Por Crístian Ramón Verduc
14/04/2020
“Canta como los dioses”

Dicen algunas personas como elogio para alguien a quien consideran cantante excepcional. No sólo en las artes, sino también en muchos otros aspectos de la vida, tenemos la tendencia a decir lo que pensamos como si ese pensamiento fuese un juicio inapelable. Cuando algo nos agrada, consideramos que es algo que está bien, mientras que si ese mismo “algo” no es del gusto de otras personas, esas personas pueden decir que está mal, iniciando así una interminable discusión por la diferencia de juicios, cuando en realidad se está hablando de gustos y puntos de vista.

“Canta como los dioses”, suele ser el elogio considerado supremo, pues los dioses cantan… ¿Cómo cantan los dioses? ¿Quiénes son esos dioses?

En la cultura criolla creemos en un Dios único y verdadero. El cristianismo ha llegado desde Europa con la conquista de América y ha quedado arraigado en el pueblo. Anterior a ello, las culturas americanas prehispánicas tenían sus creencias y prácticas religiosas, a las que los conquistadores procuraron eliminar para imponer la que ellos consideraban la religión verdadera, cuya imposición salvaría las almas del mundo. Pese a la conquista, parte de las antiguas creencias sobrevivieron, como también algunas creencias anteriores al cristianismo aún seguían en la cultura de los conquistadores.

Cuentan que los Incas honraban a una cantidad de divinidades que regían la Naturaleza. Al expandir su territorio y su cultura, respetaron las creencias religiosas locales de los pueblos que unían a su sistema de vida. A los cronistas y sacerdotes españoles les resultó difícil interpretar las creencias religiosas del Tahuantinsuyu, por eso algunas descripciones de las mismas nos recuerdan a la mitología griega, con los dioses del Olimpo que, en el fondo, parecían seres humanos con sus bondades y maldades. También la descripción de deidades mayores y menores nos lleva a recordar los dioses, semidioses y héroes griegos.

Hay diversas versiones respecto a cuál era la motivación de los europeos en su invasión a nuestro continente. Se habla de la ambición desmedida, del afán por gloria y honores, por aventuras, por evangelizar, etc. Seguramente hubo distintas motivaciones en quienes se aventuraron a cruzar el Océano Atlántico en barcos de madera impulsados a vela, confiados en la pericia de los navegantes, los cuales usaban aparatos que ahora los vemos como rudimentarios, para mantener el rumbo y calcular las distancias en las inmensidades marinas.  

El hecho es que, ya sea para imponer su religión, para obtener riquezas, para expandir el reino español o para lo que fuere, los españoles entraron en guerra contra la gente que ya vivía en el continente y que rechazaba la invasión.
En cuanto a religión, los españoles traían el catolicismo; además, su cultura estaba cargada de creencias recibidas de sus mayores, en las que convivían vestigios de la mitología griega, la mitología romana y tradiciones de la Península Ibérica.

Entre las creencias que parecen ser ibéricas está la de La Cueva de Salamanca. En estrecha relación con la Cueva de Salamanca, está la creencia de que existía una cabeza que hablaba. Esta cabeza parlante tendría antecedentes en las Cruzadas, que habrían llevado a Europa la idea de esa cabeza existente en tradiciones de Oriente Medio. Curiosamente, gente de nuestra campaña afirma haber visto a “la umita” (uma =cabeza) u oído sus gritos. En Cataluña (España) existe la antiquísima leyenda de la Muladona o Dona Mula (Mujer mula, en catalán), y en varios países latinoamericanos existen personajes míticos encarnados por una mula, como el almamula o mulánima en Argentina, la mula sin cabeza en Brasil, la condená en Chile, la Siguanaba con distintas variantes en Méjico. No está de más recordar que los equinos fueron introducidos en América por los europeos.

Los siglos de dominación europea no han conseguido hacer desaparecer totalmente los rasgos culturales anteriores a la conquista. Muchas costumbres y creencias antiguas aún existen, algunas de ellas adaptadas a nuestra condición de pueblo mestizo que “desciende de Los Andes y de los barcos”. También hay prácticas y símbolos creados después de la conquista y posiblemente después de la Independencia, con la intención de revalorizar a nuestros mayores anteriores a la llegada de los europeos.

Entre los pobladores de nuestro país hay quienes pueden decir “ellos los europeos”, también quienes suelen decir “ellos, los indígenas”, pero hay una gran mayoría que podemos decir y muy bien dicho estaría: “Nosotros, los criollos, nosotros los mestizos”; en definitiva: “Nosotros, el producto del llamado Crisol de razas”.

En la cultura criolla prevalece la religión monoteísta, la búsqueda de la democracia y de la igualdad de derechos. Pese a esas búsquedas enunciadas, perviven en nosotros mentalidades monárquicas y politeístas, capaces de crear reyes y dinastías, de endiosar personas y de tratar de acceder a un grado de poder para imponer ideas por la fuerza.
Es necesario que trabajemos sobre los conceptos que proclamamos, recordando que nuestros mayores incaicos decían “Ama llulla” como rechazo a la mentira.

Seguramente, para lograr erradicar las prácticas que nos ponen de rodillas ante nuestras propias ambiciones declaradas u ocultas, habrá que hacer esfuerzos heroicos. Muchas cosas se pueden lograr, por no decir “todo”, con buena voluntad y persistencia (Ama ckella, no tener pereza, no abandonar el esfuerzo). Con buena voluntad hacia el bien común, podemos conjurar las nuevas invasiones y descartar la entronización de personas que deberían ser tan serviciales como cada uno de nosotros, cada uno con su talento y sacando lo mejor de nuestro ser para bien de nosotros en conjunto y de quienes vienen después en el tiempo.

Actualmente, llamamos héroe a un ser humano como cualquiera de nosotros que ha logrado hacer algo formidable. Es muy bueno valorar el esfuerzo, la valentía y la dedicación. A veces hacen falta algunas exageraciones en los elogios para captar la atención de los demás, pero finalmente las ponderaciones no deben pasar a ser parte del relato histórico, por que estaríamos falseando la realidad.
               
Cada uno con su creencia en Dios o dioses, con sus aspiraciones personales o grupales, pero todos procurando el bien para nuestro país y su cultura criolla; así podríamos andar muy bien, “como la gente”.

14 de Abril de 2.020.

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