Por Crístian Ramón Verduc
26/01/2021
“Esto no nos han enseñado en la escuela”

Es el título de algunas publicaciones que aparecen en redes sociales de Internet, anunciando en algunos casos textos que sí enseñaban en la época escolar de quienes publican, o el resultado de una modificación de lo enseñado por los docentes; en ocasiones lo que se ve es una versión descabellada de lo que enseñan en las escuelas. Muy de tanto en tanto aparece algo útil y novedoso, algo de lo que uno va aprendiendo en las andanzas por la vida.  

Muchas cosas no nos han enseñado en la escuela, simplemente porque las hemos aprendido en la casa, más o menos al mismo tiempo que cuando hemos aprendido a hablar, a usar los cubiertos para comer, a saludar cuando llegamos, cuando alguien llega, cuando nos retiramos, cuando alguien se retira… chayta (eso). Hay muchas otras cosas que no nos han enseñado en la escuela por que el tiempo de actividad escolar es, como cualquier otro tiempo humano, limitado. 

“Esto no nos han enseñado en la escuela” aparece con tal frecuencia que parece ser una campaña. Es muy lindo cuando hay campañas de concientización sobre algo necesario; por ejemplo, una campaña para que por fin se haga el uso adecuado de los recipientes para residuos, o campañas para mejorar nuestra ortografía, o campañas sobre soberanía nacional, etc.  

Es sajra (feo) cuando una campaña parece estar destinada a desprestigiar uno de los pilares de nuestra cultura como lo es la escuela, con todo lo que ello implica. Si por fin los padres de alumnos decidimos interesarnos por la escuela, seguramente lo que deberíamos hacer primero es informarnos de los problemas que tiene la escuela, el rendimiento escolar de nuestros hijos y las posibles soluciones para ello. No estaría de más también procurar aprender lo que nos han enseñado en la escuela pero no habíamos asimilado. 

En los últimos meses estamos asistiendo a una campaña para hacernos saber que el General Don José de San Martín tenía defectos humanos, cosa que “no nos han enseñado en la escuela”. Es verdad, en la escuela se han ocupado de enseñarnos los grandes logros de la gente que hizo del Virreynato del Río de la Plata una república llamada Argentina. Nos han enseñado que hubo una campaña libertadora encabezada por el General San Martín, en la que ha participado una gran cantidad de gente, nos han hablado del sacrificio del pueblo, de los soldados surgidos de ese mismo pueblo, etc. Pero no nos han hecho quedar después de hora o no nos han llamado en las vacaciones para enseñarnos que todos ellos eran humanos como nosotros. ¿Habrán pensado que eso lo deduciría la parte inteligente de nuestra condición humana? 

La escuela es fundamental para el aprendizaje, pero es solamente el comienzo del aprendizaje que debemos hacer durante nuestra vida. Si queremos estudiar determinada parte de la historia de la humanidad, encontraremos abundante material de estudio disponible, en el que está lo que los estudiosos publicaron de lo que consiguieron averiguar. Si pretendemos saber “todo”, incluidos detalles que hacen a la vida íntima de cada protagonista de los diferentes hechos históricos, probablemente en algún momento vamos entender que hay tareas que aún no están al alcance de un ser humano.  

Si quisiéramos saber “todo” sobre la vida de uno de los próceres históricos, pronto llegaríamos a entender que no alcanza la vida de una persona para aprender los detalles de la vida de otra, sea quien fuere. Por ello es que cada tanto nos “sorprenden” con detalles íntimos, probables o inventados, de las personas notables a las que se quiera ensalzar o descalificar. 

En los distintos niveles escolares nos han enseñado que José de San Martín ha nacido en Yapeyú, provincia de Corrientes, que su padre era un militar español, que su madre también era española, que cuando tenía once años de edad había ingresado a la carrera militar en España, que había combatido por primera vez en la zona norte de África, que había regresado a nuestro país con el grado de Teniente Coronel para unirse a la campaña libertadora, que había decidido cruzar la Cordillera de los Andes con un gran ejército, expulsar a las fuerzas realistas de Chile y luego hacer lo mismo en el Perú, capital continental del sistema colonial español, pues la campaña del Alto Perú, avanzando hacia la actual Bolivia desde el sur era prácticamente imposible.  

En la escuela nos han enseñado la vida de los próceres y sus logros, primero a grandes rasgos y luego acrecentando detalles a medida que avanzábamos en los distintos niveles de estudios, hasta que llegó nuestro egreso, comienzo de la vida laboral y posterior descubrimiento de lo que “no nos enseñaron en la escuela”, como si la escuela fuese culpable por lo breves que son los tiempos humanos.  

Hace 203 años, el General San Martín comandaba una formidable fuerza militar que cruzaba la Cordillera de los Andes hacia Chile, alcanzando en su marcha altitudes en las que se sufre la escasa oxigenación del organismo por la escasa presión atmosférica. La organización, coordinación y concreción de una marcha de tres semanas transportando pesados cañones, armamento menor, víveres, puentes colgantes de campaña y todo lo necesario para poder llegar en condiciones de combatir contra un adversario poderoso, requería un trabajo de equipo en el que hubo grandes líderes cuyos nombres nos fueron enseñados en la escuela: Bernardo O’Higgins, Estanislao Soler, Mariano Necochea, Juan Gregorio de Las Heras, Enrique Martínez, Ramón Freire, José Álvarez Condarco, Fray Luis Beltrán... 

El estratega mayor, jefe del Ejército de Los Andes, era el General Don José de San Martín, quien se había preparado durante toda la vida para esos emprendimientos supremos. En algún momento de la vida hemos aprendido que el General San Martín es reconocido no sólo en Argentina, Chile y Perú, sino también en muchos otros países del mundo. Puede ser que nos han enseñado en la escuela, o puede ser que lo hemos aprendido después, por voluntad de aprender. 

Cada cual tenemos nuestras virtudes y defectos, logramos pequeñas o grandes hazañas y cometemos pequeños o grandes errores. Es algo tan obvio que comenzamos a deducirlo sin que los maestros de la escuela deban incluirlo en sus programas de enseñanza.  

26 de Enero de 2.021.

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