Por Crístian Ramón Verduc
08/09/2020
“Dejar un rastro en la vida, son pretensiones del hombre”.

Así dice Elpidio Herrera en su chacarera La Filosófica. Es muy posible que haya pocas personas que quieran pasar por la vida “sin pena ni gloria”, sin hacerse notar por algo. Un ejemplo de esta actitud que sería llamada “de perfil bajo”, es también la del Viejo Vizcacha en La Vuelta de Martín Fierro; claro que él no quiere hacerse notar por que le conviene obrar desde las sombras. Sus consejos para sobrevivir, basados en la picardía y la falta de escrúpulos, son transmitidos en diálogo “mano a mano” con quien calcula que podría ser el receptor adecuado.

Cuando uno hace algo que considera bueno, quiere darlo a conocer. Esta “publicidad de los actos” puede deberse a distintos motivos: Uno, podría ser el deseo de que alguien imite su acción o, mejor aún, que ese alguien busque la manera de producir una mejor versión de lo ya hecho. Otro motivo para exponer lo que uno hace, puede ser el orgullo que se siente ante un logro. Exagerando un poco, ese orgullo podría considerarse vanidad y deseos de mostrarse a sí mismo más que a sus logros. “Hay de todo en la viña del Señor”. 

Cuando una persona hace algo excepcionalmente bueno y constructivo, puede dar a conocer el hecho por varios motivos: Uno puede ser para que quienes quieran saber más sobre el hecho puedan consultar directamente en la persona o grupo responsable de tal logro. No olvidemos que cualquier logro, por bueno que nos parezca, puede ser objeto de reclamos o sugerencias por parte de alguien. 

Si por modestia, el autor del logro deja que la gente disfrute de lo realizado sin saber quién lo hizo, también puede ser una actitud válida, pues interesa más tener un bien disponible que saber quién obtuvo y compartió ese bien. Sería comprensible la actitud modesta del autor de la obra, pero ya sea que alguien más se adjudique la obra o que tal autor quede como “anónimo”, la verdad histórica quedará lesionada o incompleta. 

Si alguien inventa algo material o inmaterial, los beneficios de ese algo deberían ser compartidos con toda la gente, no sólo por que es una buena noticia, sino también por que ello contribuiría al bienestar general. No olvidemos que cuando el prójimo está bien, su relación con nosotros es agradable. 

Si alguien inventa, por ejemplo, un aparato para obtener electricidad de un modo práctico y gratuito, sería bueno dar a conocer el logro y compartirlo. Si lo pone en venta a un precio razonable hará un buen negocio, con el riesgo latente del robo. Si lo regala, todos estarán favorecidos, calmos y agradecidos. Si aprovecha el invento para sí mismo solamente, vivirá con la preocupación de que en cualquier momento alguien descubrirá su secreto y será tildado de egoísta. 

Si alguien inventa una canción y la canta para que todos la escuchen, todos disfrutarán de una melodía que hasta entonces no conocían y elogiarán al autor, con riesgo de que otra persona se adjudique la autoría, lo que podría generar conflictos y dudas respecto a quién dice la verdad y quién llullas tían (está mintiendo). 

A lo largo del devenir histórico de la Humanidad hubo muchos casos de creaciones anónimas y de conflictos por autorías. Por ejemplo, no se sabe quién o quiénes idearon el uso de la rueda, que tantos beneficios trajo a la Humanidad. Tampoco se sabe quiénes descubrieron las ventajas de aplicar algún tipo de palanca. Son beneficios que recibimos desde hace siglos sin saber quiénes ni cómo descubrieron e idearon tales aplicaciones de elementos que están a mano en la Naturaleza o que podemos prepararlos nosotros mismos.  

Algo parecido ocurrió con una serie de creaciones artísticas en las culturas de todo el mundo. Hay canciones, coplas, obras poéticas, cuentos, esculturas y otras expresiones que pasaron a ser parte del saber del pueblo sin conocer a sus creadores. Es lo que en inglés se llamó folklore y que muchos cultores criollos llaman arte nativo. 

Existen ideas que han sido o que son directamente llevadas a la práctica, ejecutándolas para bien de algunos o de todos, sin valorar en ese momento el valor del logro que está poniéndose al servicio de la comunidad. Pasado un tiempo, alguien percibe que esa creación beneficiosa está disponible desde un cierto tiempo atrás y que antes no estaba. Los curiosos tratarán de saber la verdad de su origen, pues no puede haber aparecido de la nada.

La persona curiosa suele buscar la verdad, el origen de cada cosa, aunque sea por el sólo hecho de saber, por amor al conocimiento y para que haya un panorama real del desarrollo de los hechos que nos interesan. Es la búsqueda de la verdad en nombre de la justicia, del conceder a cada uno lo que le corresponde. 

Con los progresos logrados por la civilización, ha sido posible dejar escritas las circunstancias de determinados hechos históricos, con la desventaja de que quien escribe puede ser guiado por su propia visión de la realidad, pero por lo menos ya pasamos a tener una versión de los hechos y muchas veces, un registro nos da una idea de qué es lo que ocurrió y de la tendencia de la persona que registró el hecho. Muchas veces, un relator interesado, queriendo torcer la realidad hacia un lado, nos está dando las pistas para saber la realidad que ese relator quería ocultar. 

Actualmente hay organismos dedicados al registro de propiedades intelectuales y autorías. Uno puede también hacer sus propios registros escritos, sonoros o audiovisuales, en los que dejará disponible a la comunidad su versión de los hechos, quedando así expuestas sus verdades o sus mentiras.  

Con los medios disponibles a esta altura del devenir histórico, uno puede divulgar sus logros por diversos medios y también puede resguardar la autoría de sus creaciones. El margen para la información falsa se achica con la divulgación. Está en cada uno decidir si se expone a sí mismo y sus obras o si prefiere guardar todo con riesgo de pérdida o robo. 

Está en la intimidad de cada uno el saber si se expone por vanidad, por búsqueda de aprecio, por hacer honor a la verdad o por cualquier otro motivo. Del mismo modo, es una cuestión de conciencia la decisión de no exponer lo suyo, y es muy propio de cada persona el saber si esa actitud es motivada por la timidez, la modestia, la falsa modestia o cualquier otra circunstancia personal.     

Mostrar o no mostrar; mostrarse o no mostrarse, son decisiones de cada uno. Lo verdaderamente valioso es el comprender la actitud ajena y ser auténtico con la propia.  

08 de Septiembre de 2.020.

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