Por Crístian Ramón Verduc
14/06/2022
¡Feliz día del escritor!

El saludo a quienes escriben y publican se repetía ayer en las redes sociales y seguramente también en mensajes privados por teléfono. También hubo un encuentro de escritores en la casa de Leopoldo Lugones, en Villa de María del Río Seco, provincia de Córdoba. 

Leopoldo Lugones nació el 13 de junio de 1874 en el pueblo del Norte de la provincia de Córdoba. Cuentan que su padre, regresando de Buenos Aires a Santiago del Estero, durante una parada en Villa de María del Río Seco, conoció a la que sería su esposa, después madre del escritor y de otros tres hijos. Los dos primeros hijos nacieron en ese lugar que por entonces no estaba determinado si era Norte cordobés o Sur santiagueño; los dos más chicos nacieron en Ojo de Agua. 

Cuando Leopoldo Lugones tenía seis años de edad, su familia se trasladó a la ciudad de Santiago del Estero y después fue a vivir en Ojo de Agua, hoy última ciudad santiagueña hacia Córdoba por la ruta nacional 9. Ojo de Agua es una linda villa serrana que ha crecido hasta ser declarada ciudad. La ciudad misma tiene sus encantos; da gusto transitar sus calles, quedar en ella un par de días para gozar de su clima, su ambiente amable y su gastronomía criolla.

También es una buena elección para el paseante ir hacia pasear por las serranías que están al Oeste de la ciudad, del otro lado de la ruta, o visitar Cantamampa, un lugar paradisíaco a orillas del arroyo, entre las pequeñas elevaciones serranas, apenas a una legua de la ciudad.  

Desde Ojo de Agua se puede hacer un paseo de unos 15 kilómetros hasta el arroyo El Cajón, muy bonito, con cascaditas y lugares óptimos para los bañistas veraniegos. También podemos ir hacia el Noreste por la ruta provincial 13. Después de recorrer casi 30 kilómetros, gran parte de los cuales son de serranías, llegaremos a la histórica Sumampa, también de singular belleza. 

Leopoldo Lugones pasó parte de su infancia en Ojo de Agua, hasta que fue enviado a estudiar el bachillerato en el Colegio Nacional de Monserrat, en la ciudad de Córdoba, poco más de 200 kilómetros al Sur de Ojo de Agua. Pocos años después, toda la familia fue a vivir en Córdoba, donde Leopoldo comenzó su actividad en el periodismo, en la literatura y en la política. 

En Buenos Aires, Lugones siguió publicando sus obras poéticas y sus otros libros. En la actividad política, tuvo cambios de rumbo según iba aprendiendo, conociendo gente y pensamientos que seguramente consideraría superadores de lo anterior. Dio conferencias sobre la identidad nacional, teniendo entre sus oyentes a personas de gran prestigio en ese tiempo. Fue nombrado director de la Biblioteca Nacional de Maestros, cargo que ejercería por el resto de su vida. Recibió el Premio Nacional de Literatura en 1924 y presidió la Sociedad Argentina de Escritores a partir de 1928.   

Por lo que parece, Lugones no se entregaba “de cuerpo y alma” a los movimientos a los que adhería. Aparentemente, aceptaba lo que consideraba valioso de cada uno y rechazaba lo que le parecía debía cambiarse. Esa “falta de fidelidad” le es reprochada al gran escritor hasta hoy por personas que parecen buscar al ser humano perfecto entre los que no son decididamente sus cercanos. Es comprensible esa actitud indulgente hacia los propios e intolerante contra nuestros enemigos, aún cuendo esos enemigos jamás se enterarían de nuestro sentimiento. Es comprensible, pero sería bueno superar la costumbre de postergar las ideas y enseñanzas que se pueden tomar de quienes no nos caen bien. 

Estando en un aparente estado depresivo, Leopoldo Lugones se suicidó el 18 de Febrero de 1938 en San Fernando, provincia de Buenos Aires. Poco antes se había declarado reconciliado con la religión católica, después de algunas décadas en que había criticado al cristianismo. Sus restos fueron traídos a Villa de María del Río Seco, donde su casa natal es visitada por amantes de las letras y, además, es lugar de encuentros, especialmente en el Día del Escritor.  
En homenaje al natalicio de Leopoldo Lugones y su prolífica obra literaria, la Sociedad Argentina de Escritores dispuso que cada 13 de Junio sea el Día del Escritor en nuestro país. En la ciudad de Córdoba, una vía de tránsito muy importante es la avenida Poeta Leopoldo Lugones, que pasa muy cerca de la terminal de ómnibus, como para recordarnos a los viajeros que llegamos a esa ciudad, nuestra relación con el gran escritor. 

La palabra escribiente es el participio activo del verbo escribir. Por lo tanto, toda persona que escribe algo sería escribiente, pero tal palabra ha sido destinada a las personas que tienen por oficio el escribir, ya sea copiando o al dictado. Podríamos tomar la palabra “escritor” como un adjetivo calificativo indicador de que alguien escribe mucho y con dedicación, como cuando decimos que alguien es caminador por que hace caminatas, o es trabajador por su dedicación al trabajo, pero la palabra “escritor” ha sido destinada a definir a la persona que se dedica a escribir obras literarias. 

Se podrá escribir mucho, debatiendo sobre la validez de la palabra “escritor”, se podrá seguir escribiendo y hablando sobre las imperfecciones humanas de Leopoldo Lugones, pero no se puede negar la grandeza literaria del gran poeta. En todo caso, podríamos seguir buscando al ser humano perfecto, tarea que seguramente nos llevaría toda la vida, posiblemente sin éxito. 

Leopoldo Lugones nació en la provincia de Córdoba, creció un tiempo en la ciudad de Santiago del Estero, luego en Ojo de Agua, después en la ciudad de Córdoba y más adelante en la ciudad de Buenos Aires, siempre creciendo y, de algún modo, compartiendo ese crecimiento con sus lectores. 

Valga este pequeño escrito como un homenaje a Leopoldo Lugones y toda persona que escribe para compartir sus conocimientos y sentimientos.    

14 de Junio de 2022.
 

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