Por Crístian Ramón Verduc
27/09/2016
“Hay que guardar, eso conviene, por que el que guarda siempre tiene”

La letra de una canción popular de hace unas décadas nos recuerda un consejo dado por El Viejo Vizcacha a un hijo de Martín Fierro: “Los que no saben guardar, son pobres aunque trabajen”.

Son verdades difíciles de refutar si de bienes materiales se trata. En la vida es necesario plantearse objetivos. Uno de ellos es la obtención de lo necesario para sobrevivir uno mismo y sus cercanos; superado ello, el individuo se plantea la necesidad de asegurar un futuro sólido para sí mismo y los suyos. El orden de obtención de bienes suele comenzar por la casa donde vivir, continuar por un vehículo y luego se procura aumentar los bienes materiales, tanto en lo inmueble cuanto a medio de transporte propio.

Para obtener los bienes materiales, el ser humano ha de proveerse de las herramientas necesarias. Generalmente hay una base inicial, obtenida de sus mayores, la que puede ser una vivienda o parte de ella y, en muchos casos, un emprendimiento familiar del cual uno es parte. Luego viene la capacitación para la lucha por la vida.

El legado más importante que la persona recibe de sus mayores es la formación educativa, la que comienza en el mismo momento en que al recién nacido le hacen conocer voces afectuosas y otros estímulos. En los primeros años, ese nuevo integrante de la familia va a recibir a diario la enseñanza de su familia en cuanto a cómo desplazarse, comunicarse, cuidar de su propia seguridad, etc. Todo ello ocurrirá en forma distendida, como juegos o como parte de la vida cotidiana del grupo familiar. Poco a poco irá aprendiendo a interactuar con otras personas, que pueden ser primos o vecinos, generalmente de su misma edad, con los que compartirá juegos.

Luego vendrá la época de aprendizaje en la escuela, período que habitualmente comienza a los tres o cuatro años de edad y sigue por un tiempo variable, según los casos. La instrucción escolar complementa la influencia familiar en la formación de la persona. En muchas familias, parte del aprendizaje es la asunción de obligaciones, generalmente cumpliendo tareas acordes con la edad. Hay familias en las que personas de corta edad cuidan de sus hermanos menores y, especialmente en zonas rurales, participan en tareas agrícolas o se ocupan del cuidado de ganado menor.

En la vida y en el aprendizaje no todo es el cumplimiento de obligaciones. También hay momentos para el solaz, para disfrutar de una actividad placentera; en la infancia son los juegos y posteriormente puede ser la práctica de deportes, de artes o de actividades sociales y culturales. Por ejemplo, la participación en el Alero Quichua Santiagueño es una actividad placentera en la que participa gente de distintas edades, sin que haya un vínculo laboral entre sí o respecto a la idea que se lleva adelante.

En cuanto a bienes materiales, los conocedores enseñan a cuidar esos bienes y procurar incrementarlos mediante actividades lícitas. El método eficaz para aumentar los bienes materiales es encarar una actividad que traiga lucros y tener cuidado para que, entre la cobertura de necesidades, inversiones para el crecimiento y actividades recreativas, no se llegue a igualar y mucho menos a superar los ingresos materiales. La ayuda hacia sus cercanos es necesaria, pues es prácticamente una inversión, para que el grupo familiar al que pertenece el individuo crezca materialmente.

La ayuda o la caridad hacia desconocidos o personas ajenas al círculo íntimo del individuo, se consideran gastos, salidas de dinero que no ha de retornar.

En un extremo de mentalidad materialista están las personas que nuestros paisanos describen como quienes “no comen huevo por no tirar la cáscara”. En el otro extremo están los excesivamente pródigos y sin previsiones materiales, los que por llevar una vida de soñadores acaban “no teniendo dónde caer muertos”.

Para transitar bien por la ruta de la vida, es necesario evitar los extremos que pueden llevarnos a caer en la banquina. Es preciso lograr un sano equilibrio para no ser una persona fríamente materialista ni alocadamente despreocupada.

“El trabajar es la ley, por que es preciso alquirir”, decía Martín Fierro a sus hijos. Es bueno no perder de vista esa indicación de Fierro a la hora de pretender adquirir bienes. Debemos tratar de obtener lo que necesitamos o deseamos, pero siempre basados en el esfuerzo propio y no como aves de rapiña que despojan a los otros (“Ave de pico encorvao le tiene al robo afición”, dice Martín Fierro).

Y la solidaridad para con el prójimo, la que tantas veces habremos recibido sin darnos cuenta, es un factor muy importante en la realización de la persona. Cuanto más solidario seamos con el prójimo, mejor vivirá la sociedad en que vivimos y la calidad de vida de todo el conjunto se va a elevar, con beneficios para todos.

El correntino Padre Julián Zini, en su poema Avío del Alma, hace que la abuela le recuerde a un joven viajero que para el largo viaje que está por emprender, lleva no sólo la ropa y alimentos, sino también lo que su familia y su pueblo fueron depositando en su alma para el viaje por la vida: Prudencia, laboriosidad, solidaridad, firmeza en la lucha, respeto, humildad, amor a la Patria, etc. La anciana le recuerda a su nieto que ese avío del alma se acrecienta compartiéndolo.

Los criollos tenemos el gusto por reunirnos, compartir una mesa, la que puede ser abundante o discreta, incluso puede ser una rueda de mates nomás; en esa reunión compartiremos la conversación, la música y los cantares. En esas reuniones se comparten conversaciones y poesías cantadas o recitadas que hablan de las bellezas de la vida, de los problemas que suelen aparecer, las formas de solucionarlos, homenaje a personas queridas, etc. En estas reuniones compartimos parte del avío que la gente depositó en nuestra alma. En el trato con la gente vamos aprendiendo a lo largo de la vida que debemos ser prudentes en el tránsito por la misma, evitando caer en el materialismo extremo o en el desinterés absurdo.

La solidaridad hacia quien necesite de ella, de algún modo va a ayudarnos a incrementar nuestros avíos materiales y espirituales. No olvidemos que el sentirnos en paz nos ayudará en todo sentido, incluso en la brega cotidiana por las necesidades y aspiraciones materiales.

Siempre unidos y solidarios entre los humanos, enseñemos a quienes nos suceden en la vida, que los valores humanos traen como consecuencia lógica el éxito que tantas veces uno sueña. Solamente no debemos olvidar los valores morales básicos: Ama súa, ama llulla, ama ckella (No robar, no mentir, no tener pereza).

 

27 de Septiembre de 2016.

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