Por Crístian Ramón Verduc
Destacado escrito el día:  23/05/2017
Por la mañana temprano ya se escucha el canto de los pájaros.

Entre ellos, el vocerío de los gorriones. Muchos de ellos bajan enseguida a las plazas, a las veredas por donde transita gente apurada, a los patios… en fin, los gorriones se acercan bastante, tal vez demasiado, a los seres humanos.

Es común en los pueblos y ciudades ver muy de cerca a los gorriones. Algunos de ellos picotean migas entre las mesas de los bares y cafés que utilizan las veredas. Si encuentran una mesa desocupada, son capaces de asentarse en ella para procurar algo. Siempre atentos a los movimientos cercanos, pueden sortear las pisadas de la gente y mantenerse a salvo de perros y gatos, especialmente si bajan en el patio de una casa.

En el mundo hay muchas especies de gorrión. Los gorriones domésticos han sido traídos de Europa hacia América y hace más de un siglo y medio que habitan ciudades y campos argentinos, además de hacer lo mismo en los países vecinos. En los campos suelen ser mal vistos, por su alimentación en base a granos. En las ciudades son bien tolerados y prácticamente ignorados. Hacen nido en cualquier hueco que encuentran, ya sea en árboles o en construcciones.

Otra ave que podemos ver muy de cerca en las ciudades es la paloma doméstica. Hay plazas que suelen estar prácticamente alfombradas de palomas, las que vienen desde sus nidos a procurar alimento en los mismos lugares que los gorriones, con cierta desventaja por causa de su tamaño. Justamente por su envergadura y por ende, por lo incómodo para volar entre las mesas, se ve a las palomas haciendo largas caminatas por debajo de las mesas de bares instalados en las veredas.

La paloma es un ave que existe en casi todo el mundo. Hay distintas especies y razas, algunas de las cuales son domésticas. En nuestros montes y campos podemos identificar distintos tipos de palomas, como por ejemplo la torcaza, de tamaño considerable, similar al de la paloma doméstica; la urpilita que es apenas mayor que un pájaro, y la mediana que, como su nombre lo indica, es de menor tamaño que la torcaza y mayor que la urpila. Cada una tiene su canto particular. Dicen que el canto de la urpila es un lamento que anuncia el nacimiento de un varón. Su canto es un “u–ú” repetido varias veces y, según cómo uno quiera escucharlo, es lamentoso o no. La voz de la torcaza sí es como un lamento, como una letra U repetida una sola vez, para volver a sonar unos segundos o mas o menos un minuto después, siempre con las dos U.

La paloma doméstica que conocemos en nuestro país ha sido traída por los españoles, por eso muchos las llaman “paloma de Castilla”. Las palomas mensajeras son de una raza particular y además han sido entrenadas para hacer largos vuelos de regreso hasta su palomar de origen. El uso de palomas mensajeras ha comenzado hace muchos siglos. Ahora solamente la crían los colombófilos, con fines deportivos. La paloma doméstica puede anidar en cualquier lugar dentro de una ciudad, por eso se ven sus nidos en monumentos, puentes, balcones y hendiduras grandes de paredes viejas. Son ésas palomas las que andan en las plazas y otros lugares de las ciudades, mezclándose con la gente.

Los gorriones y las palomas no son las únicas aves que frecuentan plazas, veredas y patios, pero son las más abundantes y las que parecen no sentir temor ante la presencia humana. Pese a las precauciones que por instinto toman las palomas y los gorriones, algunos de estos animalitos son lisiados o muertos por pisadas humanas o atropellamiento de vehículos.

Andando por el centro de muchas ciudades argentinas y especialmente si uno se sienta a la mesa de un café que utiliza la vereda o una galería, seremos abordados por los chicos que frecuentan la zona en busca de sustento. Esos niños, cual mansos gorrioncitos puebleros, recorren plazas, negocios y calles del centro de la ciudad, procurando vender productos muy sencillos, ofreciéndose para lustrar zapatos, cuidar automóviles, limpiar los parabrisas, o simplemente mendigando, a veces con un hermanito en brazos.

Los merenderos, comedores infantiles, casas cuna y hogares escuela son refugio de niños que tienen graves problemas familiares de índole social o económico. Lo ideal sería que esos niños concurran a una escuela, estudien, hagan sus tareas escolares y jueguen, para ser llamados a la mesa en su casa, al horario habitual para cada comida, como cualquier niño de cualquier familia.

Los “chicos de la calle” son una muestra clara de nuestro fracaso como sociedad. Pero no hay que quedarse en el fracaso; debemos salir de él. La figura del mendigo de cualquier edad es antiquísima, prácticamente de todas las culturas. La imagen del changuito lustrador, vendedor o mendigo es tradicional y motivo de canciones muy sentidas, pero es una situación que debe solucionarse, y esa solución debe lograrse con la integración cultural y laboral de la familia a la que pertenece cada uno de esos chicos de la calle. La sociedad debe disponer los medios para averiguar qué pasa con cada uno de ellos y procurar una solución integradora, que no sea basada en la dádiva, sino en auxiliar a esa familia debilitada para fortalecerla y permitirle marchar normalmente.

“Sangra mucho el corazón del que tiene que pedir”, dice Martín Fierro. Cuando un chico está en situación de calle, sangra el corazón de la sociedad, aunque no lo percibamos.

Las palomas y los gorriones de las ciudades no son como eran en su época de vida salvaje, cuando se valían de sí para conseguir el sustento, sin espera las migas que directa o indirectamente les arrojan los que se supone son superiores en la escala de valores. Se han adaptado a una nueva vida a costa de la pérdida de su identidad.

Muchos seres humanos, salidos o arrancados de su medio habitual, han tenido que adaptarse a la nueva situación, bajando la cabeza ante quienes deberían mostrarse como sus iguales, pero que se han erigido en superiores. De poco sirven los discursos elocuentes, los escritos bien intencionados y las actitudes piadosas. Es necesario procurar un trato justo entre los humanos, para que nadie quede expuesto al pisoteo.

23 de Mayo de 2017.

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