Por Crístian Ramón Verduc
Destacado escrito el día:  01/11/2016
Llámcay significa trabajar.

Podemos decir, por ejemplo: “Nocka llamcani, ckam llamcanqui, pay llamcan” (Yo trabajo, usted trabaja, él o ella trabaja). Algo que suele ser motivo de discusiones amables y no tanto, es respecto a cuál trabajo es más importante. Generalmente, uno valoriza lo propio, en ocasiones con exageración; eso ocurre frecuentemente cuando la gente habla de trabajo, ponderando lo sacrificada y valiosa que es su tarea. Como el interlocutor suele estar en la misma postura pero con otra actividad, enseguida comienza la disputa.

En los tiempos ñaupas (antiguos) cada hombre, o cada familia, debía ocuparse de todo lo necesario para la subsistencia. La misma persona debía cazar, recolectar alimentos vegetales, confeccionar las simples ropas que usaban, fabricar las armas, ocuparse de la seguridad del grupo familiar, procurar vivienda, mantenerla limpia, etc.

Con el paso de los siglos, los integrantes de una comunidad han ido especializándose, cada uno para desempeñar una tarea determinada, en cierto modo similar a las abejas en una colmena. Parece ser que las abejas están despojadas del menor atisbo de individualismo, y todas sus actividades tienen como finalidad la supervivencia y crecimiento de la colmena y, por ende, de la especie.

La abeja a la que hemos dado en llamar “reina” para poder entender desde nuestra mentalidad, tiene la misión de poner huevos y proveer a las obreras del olor que identifica a la familia. Es decir que es la madre de todo el grupo y la encargada de mantener la identidad de la colmena.

El zángano es el individuo masculino en la colmena. Su misión consiste en estar sano y listo para encarar un vuelo vigoroso para cuando llega una oportunidad especial, si es que ésta llega. Esa oportunidad se da cuando una reina virgen remonta vuelo con fines nupciales. La reina suelta un olor particular, que es detectado por los zánganos de un par de kilómetros a la redonda. Ellos acuden al llamado y persiguen a la fémina, que vuela velozmente y lo más alto posible. Se produce una rápida persecución que culmina en la cópula de la reina con el zángano más fuerte. El premio para este bravo zángano es que toda una colmena será hija suya. El costo es la vida, pues inmediatamente después del apareamiento, el zángano muere. Los demás machos vuelven a su preparación habitual, en espera de la próxima carrera, de la que saldrán triunfadores muertos o derrotados vivos.

En la colmena, las obreras son las que hacen todo, excepto lo hecho por la reina y los zánganos. Una abeja recién nacida es buena productora de jalea real, imprescindible para la alimentación de las larvas y para que la reina pueda poner huevos. Después cumple otras tareas, como la limpieza interior de la colmena, alimentación de las crías y de la reina, producción de cera, construcción de panales, etc. Cuando la obrera alcanza la edad y fortaleza alar adecuadas para volar, se instala en la puerta de la colmena para tareas de vigilancia, lo que significa impedir la entrada de abejas que no tengan el olor de la familia y repeler cualquier ataque o amenaza. Mientras hace el trabajo de vigilancia, la obrera prueba sus alas y ensaya vuelos cortitos, los que poco a poco van haciéndose más amplios. Cuando su vuelo es seguro y conoce bien la ubicación de la colmena, se puede decir que llega al pináculo de su carrera laboral, consistente en procurar y acarrear a la colmena néctar, polen, propoleo y agua. Cuando tantos viajes con carga desgastan sus alas, la obrera percibe que ha llegado al final de su vida; entonces se retira lejos de la colmena, para que su cadáver no sea un problema.

Dentro de la colmena hay actividad permanente, especialmente en época de floración. Durante la noche, las obreras que de día cosechan en el campo, baten sus alas dentro de la colmena, formando corrientes de aire que ayudarán a evaporar y extraer el exceso de humedad del líquido que entró como néctar, ahora en proceso de densificación para ser miel.

Es posible que entre los seres humanos antiguos, también haya aparecido una forma estricta de especialización para el buen desempeño de todo el clan aunque, similar a las abejas, prácticamente nadie se habrá ocupado de una sola tarea. Con el paso del tiempo, fueron surgiendo los líderes místicos, los que poco a poco fueron acumulando en su persona la suma del poder dentro de la comunidad. Fueron creando los oficios, como el de educador de los más chicos, soldado, confeccionador de ropa y calzado, armero, agricultor o recolector, pastor o cazador, etc.

A partir de la industrialización, las especialidades laborales se hicieron más notables. Desde hace una buena cantidad de años hay una enorme cantidad de oficios y profesiones. Las manifestaciones artísticas y deportivas, otrora practicadas únicamente como pasatiempo, se han convertido en actividades laborales. Tareas que pueden haber surgido como actividades altruistas, realizadas para lograr una satisfacción espiritual, con el tiempo se han transformado en trabajos remunerados; por ejemplo, bomberos, sindicalistas, políticos, religiosos...

Si nos ponemos a ver el cúmulo de actividades laborales existentes en la comunidad en que vivimos, y pretendemos elegir el oficio más importante, nos encontraremos ante una tarea demasiado difícil. No ha de faltar alguien que indique su propia actividad como la más importante, exponiendo argumentos aparentemente irrefutables; enseguida aparecerá otra persona que hable de otro oficio (el suyo), al que considera el imprescindible en la vida comunitaria.

En realidad, todos tienen razón, pues no hay actividad más importante que la propia, por eso debemos dedicarle todo nuestro esfuerzo, procurando que cada día sea mejor el resultado de nuestro trabajo. Como decía alguien a sus hijos, conversando alrededor del fogón: “Si alguno de ustedes llega a Presidente de la Nación, tiene que ser el mejor Presidente. Si queda en un oficio como, por ejemplo, barrendero, tiene que ser el mejor barrendero, superándose a sí mismo cada día".

Para lograr la autosuperación es necesario encarar cada actividad con cariño, con ganas y esmero. Hay que idear soluciones para los problemas que pudieran aparecer, hay que capacitarse por esfuerzo propio y con la ayuda de quienes saben más.

Es muy difícil determinar cuáles son las actividades más importantes en la gran colmena humana. En todo caso, podríamos afirmar que está en cada uno valorizar y jerarquizar su profesión u oficio, mediante la dedicación y cariño puestos en bien de la comunidad, a la que servimos con el trabajo. Es la mejor manera de hacer del propio, el mejor trabajo del mundo.

01 de Noviembre de 2016.

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