Por Crístian Ramón Verduc
03/10/2017
¿Qué es Tanicu? taporani, tuve esa curiosidad. Contestaara: Yúyaj cani, huáhuay, la necesidad.

En la chacarera Una Tradición, Don Sixto se refiere a la tradición criolla que consiste en celebrar el día del Tanicu cada primer Domingo de Octubre. En esta estrofa cuenta que por curiosidad preguntó a su padre qué es el Tanicu, recibiendo por respuesta: “Suelo recordar, m’hijo, que es la necesidad.”

“Yuyayta ckallarispacka, paguyman quiero volver.” (Cuando comienza el recuerdo, hacia mi pago quiero volver) dice Don Sixto en la chacarera Nostalgias Salavineras, y comienza un lindo relato evocativo de las tareas que desarrollaba en su infancia y adolescencia.

Para evocar acontecimientos recientes o lejanos es necesario usar la memoria, una de las tantas sorprendentes funciones de la mente humana. Se dice “memoria de elefante” a la memoria infalible, posiblemente por que el enorme animal de tierras lejanas tiene muy desarrollada esa capacidad. Por otra parte, se dice “memoria de pez de color” en los casos de poca memoria, pues dicen que esos animalitos olvidan todo en pocos segundos. Puede que no sea así, pero algo debe de haber; por algo los peces que escapan de una captura de pescadores con anzuelo parecen no aprovechar la experiencia, pues vuelven a morder una carnada que está sujeta a un hilo por medio de un peligroso anzuelo, igual al que sufrieron antes.

Yachajcuna, los que saben, dicen que la memoria y la experiencia van de la mano. Es que si uno no viviese experiencias no tendría qué recordar, y si no tuviese memoria no podría aprovechar las experiencias para en algún momento transformarse en un experto en algo. El hecho de prestar atención en algo que ocurre o que hacemos, nos va a permitir después recordar bien cómo era ese algo, y así solucionar los eventuales problemas.

La memoria reciente nos permite recordar, por ejemplo, dónde hemos dejado las llaves de la casa, mientras que con la memoria recordaremos hechos lejanos en el tiempo, incluso de nuestra infancia pre escolar. Hay cosas que recordamos en forma permanente y aparentemente en forma inconsciente. Por ejemplo, no podemos recordar cómo ni cuándo ha sido, pero en cercanías del fuego sabemos que es peligroso por que alguna vez nos lo han enseñado; algo parecido ocurre con el habla, la escritura y otras destrezas; al tratarse del resultado de un proceso mas o menos prolongado, no tenemos para recordar el preciso instante en que aprendimos, pues tal instante preciso no existe.

Dicen que para aprender a escribir hay que saber leer y que es un proceso prolongado, que puede llevar toda una vida, según lo que uno quiera hacer con la lectoescritura. En general, es muy importante recordar las enseñanzas de los maestros sobre cómo escribir de un modo estético y entendible. Es muy posible que uno siga aprendiendo secretos del buen modo de escribir a lo largo de toda la vida. También aprenderemos a seleccionar de quiénes deberíamos aprender y de quiénes no.

En cuanto a aprender a hablar, también es un largo proceso que se inicia apenas nacida la persona, cuando ejercita su voz emitiendo sonidos simples, como “agú”, “ajó”, etc. Dicen que la primera palabra que uno aprende es “mamá” y es muy probable que sea así, por lo elemental que es la articulación de esta palabra, lo que también ocurre con “papá” y “tata”; pero en general, mamá sale con mayor naturalidad, pues la palabra se articula con un movimiento similar al de mamar.

Aprender a emitir sonidos es algo que sale con gran naturalidad; aprender el armado de frases y el significado de lo que se dice lleva un cierto tiempo. El hablar utilizando las palabras correctas y con elocuencia implica un aprendizaje más avanzado. Posiblemente lo más difícil de aprender es a callar. En este caso, la memoria tiene que actuar junto con el raciocinio para contrarrestar los impulsos, evitando así que “la lengua sea más rápida que el cerebro.”

Cuando uno se equivoca al hacer algo, generalmente lo hace por que ha olvidado momentáneamente la forma correcta de hacerlo. Ocurre cuando uno canta, toca un instrumento, escribe, hace algún trabajo materialmente productivo, etc. Incluso puede ocurrir cuando uno habla, especialmente en un debate, luego del cual puede arrepentirse por haber dicho algo, o por no haberlo dicho. En esos casos, es evidente que la memoria no estaba bien trabajada.

Quien no ejercita la memoria corre el riesgo de “tropezar nuevamente con la misma piedra” y repetir errores. El folclore es memoria colectiva. Junto con el estudio de la Historia y ciencias afines podrá evitarnos confusiones de identidad, de modo de ser y de actuar y nos permitirá ir realizando los cambios que sean beneficiosos para la comunidad en que vivimos.

El ejercitar la memoria aprendiendo cosas nuevas, o recordando lo aprendido y hechos vividos, nos apartará de los olvidos frecuentes y de males conocidos en los que el paciente pierde la memoria. El obligarse a recordar canciones y poesías aprendidas hace años, o el aprender temas nuevos, nos fortalecerá la memoria y nos alejará de los “males de la cabeza.” El hacer siempre mas o menos lo mismo puede parecer lindo, relajado y sin esfuerzos, pero es necesario salir de esa comodidad para ejercitar la memoria y la capacidad para el aprendizaje.

“Tengo mucha memoria, pero si anoto, tengo más,” decía el Profesor Domingo Bravo y tenía razón; es bueno tener siempre un respaldo para lo que uno desea recordar. No olvidemos que escribir una nómina puede evitar omisiones que podríamos cometer si dependemos únicamente de la memoria.

Un cantor o un músico se sienten más cómodos y sueltos si en el escenario cantan o tocan de memoria. La letra del tema o la partitura son un bulto más al cual prestar atención y un atril es un elemento más que ocupa la escena. Es como el caso de un cuerpo humano cuyos músculos y cierta zona cerebral aún no recuerdan bien cómo se hace para caminar. En ese caso es necesaria la ayuda de un andador, pero el objetivo tiene que ser el poder marchar por cuenta propia, sin la molestia del andador. Así, poco a poco hay que ir dejando el atril para cantar de memoria y concentrados en ponerle sentimiento a lo que se canta.

Para no perdernos en un viaje de ida, no debemos olvidar las indicaciones de personas confiables. Para el regreso debemos recordar por dónde habíamos ido y estar atentos a los eventos; es una constante en la vida.

Para andar bien en la vida, es necesario ejercitar la memoria, poniendo mucha atención en lo que se nos dice u ocurre. Yúyay, ama ckonckaychu (Recuerde, no olvide).

03 de Octubre de 2.017.

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