Por Crístian Ramón Verduc
18/08/2020
¡Qué triste debe ser llegar a viejo, con el alma y las manos sin gastar!...

“¡Qué triste debe ser llegar a viejo, con el alma y las manos sin gastar! ¡Qué triste integridad la del pellejo del que nunca se jugó por los demás!” La poesía del Padre Julián Zini ha sido generalmente crítica contra las malas actitudes y de exhortación para volver hacia el bien. 

“…fuimos todos amados y vinimos al mundo por amor, y fuimos no sé cuántas, quien sabe cuántas veces perdonados, traídos hacia el bien, y así nacimos y crecimos, y vivimos siempre queriendo ser hermanos, que es un modo de ser.”

La obra artística del Padre Zini ha marchado a la par de la obra pastoral durante toda su vida. Por momentos, se percibía que estaba recitando y predicando al mismo tiempo. Sus escritos, recitados y canciones son llamados de amor: Amor a Dios, amor a la Patria, amor a la honestidad, amor al prójimo. 

Antes de la llegada de los españoles a nuestro continente, los pueblos que lo habitaban se comunicaban entre ellos, a veces en forma pacífica y a veces con fuertes disputas por territorios. Grandes grupos humanos iban y venían, respondiendo a necesidades comunitarias que dejaban de ser satisfechas en una zona y se veían promisorias en otros lugares. Por más que intentaban ser sedentarios, no siempre podían quedar en un lugar por mucho tiempo. 
Dicen que El Noreste del territorio que ahora es Santiago del Estero fue habitado por pueblos guaraníticos, los mismos que poblaban la actual provincia del Chaco. Con la llegada de los españoles, el habla quichua se hizo fuerte en la franja cercana a los ríos Dulce y Salado, formando lo que el Profesor Domingo Bravo llamó “Mesopotamia Lingüística”.  
Dice el Profesor Bravo que hablantes del ‘runa simi llegaron en gran cantidad desde el actual Perú como servidores de los europeos. Seguramente esos servidores fueron los que mejor se entendieron con los pobladores locales por afinidades en el habla. Además, los sacerdotes habían tenido que aprender el idioma del Tahuantinsuyu para predicar a la población de toda esa vasta región. Así es como el quichua se asentó firmemente en nuestra provincia. Se hablaba quichua en todo el Noroeste Argentino, pero por alguna razón, en los últimos dos siglos ha ido perdiéndose en el habla cotidiana de las otras provincias y quedando en nombres de lugar, como testimonio de su antigua presencia. 

Cuando en el siglo veinte, el santiagueño andariego fue a buscar trabajo en los algodonales del Chaco, convivió con gente de esa provincia y de otras, lo que ocurría también en otros lugares a donde iba por las mismas razones. Esa parte de nuestro pueblo, al encontrarse con el pueblo guaraní que ya había desarrollado la música y danza del chamamé, trajo a su pago ese baile popular de pareja enlazada, distinto a lo que teníamos en Santiago.  

El pueblo litoraleño, bajo influencia cultural de las misiones jesuíticas, conservó el habla guaraní o avá ñeé, en gran parte influido por la cercanía del Paraguay, cuyo pueblo habla el guaraní en forma cotidiana, esté donde esté. Corrientes es una provincia bilingüe, donde se puede escuchar a una parte de la población hablando indistintamente en guaraní o en castellano. Para el pueblo correntino, el chamamé es parte de su vida, la música del chamamé y el habla guaraní son la base de su identidad provinciana. 

No sólo en los algodonales chaqueños, sino también en las fábricas, obras de construcción y otros lugares de trabajo de Buenos Aires, santiagueños y correntinos se encontraron procurando salir adelante en la vida, empujando con la fuerza de su trabajo. En ese querer ir hacia adelante, más de una vez habrán encontrado el parecido sonoro entre la palabra quichua ñaucke y su similar guaraní neike (adelante).  

Al compartir bailantas y encuentros musicales de fin de semana, el correntino habrá sabido decir al santiagueño: “No chamigo, así no es el chamamé; te sale parecido pero no es así”. La expresión “chamigo” puede ser afectuosa, perentoria o desafiante, según el tono y el contexto; es una contracción de “che amigo” que se puede traducir como “mi amigo”. La palabra “che”, entre los pueblos patagónicos significa “gente” (mapuche, gente de la tierra) y entre los pueblos guaraníes equivale a mi. En Buenos Aires y prácticamente todo el país que no sea Patagonia o Litoral Fluvial, che es una expresión coloquial, de confianza, que se agrega para rematar una frase (¿En serio, che?). 

El Padre Julián Zini, patriota argentino nacido en la provincia de Corrientes, dedicó su vida a predicar hablando y cantando en castellano y guaraní. El pueblo santiagueño, al igual que el de todo el país, aprendió a admirarlo por sus creaciones como: Perdón, mi General, dedicada al Padre de la Patria. Compadre ¿Qué tiene el vino? Es una prédica contra las injusticias y el alcoholismo, al tiempo que hace notar los valores humanos. Avío del alma es una exaltación de los valores humanos y del desarraigo obligado del provinciano que debe emigrar en busca de trabajo. Chamamecero es un justiciero homenaje a los músicos y al chamamé mismo. 

El Padre Zini había nacido en la provincia de Corrientes, se había ordenado sacerdote y también dedicado a la difusión de los valores humanos con el canto y la poesía. Para ello contaba inicialmente con un grupo de amigos musiqueros con los que formó un conjunto que actuaba donde los llamasen o donde fuera aceptado su ofrecimiento para compartir su novedosa forma de sembrar conciencia cristiana y patriótica. De ese grupo musiquero que llegó a actuar en el festival de Cosquín, surgieron luego Los de Imaguaré y el Grupo Reencuentro, cultores de la poesía del Padre Zini. Tiempo después, el Padre Julián formó su propio grupo musical, llamado Neike chamigo.  

Hace pocas semanas, llegó a Santiago del Estero la noticia de que el poeta, escritor, cantor, recitador y sobre todo predicador Julián Gerónimo Zini estaba internado en un centro de salud de su provincia, con un pronóstico poco alentador. Los santiagueños que admiramos su arte hemos dicho: “Ñauckeman, yanásuy (Hacia adelante, mi amigo), tiene que curarse para seguir enseñándonos”.  

El Domingo al anochecer, llegó desde Corrientes la triste noticia de que el Padre Julián Zini había fallecido a la edad de ochenta años. Más de un santiagueño, como quien ahoga un llanto, volvió a sentenciar: “Hasta siempre, chamigo”. 
La brisa del Noreste, que a esa hora estaba calmando, pareció responder: “Por el río me voy, con la lluvia vendré”.  

18 de Agosto de 2.020.

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