Por Crístian Ramón Verduc
10/09/2019
"No es lo mismo saber que no saber" dijo el párroco de Mercedes

Para sintetizar la necesidad de que uno se instruya, se eduque y trate de superarse. En muchos otros casos y en distintas épocas, no faltó quien se opusiera al concepto diciendo: “Hay médicos trabajando de taxistas”, a lo que en pocas ocasiones, alguien respondió: “Pero no hay taxistas trabajando de médicos”, y agregó, por las dudas: “El médico un día dejará el taxi para atender un consultorio”.

No es lo mismo saber que no saber, por eso, para lograr la diferencia entre el ignorante y el instruido o informado, debemos dedicar un tiempo y un esfuerzo para mejorar culturalmente. El ejercicio mental del aprendizaje nos brindará un aumento de recursos para solucionar problemas. Al mismo tiempo, nos elevará desde nuestra escasez de conocimientos hacia una mayor cantidad de información. Al elevarnos, el horizonte al que queremos llegar será más amplio.

Se dice habitualmente que la casa es la primera escuela, pues en nuestro hogar comenzamos con los aprendizajes para toda la vida. En el ámbito familiar aprendemos a sentarnos, a “gatear”, a pararnos y luego a caminar. También aprendemos las primeras palabras y enriquecemos nuestro vocabulario de una manera sorprendente en poco tiempo. También en el seno de nuestra casa, aprendemos los buenos hábitos y las normas básicas para la convivencia: Avisar si queremos algo, los saludos, el agradecimiento, la generosidad, el respeto hacia el otro en sus diversas formas.

Dicen que cada casa es un mundo y seguramente ha de ser algo así, pues no todas las familias cuentan con un mismo caudal en su vocabulario y las expresiones de uso habitual suelen ser diferentes entre una familia y otra, al igual que las normas de convivencia. Todo ello hace que cada huahuita (persona de muy poca edad) crezca con un bagaje cultural distinto a los otros.   

El sistema educativo argentino prevé la inserción del niño en la vida social desde los cuatro años de edad, cuando tiene la posibilidad de compartir unas horas diarias con otras personas de su edad, y puede practicar juegos didácticos en forma individual y grupal, todo ello con la supervisión y guía de adultos. Esto ocurre en el Jardín de Infantes.

Después viene el período de escuela primaria, a partir de los seis o siete años de edad, según el sistema de cada provincia. La educación primaria va a durar seis o siete años, también según de qué provincia se trate. En la escuela primaria uno sigue aprendiendo a convivir unas horas diarias con otras personas, aprende a cumplir con ciertas obligaciones, puede aprender el valor de la puntualidad, valores cívicos, conocimientos básicos sobre las ciencias que necesitamos conocer para desenvolvernos en la vida, el modo correcto de expresarse verbalmente y por escrito.

La escuela secundaria cuenta con un ciclo básico de dos o tres años y un ciclo orientado de tres o cuatro años, con casos especiales en que se agrega un año más al ciclo orientado. La escuela secundaria permitirá que una persona entre 17 y 19 años de edad esté lista para insertarse en el mundo laboral con cierta especialización, o pueda acceder a la instrucción terciaria o universitaria, de donde egresará con los conocimientos necesarios para prestar servicios profesionales especializados.

Cada casa es un mundo y puede ocurrir que el niño, el adolescente o el joven que está en alguno de los niveles educativos enunciados, deba abandonar ese camino hacia la capacitación. También puede ser que, también por las circunstancias familiares o personales, alguien no haya concurrido nunca a la escuela. Para estos casos, hay escuelas para adultos en todos los niveles. En nuestro país, la educación pública es gratuita. También está la posibilidad de aprender en establecimientos educativos privados habilitados por el Estado.

El sistema educativo argentino permite la buena formación de quienes ponen la mejor de sus voluntades y se dedican a su propia preparación. Es posible, o casi seguro, que habrá cosas que mejorar en el sistema, como ocurre en todo sistema ideado por humanos. Las modificaciones son buenas cuando el objetivo es la excelencia en la formación de los egresados del sistema, en cualquiera de sus niveles.

Cuanto más capacitados estemos los ciudadanos, mejor va a ser la sociedad en su conjunto, para beneficiar el fortalecimiento de la Patria. Cualquier sistema puede ser muy bueno, pero su correcto funcionamiento va a depender del factor humano, por eso es que las tareas delicadas han de estar en manos de personas bien capacitadas y con muy buena voluntad para el servicio.

En tiempos antiguos, cada comunidad tuvo sus capacitadores especiales, principalmente para los hijos de quienes detentaban el poder público. Hoy tenemos un sistema educativo que a lo largo del tiempo ha reducido las diferencias entre los alumnos hijos de “poderosos” y los demás alumnos.

Quien hizo sentar las bases del sistema educativo argentino fue el político, escritor, docente, periodista y militar Domingo Faustino Sarmiento, que fuera Presidente de la Nación desde 1868 hasta 1874. Antes, había sido Gobernador de la provincia de San Juan de 1862 a 1864. Después de su período presidencial, Sarmiento ha sido Senador Nacional por su provincia y después Ministro del Interior.

Sarmiento conoció el servicio de la docencia desde su infancia. Con el paso de los años y las experiencias de vida, con sus sabores y sinsabores, dio forma a la idea que sintetizó al decir que había que educar al soberano, considerando que, tal como debería ser, el poder nacional reside en la población, con la suma de voluntades y capacidades individuales.

Sarmiento tuvo una gran enemistad mutua con los caudillos, por considerarlos un poderoso factor de atraso para la comunidad nacional. Falleció en Asunción del Paraguay, el 11 de Septiembre de 1888.  

Mucho se dijo y se dice respecto a Domingo Faustino Sarmiento. En lo que hay coincidencia es respecto a su formidable obra en pos de la educación. Uno de los primeros reconocimientos al gran impulsor de la educación argentina, fueron las palabras de Carlos Pellegrini en el sepelio de Sarmiento en Buenos Aires, días después de su fallecimiento: “Fue el cerebro más poderoso que haya producido la América".       

Cada 11 de Septiembre es Día del Maestro. ¡Cusi punchau, Yachachejcuna! (Feliz día, Maestros).

10 de Septiembre de 2019.

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