Por Crístian Ramón Verduc
27/12/2016
Estamos en los días más largos de 2016.

En esta época, la parte del planeta donde nos toca vivir está teniendo las noches más cortas del año, como parte de los ciclos naturales de la relación entre la Tierra y el Sol.

En Santiago del Estero tenemos días calurosos, en los que los coyuyos hacen oír su fuerte canto en los amaneceres de Sol fuerte, en las tardes y en las noches si la temperatura es alta. Por otra parte, los pájaros se pasaron el año regalándonos sus melodías, lo que pasa poco menos que desapercibido por ser algo cotidiano. En estos días cálidos de Diciembre, en que los pájaros están cuidando sus pichones y animándolos a ensayar sus primeros vuelos, sus cantares parecen más intensos, aunque no distintos al resto del año, pues cada especie tiene su modo de cantar.

Cuando escuchamos el alegre canto a dúo en el que uno pía repetidas veces mientras el otro parece reír a carcajadas, en tonos descendentes, sabemos que es una pareja de horneros celebrando su trabajo de albañiles. Si escuchamos un piar intenso y constante, sabemos que es un gorrión. Si escuchamos un cantor que parece decir: “Bien te ví”, “bien te veo”, “ya te veo”, “bicho feo”, o algo similar, sabemos que está cantando del cketuvi o benteveo. Un canto bello y a la vez un poco chirriante, es el del tordo. Si escuchamos un gorjeo fuerte y prolongado, seguramente por ahí nomás anda la charrasquita, carrasquita, tacuarita o ratona. También sabemos diferenciar las poco menos menos que indescriptibles melodías que entonan el cardenal, el zorzal, la imitadora calandria, el silbido del boyero y muchos otros más cantores emplumados que llenan las arboledas con sus voces.

Vaya uno a saber por qué, la calandria imita a los otros pájaros. Su voz natural es poco agradable, pero imitando a otros es una maravilla. Mucha gente no conoce la voz propia de la calandria, pues ella anda por los campos, montes y poblados procurando voces de pájaros a quienes copiar.

Es muy posible que antiguos seres humanos, hayan logrado los primeros silbidos y los primeros cantares en intentos por imitar a los pájaros. Debe de haber una historia del canto humano, el que habrá comenzado con imitaciones simples hasta llegar a la actualidad, en que tenemos cantantes que manejan técnicas vocales finamente elaboradas.

En el canto popular argentino se pueden percibir influencias españolas y de algunas otras vertientes europeas, sin desconocer por ello una herencia de nuestros mayores originarios de estas tierras. En el canto criollo que Don Andrés Chazarreta incluyera en el arte nativo, el paisano se expresó diciendo con música lo que habría querido decir en una conversación mano a mano y también para relatar hechos vividos u oídos de otros.

Con el paso del tiempo, la aparición de las grabaciones y las emisoras de radio nos permitió conocer las voces de buenos cantores de distintas tierras, cercanas o lejanas. Poco a poco, el oyente ha ido reconociendo a los distintos intérpretes por el timbre de voz, por el fraseo, por el caudal de esa voz y por el énfasis que ponía en cada interpretación. Es como escuchar distintos pájaros e identificarlos por su modo de cantar.

En toda esa diversidad canora hay también los que semejan una calandria, lo que se patentiza cuando el oyente dice: “¡Qué bien que canta! Se parece a Fulano”. De hecho, entre tantos millones de personas cantando, tienen que aparecer algunos que naturalmente se parecen entre sí. En ese caso, posiblemente ganará la fama el primero que haya llegado al gusto popular, quedando sus parecidos condenados a ser tildados de imitadores. También hay quienes imitan intencionalmente, ya sea como parte de un espectáculo de humor, o como una muestra de admiración hacia el intérprete famoso.

Es muy lindo reunirse en una rueda cancionera, ya sea en un patio, debajo de un alero, en un salón o en el lugar que fuere. A medida que el turno para cantar o, en algunas ocasiones, la única guitarra disponible, vaya circulando cual si fuese un mate, se escucharán diversas voces, interpretando cada uno cantares que forman parte de su repertorio. Por ahí pueden aparecer dos que cantan muy parecido entre sí o, en el peor de los casos, varios cantores que imitan al mismo cantor consagrado.

Seguramente en el canto, en la interpretación de un instrumento, en la danza y en otras actividades de la vida, ocurre que cada uno aprende lo básico para cada expresión y luego pone su propia impronta, dando su toque personal a lo que sea que practica, lo que hará que lo suyo no deje dudas en cuanto a que es suyo y no copiado; es muy posible que esto dependa del modo de ser de cada uno, lo que dará el toque personal (o no) de cada uno en cada cosa que haga.

Así como se espera que cada uno tenga su personalidad para pensar, hablar y realizar cosas en la vida, así esperamos que cada cantor muestre su propia voz y su modo de interpretar cada tema musical, para que cuando estemos en un lugar donde cantan muchos, parezca que estamos ante un árbol poblado de aves canoras que sueltan sus voces de a una por vez, acariciándonos los oídos con sus particularidades y esmero para exponer sus mejores interpretaciones.

Puede ser que entre las personas que cantan, de pronto aparezca alguien que parece imitar, cual calandria humana. No estaría de más disfrutar también de ese modo de ser, particular por cierto. También puede ocurrir que nos encontremos con una “bandada” que imita al mismo referente, unos más que otros y cada uno a su manera, pero evidenciando todos la intención de parecerse a alguien en particular. Aunque parezca extraño, cosas así suelen ocurrir.

Si nos encontramos con cantores que parecen haberse masificado en pos de un cantor admirado, debemos armarnos de paciencia y esperar. Ya ha de aparecer un criollo comedido que, en privado y buscando no herir al otro, le hará notar cuál es el problema y cuáles las posibles soluciones.

La vida nos proporciona árboles poblados de aves cantoras y de insectos que también hacen escuchar su sonoro reclamo en un canto veraniego. La vida en sociedad nos permite escuchar distintas voces humanas, las que expresan ideas habladas o cantadas. De ese cúmulo de distintas opciones iremos tomando lo que nos parezca mejor para cada uno de nosotros y que pueda ser un aporte para la comunidad toda.

Entre todas esas voces que interpretan cada una su cantar, puede aparecer ocasionalmente alguna voz repetida o que nos suena poco agradable. En ese caso, habría que recordar un dicho que atribuyen a Felipe Corpos: “Dejenlo, algo tiene que tener”.

 

27 de Diciembre de 2016.

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