Por Crístian Ramón Verduc
20/02/2018
Cada cantor busca un escenario desde el cual expresarse.

Los grandes cantores buscan grandes escenarios, acordes con la calidad de sus cantares. Hay escenarios en los que se canta por el gusto de cantar y otros en los que se recibe un pago.

Los escenarios para la actuación de los pájaros suelen ser las ramas de los árboles, las líneas de los alambrados y los cables de distintos tendidos. Los mejores escenarios para su canto han de ser, en la absoluta mayoría de los casos, los árboles, los que son mejores cuanto más coposos se presentan. Los árboles suelen premiar con frutas a los visitantes cantores.

En zonas apartadas de las ciudades, lo más natural es que haya árboles y pájaros cantores. En los centros urbanos también debería haber una buena cantidad de árboles por la sombra, por la oxigenación del ambiente y por el canto de las aves. Felizmente, en las ciudades hay algunas casas arboladas, tanto en la vereda como en el fondo del terreno. Esas viviendas son visitadas constantemente por pájaros que brindan su canto a los dueños de casa y a los vecinos.

Entre los pájaros que alegran con sus trinos a los árboles, llama mucho la atención por sus cantares y por su aspecto, un pajarito azulado al que llaman reina mora; seguramente ha de haber un por qué del nombre.

Los habitantes de nuestra región somos, en forma mayoritaria, mestizos descendientes de originarios de estas tierras y españoles; también puede haber africanos entre nuestros antecesores, pues ellos llegaron durante la época colonial. En el final del Virreynato y durante unas décadas más, llegaron a nuestro país ingleses e italianos, a los que se llamó genéricamente “gringos”, y José Hernández los menciona en Martín Fierro (“Hasta un inglés zanjiador…”), (“Un nápoles mercachifle…”). En el Siglo XX llegaron a nuestro país, entre otros, los inmigrantes árabes, a los que se los llamó “turcos” por que sus países habían estado bajo el poder del imperio turco otomano.

Toda esa inmigración desde otros continentes comenzó con la llegada de los españoles. Los conquistadores venían con su bagaje bélico y cultural, con su música y sus cantares, elementos que con el tiempo dieron origen al canto criollo por la influencia mutua con los cantares de la gente que ya vivía en estas tierras, que tenía sus instrumentos musicales y cantares milenarios. Los españoles tenían el cante flamenco, con fuerte influencia árabe, de los pueblos del Norte de África a los que llamaron moros, y luego moriscos al ser convertidos al cristianismo.

Durante casi ocho siglos, España estuvo bajo el dominio musulmán. La convivencia entre los pueblos trajo consecuencias culturales muy importantes en la Península Ibérica, en la tecnología, en el idioma, en el canto, la música, el baile y en otros aspectos. Los pueblos del Norte de África han sido llamados moros en esa época, derivando de tal denominación palabras como moreno y morocho, además de utilizar las palabras moro y mora para indicar ciertas características, como el llamar mora a una fruta de color oscuro, o moro a un caballo de pelaje oscuro entrecano.

Granada fue el último bastión moro en España, el que fue reconquistado por los Reyes Católicos diez meses antes de la llegada de Cristóbal Colón a territorio americano. Dicen que en el período en que los moros dominaban Granada, una reina solía pasar el invierno en una residencia ubicada cerca de la desembocadura del río Guadalfeo. La gente de la zona había observado que un bello pajarito al que llaman pechiazul llegaba a la zona en la misma época del año, por lo que en esa región llamaron Reina Mora al pechiazul.

Entre tantas sorpresas que proporcionan los bosques, campos y selvas de nuestro continente, los españoles encontraron animales que no existen en otros lugares del mundo, otros que son de distribución mundial y otros que se parecen a los que ellos ya conocían. Entre ellos, encontraron un pájaro de color azul oscuro y canto muy lindo. No faltó quien halló un parecido entre este pajarito sudamericano y el pechiazul europeo al que este expedicionario conocía como reina mora, por lo que esta avecita también quedó conocida en muchos lugares como reinamora o reina mora; en Brasil este pájaro es llamado azulão, coincidente con azulón, uno de los nombres que recibe de alguno de nuestros coterráneos.

Conocemos dos tipos de reinamoras: La reinamora chica o azulito y la reinamora grande o azulón. Se puede ver y escuchar a estos hermosos pajaritos en los matorrales y bosques, también en parques, plazas e incluso en árboles de las veredas o viviendas. Lamentablemente, también se los ve o escucha enjaulados, víctimas del tráfico de animales.

Los pájaros deben ser libres y ponerlos en una jaula es una crueldad. Habría que hacer un cálculo sencillo: Si un pájaro en vuelo supera los cinco metros por segundo de velocidad, mientras que un ser humano camina poco más de un metro por segundo, y un pájaro es muchísimas veces menor que un humano en cuanto a tamaño: ¿Cuáles serían las dimensiones de una celda para humanos de un tamaño equivalente a una jaula para pájaros? Sin duda, cualquiera fuese el tamaño resultante, a nadie le gustaría estar en esa prisión, mucho menos si la causa de tal castigo es la hermosura de la ropa o la belleza del canto.

No hay mejor escenario para el canto de una reina mora o de cualquier pájaro que un árbol, una rama seca, una piedra o cualquiera fuese el escenario por él elegido. Si tenemos la suerte de estar cerca cuando canta un pájaro libre, estaremos disfrutando de un espectáculo inigualable, sin formar fila para comprar carísimas entradas.

Quien quiera disfrutar del canto de los pájaros tiene que aportar algo: Tiene que vencer a ciertas tentaciones. El mandato de no robar (ama súa), el de no mentir (ama llulla) y el de no tener pereza (ama ckella), nos guiarán para no caer en la tentación de robar la libertad de estos maravillosos cantores, ni siquiera con la mentirosa justificación de que ellos estarán más seguros bajo nuestro cuidado. No tengamos pereza y cuidemos los árboles, para que sigan siendo el escenario adecuado para estos maravillosos cantores.

Cuidar los árboles y la Naturaleza en general no requiere grandes esfuerzos físicos; solamente no hay que entregarse a la tarea de destruirlos, y si eso representa un esfuerzo, recordemos que la recompensa será grande.

20 de Febrero de 2.018.

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