Por Crístian Ramón Verduc
Destacado escrito el día:  29/11/2016
“Donde se acaban los machos”

dijo con picardía una persona quichuista para traducir el nombre de Orckos Tucucuna, lugar ubicado en el Sur de nuestra provincia, justamente donde terminan las sierras de Ojo de Agua y comienza la planicie.

En ese caso, debe entenderse que el significado es Donde Terminan los Cerros, pues la palabra quichua orcko puede significar cerro y también macho, según la intención de la frase u oración y según la ubicación de la palabra orcko. Por ejemplo: Si decimos orcko chuña, estamos ante dos sustantivos y el significado es chuña del cerro, que es un determinado tipo de ave zancuda. Si decimos chuña orcko, nos referimos al mismo animal, pero calificándolo como macho. Ocasionalmente se utiliza la palabra orcko para exaltar la hombría de alguien, como cuando Alfredo Ábalos elogia a Felipe Corpos antes de cantar la chacarera Hermano Coplero. También aparece la misma expresión en el estribillo de la chacarera Ciudad Madre de Ciudades (Pablo Raúl Trullenque – Carlos Carabajal), cuando dice: “Huarmi súmaj, orcko ckari...” (Linda mujer, hombre macho...).

El sustantivo quichua no tiene en sí mismo el accidente de género. En castellano decimos, por ejemplo: Puerta, y sabemos que la puerta es de género femenino; el árbol es masculino, perro es masculino y perra es femenino, león es masculino, leona es femenino. Al no usar artículo, en quichua no tenemos que pensar en el género de lo que mencionamos; no precisamos pensar si será “el” o “la”. Para diferenciar el sexo en los animales, se usa el adjetivo orcko para macho y china para hembra. Ejemplos: Ashcko orcko es perro; ashcko china es perra.

Para los seres humanos hay palabras diferentes, como ser ckari para decir hombre y huarmi para decir mujer; tata para decir padre y mama para decir madre. En esta forma de especificar el sexo, algunas palabras se han perdido, como es el caso de que tenemos la palabra ckosa para decir esposo, marido, pero para esposa usamos huarmi (mujer); tampoco tenemos una palabra para decir yerno pero sí tenemos la palabra apshu para decir nuera.

En cuanto al aspecto físico, entre los humanos no tenemos ningún problema para distinguir entre un varón y una mujer. Solamente en casos muy especiales, la indumentaria puede prestarse a confusiones, especialmente si hay distancia o poca visibilidad. La voz también marca diferencias entre ambos sexos.

Entre los animales hay algunos con marcada diferencia de aspecto entre los sexos. Por ejemplo: Un gallo es muy diferente a una gallina y un chivo es distinto a una cabra, pues hay diferencias muy fáciles de percibir. En otros animales se hace un poco complicado notar las diferencias entre sexos. Si uno mira de lejos a las cabras u ovejas jóvenes, no podrá distinguir fácilmente cuáles son machos y cuáles hembras; lo mismo pasa con los equinos y los vacunos. Una vez crecidos, de lejos se nota la diferencia entre un toro y una vaca, por ejemplo.

Entre los animalitos del monte, las diferencias son más difíciles de percibir. En los pájaros, las diferencias de color o tamaño son tan sutiles que rara vez uno puede saber cuál es macho y cuál es hembra. En las bandadas de tordos, la mayoría luce un color negro azulino tornasolado, pero también hay individuos de color marrón, que no se puede saber a ciencia cierta si son ejemplares juveniles o hembras.

Hay una creencia de que la iguana colorada es macho y la iguana overa es hembra. En realidad, son dos especies distintas de lagartos. En nuestra provincia hay abundancia de iguana colorada, a la que llamamos ckaran puca (su cuero rojo); es raro ver una iguana overa, la que sí hay en cantidad más hacia el Sur, donde va disminuyendo la población de iguanas coloradas. La iguana colorada se ve más corta y gruesa que la overa. De hecho que hay una marcada diferencia en el color, pues la colorada es de un color ladrillo, rojizo, y la iguana overa tiene en su piel amplias zonas negras y otras blancas o claras.

Cuando vemos pasar corriendo un zorro (átoj), un ratón (ucucha), una liebre (huilla), un zorrino (añangu), un armadillo (pichi), o vemos el pesado andar de una tortuga (hualu) o el andar saltarín del sapo (ampatu), no podemos saber si es hembra o macho; hace falta observarlos bien para determinar el sexo de cada uno.

Con los insectos y otros animales muy chicos, la determinación de los sexos es más difícil, salvo casos especiales como el de las abejas, las que tienen una gran mayoría de hembras en cada colonia y unos pocos zánganos, que son bien diferenciados del resto por ser de mayor tamaño y aspecto rechoncho.

Más allá del aspecto físico, entre hombres y mujeres hay diferencias desde tiempos inmemoriales. Dicen que los antiguos humanos vivían en cavernas y que su lucha diaria por la supervivencia era por demás ardua. En esos tiempos, el hombre era el cazador o recolector, mientras que la mujer era quien cuidaba de los hijos, a los que iniciaba en el conocimiento de la vida, dentro del refugio nomás, hasta que tuviesen la autonomía necesaria para salir con los hombres hacia los peligros de la vida en los montes. Es de suponer que, cuando el hombre no volvía, la mujer tendría que asumir el papel de cazadora y recolectora, aunque si vivían en un clan, la pérdida de un hombre era algo relativamente fácil de subsanar.

Los milenios han pasado, los estilos de vida han ido cambiando gracias a los inventos y descubrimientos. Hay mujeres que han luchado estoicamente para hacer saber que son aptas para mucho más que cuidar de la casa y los chicos. Ahora, una persona con buena visión de las cosas, cuando quiere emprender algo en lo que necesita gente, no busca hombres aptos ni mujeres aptas para las tareas que sea menester cumplir; el emprendedor inteligente busca personas aptas y capaces para el cumplimiento de las tareas.

Las diferencias físicas existen. No podemos negar que en general hay diferencias físicas determinadas por la edad y por el sexo, pero a la hora de buscar rendimientos, lo que interesa es que la persona sea capaz de afrontar bien los desafíos que presenta tal o cual misión.

Seguimos queriendo que la mujer sea linda y el hombre recio (huarmi súmaj, orcko ckari), pero la capacidad de cada persona para determinadas actividades, ya sean laborales, artísticas, científicas o de cualquier índole, son las determinantes para decidir a quién preferimos para cada ocupación.

Sin renunciar al necesario romanticismo, relaciones afectuosas y espíritu soñador, debemos marchar hacia un modo de convivir basado en la racionalidad. Así andaremos bien como sociedad humana, más allá de sexos, colores de piel y sonidos de los idiomas.

29 de Noviembre de 2016.

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