Por Crístian Ramón Verduc
21/03/2017
Llega el Otoño a nuestro hemisferio.

Con algunas diferencias para cada región, el Otoño es una estación que se caracteriza por la contracción de la savia en las plantas, con su consecuente caída de hojas y secado de ramas, preparándose para los fríos del Invierno. Es la época en que las hojas, por falta de circulación del líquido que las alimenta, se secan y caen, formando un manto en el suelo alrededor de los árboles.

En algunos lugares, estas señales del Otoño comienzan antes, mientras que en otros tarda un poco más. Además, no todas las plantas toman el aspecto otoñal; algunas tienen toda la apariencia de quien sigue con su actividad interna normal.

En nuestro pago santiagueño, la cercanía del Otoño se ha manifestado con una disminución en los calores propios del Verano, con el habitual acortamiento de los días y prolongación de las noches. Aunque no se perciba demasiado, este cambio en el tiempo cotidiano de luz diurna ha comenzado en Diciembre, a partir del Solsticio.

El Equinoccio de Marzo es el Equinoccio de Otoño para el Hemisferio Sur, mientras que para el Hemisferio Norte es el de Primavera. En el momento del Equinoccio, los rayos del Sol caen perpendiculares a la superficie de la Tierra sobre la línea del Ecuador. Es un momento muy interesante, que ha sido observado por amautas (sabios) de la cultura incaica y de casi todas las culturas del mundo.

El día del Sosticio de Diciembre, en el Hemisferio Sur hemos tenido la mayor cantidad de tiempo de luz natural de todo el año. Dicho de otra manera, hemos vivido la noche más corta y el día más largo del año 2016. A partir de ese día, las noches han ido alargándose, a medida que veíamos al Sol aparecer por las mañanas e irse en los atardeceres cada vez más al Norte y y hacer un recorrido por el cielo cada vez más al Norte. Durante este tiempo, entre Diciembre y Marzo, los días han seguido siendo más largos que las noches, con una diferencia de tiempo cada vez menor.

Ahora llegamos al Equinoccio, momento en que el día y la noche durarán doce horas en todos los lugares de la Tierra. A partir de ahora y hasta Junio, las noches serán más largas que los días en el Hemisferio Sur y más cortas en el Hemisferio Norte. Cuanto más lejos del Ecuador, más notable es este fenómeno natural. En Santiago del Estero, estamos unas cuantas centenas de kilómetros al Sur del Trópico de Capricornio, por lo que la diferencia entre el tiempo de luz diurna y oscuridad nocturna pueden percibirse si uno presta mucha atención.

Hasta el 21 de Junio, veremos al Sol cada vez más hacia el Norte y las sombras serán cada día un poco más largas, fenómenos que son mucho más notables en el Sur del país y especialmente en la Antártida. Hay comprovincianos que pueden dar fe de estas características regionales, pues tenemos santiagueños por todo el territorio nacional.

Dentro de pocos meses, posiblemente durante Junio y Julio, en nuestro pago santiagueño tendremos amaneceres con temperaturas por debajo del cero en el sistema Celsius o centígrado, que marca con cero grado al punto de congelamiento del agua y con cien grados al punto de ebullición o hervor del agua.

Cuando el termómetro marca cero, el agua comienza a congelarse. En los días de heladas invernales, la temperatura suele bajar hasta alcanzar unos cinco o diez grados bajo cero, por lo que se forma hielo en los charcos de agua y en recipientes que amanecen con agua a la intemperie. En quichua, a ese hielo que se forma por la helada lo llamamos ckasa, que significa escarcha.

Muchas personas que olvidan una botella llena de agua y tapada en un congelador, se dan con la desagradable sorpresa de que la botella “revienta” por causa del hielo. Esto se debe a que el agua congelada ocupa un espacio mayor que en estado líquido, por eso también es que los hielos flotan en el agua.

El agua transformada en hielo se expande y rompe el recipiente que la contiene. Algo similar pasa cuando se congela una célula humana, animal o vegetal: El líquido contenido en la célula se transforma en hielo y rompe la piel de la célula, provocando su muerte. Por eso es que muchos casos de congelamiento de seres humanos terminan en amputaciones o muerte.

Si una planta verde, con su savia circulando, queda expuesta a temperaturas bajo cero, las células que contienen líquido se rompen, causando la muerte de hojas y ramas, “quemadas por la helada”. En época de heladas, los agricultores cubren a sus plantaciones con algún tipo de tela o humo, para formar un techo que evite la pérdida de calor en las noches que presagian helada.

Las plantas silvestres, especialmente los árboles, tienen mecanismos naturales para evitar el congelamiento de sus células. Las plantas de menor tamaño, naturalmente protegidas por los árboles, suelen pasar los fríos sin problemas. Otras, incluso algunos árboles, tienen un tipo de corteza y de hojas que no se congelan aunque las temperaturas sean muy bajas.

Los árboles que pierden sus hojas en Otoño, lo hacen respondiendo a un mandato natural, relacionado con el tiempo diario de luz natural. La circulación de savia se reduce a las raíces y partes más profundas del tronco y de ramas gruesas, adonde no va a llegar a bajar la temperatura hasta el punto de congelación. Las hojas y ramas finas, más expuestas a los cambios de temperatura, se secan al ir quedando sin savia durante el Otoño; esas hojas caen y forman una especie de frazada protectora para la tierra que cubre las raíces, donde sí hay buena provisión del líquido vital para sobrevivir hasta la Primavera.

Estamos entrando en el Otoño. Debemos prepararnos para los fríos invernales mientras disfrutamos de la transición, después de los lindos calores del Verano que acaba de pasar.

Este tiempo previo al Invierno es de mucha actividad humana, especialmente en lo laboral y cultural. Pasó el Verano con sus festivales de distintos nombres y formatos casi idénticos. Ahora comienzan las actividades de aprendizaje en distintas áreas, desde la enseñanza formal en los distintos establecimientos educativos de todos los niveles hasta los encuentros organizados para intercambio de conocimientos.

En estos días previos al Otoño, en distintos lugares del país han recomenzado los cursos y talleres de quichua, en los que se está bregando para mantener vivo el idioma. Cultivando y cubriendo debidamente al quichua y a nuestra identidad santiagueña y argentina, evitaremos que los permanentes avances contrarios a nuestro modo de ser, congelen y destruyan nuestra cultura.

21 de Marzo de 2017.

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