cuando dice “sin querer queriendo”, que denota una antigua ambigüedad de nosotros los humanos, que en ocasiones acostumbramos ocultar lo que sentimos, por temor o por amabilidad. “Querer es poder” según un viejo dicho. No por ser antiguo, tradicional, el dicho ha de ser inamovible, incuestionable. Cuando alguien quiere algo con intensidad, lo más probable es que se dedique a trabajar en ello para lograr lo querido.

Es el caso de quien quiere tener, por ejemplo, una casa; se dedica pacientemente y en forma constante a conseguir los bienes materiales que le permitan ser propietario de una casa, la que primero será sencilla pero con el paso del tiempo y el esfuerzo será equipada hasta quedar como la persona soñadora lo quería. También los idiomas son asequibles cuando el deseo de aprenderlos es intenso.

Desde que nuestros paisanos quichuistas han sido obligados por la vida para vivir en las grandes ciudades, han tenido que aprender el castellano con los modismos propios del lugar hacia donde habían emigrado. A todos ellos se les ha hecho relativamente fácil el aprendizaje por que, al conocer las fascinantes grandes ciudades, se han sentido ávidos por aprender e integrarse y lo han logrado.

El querer los ha llevado conseguir, a poder. Del mismo modo, aunque no estemos acuciados por la necesidad, pero sí incentivados por las ganas de aprender, podemos aprender el quichua quienes no sabemos. En este caso, el querer puede acercarnos cada vez más a poder. También hay cosas que podríamos hacer, pero no las hacemos simplemente por que no queremos.

Aquí parecería que, verdaderamente, querer es poder o, en todo caso, lo claro es que si no se quiere no se puede. Ya hemos superado, o ya deberíamos haber superado, el tiempo de la esclavitud, cuando uno podía ser obligado a hacer algo sin que el patrón preguntase si uno quería o no hacerlo. En vista de los años transcurridos desde la Asamblea de 1.813, la que abolió la esclavitud, ya deberíamos ser dueños de no hacer lo que no queremos.

Partiendo de ese concepto, podemos decir que si hay algo que no queremos hacer, no lo haremos aunque tengamos todas las posibilidades, oportunidades e incluso presiones para hacerlo. Hay cosas que sí queremos hacer pero, por distintas circunstancias, no podemos hacer. Un ejemplo puede verse en los encuentros deportivos, en los que dos o varios participantes quieren ganar y todos se esfuerzan para ser quien triunfe, pero la victoria va a corresponder a una sola persona. Los demás participantes quedan con la ilusión, con el deseo de ganar pero sin el anhelado triunfo, por más que hayan querido vencer.

Podríamos tomar también como ejemplo a muchos otros casos de contiendas, en las que más de una persona quiere algo, pero solamente una es quien lo consigue. No siempre querer es poder. Cuando uno quiere algo, va a dedicarse a conseguir ese algo con un tesón igual a la intensidad del deseo que siente. Si uno es “de poco querer” va a dedicarse poco y nada para lograr lo que había deseado y pronto caerá en el desánimo, en la justificación apelando a factores ajenos.

El hecho es que si no nos dedicamos lo suficiente, no basta con querer. A veces también queremos lo que es poco menos que imposible por irrealizable y, en ese caso, no bastará con querer y esforzarse, sencillamente por que no se puede. Supongamos un diálogo entre paisanos nuestros: Uno de ellos pregunta al otro si en su campo va a criar cuchis (cerdos), a lo que el preguntado responde que no, por que no quiere lidiar con tales animales.

El primero vuelve a preguntar, pero esta vez pregunta si criaría vacunos, a lo que es respondido con otra negativa, con la explicación de que no se puede por que el campo es muy chico. Preguntado por la cría de gallinas, el otro responde que sí, que va a criar gallinas por que quiere y por que además puede. No siempre querer es poder.

Querer y poder son dos factores que necesariamente deben estar para que se pueda realizar algo. En el caso del aprendizaje del quichua, lo más probable es que nos esté faltando el factor querer únicamente, pues en la actualidad hay bastantes posibilidades para el aprendizaje. Lo ideal para un aprendizaje completo, sería una base teórica seguida de abundante práctica, preferentemente con hablantes naturales, con auténticos quichuistas.

A falta de tales factores para el aprendizaje, podemos avanzar algo con libros de enseñanza, más el complemento de grabaciones en quichua bien pronunciado. El tomar cursos breves o extensos ayuda mucho para aprender el idioma. En la medida de las posibilidades, quien quiere aprender va a ir mejorando cada día su saber.

Tenemos que tratar de aprender el quichua, así como aprendemos el canto, la danza, la poesía o cualquier otra manifestación de nuestra personalidad criolla colectiva. No siempre querer es poder, pero si se quiere lograr algo y se pone dedicación, se puede transformar un imposible en posible. Entonces sí se podrá por que se quiere.

24 de Noviembre de 2.015

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