Por Crístian Ramón Verduc
24/03/2020
Ampisunaas amorani

Así es el nombre quichua del remedio Por curarte he venido, de Don Sixto Palavecino. Literalmente, en quichua está diciendo: “Vine deseando curarte”. Ampiy es el verbo curar, o sanar. El infijo “su” equivale a “te”. El infijo naa indica deseo de algo; en este caso, el deseo de curar o, gracias a “su”, entendemos que el deseo es de curar a la segunda persona (curarte). Las final de Ampisunaas representa al gerundio, pues se ha apocopado la terminación “spa”; deseando curarte sería ampisunaspa, pero ha quedado ampisunaas, con acento en la penúltima a, la que no lleva tilde por que ampisunaas es una palabra grave terminada en s. Amorani es la primera persona del verbo ámuy (venir) en llalliscka pacha (tiempo pasado), por eso traducimos como Vine, o He venido si se prefiere así.

Contaba Don Sixto que este remedio es antiguo, que en su infancia ya lo escuchaba como tema instrumental y que siendo ya un hombre había decidido ponerle letra. Al escribir la letra de este remedio, pensó justamente que, si bien en este caso la palabra remedio es el nombre de una danza folclórica, también significa algo que puede solucionar un problema de salud. Entonces, el remedio es para curar y por eso Don Sixto dice: “Pensando que no tendrías, remedio te lo he traído”.

Contaba Don Sixto que en su pago salavinero no había médico, que para conseguir atención médica debían hacer el largo viaje hasta la ciudad capital. Quienes solían ocuparse de los enfermos en la zona eran los curanderos. Algunos de ellos eran muy prácticos y conocedores de algunas enfermedades. Otros eran más inclinados hacia lo místico y seguramente trabajaban con la sugestión para lograr resultados en sus pacientes.

Don Sixto había observado que sus coterráneos, a falta de médicos y por costumbre arraigada de siglos, recurrían a los curanderos, aunque no siempre se lograba el resultado esperado. Muchas veces se había planteado que, de haber tenido atención médica, su hermano mayor no habría muerto joven, y su madre podría haber vivido más años. Todo esto lo volcó en la letra que puso al remedio Ampisunaas amorani (Por curarte he venido), donde se pone en el papel de curandero aunque no lo dice, atiende a la paciente de un modo afectuoso y pícaro, para finalmente hacerle una receta absurda. En una de ésas, la paciente sanaba y el mérito sería del curandero.

Don Belindo Farías era quichuista, de Barrancas igual que Don Sixto, al que con cariño y respeto llamaba Tío, y Don Sixto nos decía que Belindo era su sobrino en el afecto. Acostumbrado a la vida ruda del campo y del monte, además de afecto a nadar en el Río Dulce, especialmente si el Mishqui Mayu venía crecido, más la disciplina adquirida en el servicio militar, cuando Don Belindo Farías vino a vivir en la ciudad de Santiago del Estero tardó poco tiempo en conseguir un puesto entre los bomberos de la Policía de la Provincia.

Don Belindo era uno de los bomberos destacados, por su sentido de la responsabilidad y la disciplina, por su laboriosidad y por que, además de formar parte de la dotación contra incendios, era uno de los pocos nadadores que entraban a las aguas peligrosas en nombre del Cuerpo de Bomberos de la Policía. Llegó a retirarse con una alta jerarquía como Suboficial.

A veces, en las ruedas de conversación que surgían mientras esperábamos a los demás para iniciar una reunión de Comisión Directiva, o durante algún tincunácuy festivo con música, canto y danza, Don Belindo nos contaba sus anécdotas de la época de servicio policial. Respecto a los incendios, nos decía que para que ocurriese hacía falta el combustible, que viene a ser lo que se quema, además del oxígeno y la temperatura. La temperatura necesaria la proporciona generalmente alguna llama pequeña o una chispa; también hay algunos materiales que al estar estibados en gran cantidad y en ciertas condiciones alcanzan una temperatura que provoca lo que suelen llamar “incendio espontáneo”.

Decía Don Belindo que está mal decir que un incendio ha sido sofocado sin averiguar antes cuál había sido el método de extinción. Explicaba que se sofoca al fuego cuando se lo priva de oxígeno, como cuando se arroja una manta húmeda o seca sobre un fuego de pequeñas proporciones, o cuando se arroja sobre el fuego espuma u otro elemento químico que deje al fuego sin acceso al aire. Hay matafuegos que obran por enfriamiento, y cuando hay riesgo de explosión de una caldera, se la apaga y enfría con agua. Otro método de extinción es dejar al incendio sin combustible; es lo que hace una parte de la dotación, al retirar lo que aún no se ha quemado mientras sus compañeros procuran apagar lo que está ardiendo. Otra extinción por separación es la apertura de callejones en los incendios forestales, para evitar que lo aún no incendiado sirva de combustible al crecimiento del fuego. En esta tarea suelen participar también vecinos y personal oficial que no es bombero pero que puede abrir picadas en el monte y hacer los caminos que cortarán el fuego.

En el remedio Ampisunaas amorani, Don Sixto dice que hay temperatura alta en el cuerpo de la paciente. Una de las manifestaciones de las infecciones suele ser la fiebre. Si tenemos mucha gente afectada, estamos igual que ante un gran incendio. Es necesaria la acción de los especialistas para curar a los afectados, pero sería mejor si dejamos al incendio sin combustible.

Los seres humanos tenemos la posibilidad de desplazarnos, distinto a los árboles y otras plantas del monte, las que irremediablemente serán alcanzadas si la epidemia de fuego viene hacia ellos.

Ante una desgracia, los humanos podemos optar entre ayudar o dar lugar a los que saben ayudar. En estos días en que nos enfrentamos a una enfermedad que avanza como un gran incendio, lo que podemos hacer los habitantes que no tenemos un puesto de lucha contra ese mal, es ayudar apartándonos, dejando un espacio suficiente entre nosotros y el mal que viene en busca de más gente.

Podemos ayudar a parar la pandemia quedándonos en nuestra casa. Así ayudaremos a extinguir este gran incendio.


24 de Marzo de 2.020.

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