Por Crístian Ramón Verduc
01/03/2016
“Campanacka tán, tán, tán/ uyariycus huajyaayshcaychis./ Leccionisysht allit estudias/ maestraychis suyaashcaychis.”

Los Hermanitos Coronel cantaban esta chacarera, acompañados en violín por Don Sixto Palavecino. Las Hermanitas Herrera se ocupaban de cantar la traducción: “Tan, tan, tan de las campanas/ escuchamos que nos llama./ Con la lección estudiada/ la maestra nos reclama.”

La chacarera Escuelita Sachera es una chacarera de Don Sixto y Rubén Palavecino, grabada por Don Sixto Palavecino y el Coro de Niños Quichuistas, en el disco Canciones Infantiles Para Niños Quichuistas, durante el año 1.986. Por su parte, Don Lorenzo Gutiérrez, en su poema Vaya m’ hijo pa’ la escuela, dice: “Vaya m’ hijo pa’ la escuela./ Aprenda a querer su tierra/ y sepa que las palabras/ son semillas que se siembran/ y se cosecha el saber/ en el campo e’ la conciencia.”

Nuevamente estamos ante el comienzo de un período lectivo en nuestro país. Están quedando atrás los días de vacaciones veraniegas, festivales artísticos renombrados y descanso para mucha gente. Con el advenimiento de Marzo, parece ser que las actividades “puebleras” (ciudadanas) van comenzando a normalizarse. Cada vez son menos los locales comerciales o de servicios que ostentan el cartel de “Cerrado por vacaciones”.

El regreso de los alumnos a las aulas es una muestra cabal de que debemos ocuparnos plenamente de las actividades que harán de éste un año productivo. Lo que debemos producir para bien de nuestro presente y futuro, no solamente pasa por lo material, que es efímero pero igualmente importante; lo fundamental es la siembra que se hace entre la gente, en la que los cerebros y corazones serán el campo donde habrá que dejar las mejores semillas del conocimiento y de los sentimientos.

Comienzan las clases en las diversas escuelas, públicas y privadas. Los lugares donde uno sale sabiendo más que cuando ha entrado, parecen multiplicarse a medida que pasan los días. Hay oferta educativa variada y toda interesante. Los niños deberán concurrir a las escuelas y colegios que respondan a los planes educativos oficiales. Los adolescentes y adultos han de procurar la escuela secundaria, terciaria, universidad u otra institución que colme sus expectativas, dentro de sus posibilidades.

Paralelo al movimiento propio del comienzo de la actividad escolar con sus matrículas, exámenes de materias adeudadas y reorganización de lugares y personal, hay un gran movimiento en pos de mejoras salariales de los docentes, en un “tira y afloje” con los gremios por un lado y la patronal por otro. Los docentes deben luchar por un sueldo adecuado, que les permita dedicarse bien a su delicada y valiosa actividad, y los patrones, estatales o privados, deben evitar la toma de compromisos que después sean difíciles de cumplir en cuanto a erogaciones monetarias.

En el medio de la disputa, los alumnos y sus padres esperan ,con cierta tensión, que se resuelva el conflicto entre las partes. En nuestro Alero Quichua Santiagueño, estamos listos para comenzar el ciclo de este año en la audición radial. Es como si fuésemos a abrir una escuela, en la que cada oyente o participante presencial tendrá la oportunidad de aprender o enseñar algo del quichua, de las tradiciones santiagueñas y de la valoración de los idiomas quichua y castellano.

La hermandad que se da entre ambos idiomas en nuestro pago, hacen que debamos expresarnos en forma bilingüe, con un quichua castellanizado, un castellano quichuizado y la consiguiente traducción de los vocablos que puedan ser desconocidos para algunos oyentes. En distintos lugares también comienzan también cursos de quichua, los que brindan la oportunidad para quienes quieren aprender el idioma característico de nuestra identidad. Hay cursos oficiales y por iniciativas privadas.

En todos los casos, quien se dedica al aprendizaje va a mejorar en sus conocimientos en cualquier lugar y con cualquier yacháchej (persona que enseña). El aprendizaje del quichua, en general no es una actividad con fines utilitarios, sino mas bien un ejercicio destinado a mejorar nuestra condición de criollos argentinos. Quien decide aprender un idioma originario, danzas criollas, ejecución de instrumentos folclóricos o canto tradicional, normalmente es un enamorado de nuestra tierra que quiere conocer más, como una muestra más de amor al terruño.

Por amor a la Patria, el país que nos ha visto nacer o hemos adoptado como propio, es que tenemos la obligación moral de facilitar el aprendizaje de toda persona que quiera o deba aprender, como dice Martín Fierro: “Cosas buenas”. Todo lo que sea útil para el individuo y la comunidad, resulta un poco difícil de aprender; distinto a los vicios de toda índole, que parecen ser fáciles de incorporar a las costumbres. En ambos casos hace falta el apoyo de la comunidad hacia el individuo.

Las familias deben ocuparse de que los alumnos lleguen a la escuela portando la necesaria educación que se imparte en la casa, especialmente el respeto hacia el prójimo y el sentido de la responsabilidad. A los que están desviados de la buena senda, se los debe ayudar a enderezar su rumbo y, en algunos casos, ver que sean puestos bajo custodia de especialistas hasta la superación del problema que impide una buena convivencia de ellos con la comunidad.

Es tiempo de comienzo de clases. No todos los alumnos pueden ocuparse únicamente de la actividad escolar. Pese a lo que se diga contra el trabajo infantil, el mismo sigue vigente. En las ciudades podemos verlo a diario y, de tanto ver menores de edad trabajando, se nos antoja algo tan natural que parece no existir. En la campaña, los menores tienen que ayudar en la casa con tareas sencillas como el pastoreo de cabras u ovejas, mientras estudian “la lección”; Don Sixto lo decía con los cantores infantiles: “Sumas, restas leccioniycka/ multiplicaytap yachani;/ cabraspa huasanta puris/ nocka sachap estudiani” ( Ya aprendí la suma y resta/ y sigo multiplicando,/ mientras cuido yo mis cabras/ por ahí me siento estudiando).

En la ciudad o en el campo, siendo alumnos o agentes educadores, más allá de la edad e intereses económicos, todos debemos dedicarnos a contribuir de algún modo a la buena formación de cada uno de los integrantes de la comunidad. Y tenemos que sentirnos dichosos ante nuestra realidad de santiagueños, argentinos y criollos.

Don Lorenzo Gutiérrez, hombre de Alero Quichua, lo dijo con total claridad: “Vaya m’ hijo pa’ la escuela/ y allí, al pie de la Bandera,/ que es el altar de la Patria,/ deje unas flores de ofrenda/ y por haber nacido criollo/ agradézcale a esta tierra.”

01 de Marzo de 2.016.

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